Australia rompe relaciones con Irán bajo acusaciones de orquestar ataques antisemitas
Australia ha dado un giro decisivo en su política exterior al responsabilizar directamente a Irán de una oleada de ataques antisemitas registrados en su territorio a finales de 2024 y principios de 2025. El primer ministro, Anthony Albanese, anunció la expulsión del embajador iraní y de otros tres diplomáticos, tras recibir un informe de la agencia de inteligencia nacional (ASIO) que vincula a la Guardia Revolucionaria Islámica con al menos dos atentados: el incendio de un restaurante kosher en Sídney y el ataque a una sinagoga en Melbourne.
“Fueron actos de agresión extraordinarios y peligrosos, orquestados por una nación extranjera en suelo australiano”, declaró Albanese al confirmar la decisión. El mandatario aseguró que el objetivo de Teherán había sido “dañar y aterrorizar a los judíos australianos, y sembrar el odio y la división en nuestra comunidad”.
La ministra de Exteriores, Penny Wong, destacó la gravedad de la medida: “Esta es la primera vez que Australia expulsa a un embajador desde la II Guerra Mundial”. Wong añadió que la embajada australiana en Teherán fue cerrada de inmediato y que sus funcionarios ya habían abandonado el país.
Una alerta para los australianos en Irán señaló el cierre de la embajada y les instó a “considerar seriamente salir lo antes posible, si es seguro hacerlo”. “Los extranjeros en Irán, incluidos los australianos y los ciudadanos australianos-iraníes, corren un alto riesgo de detención o arresto arbitrario”, indicaba la advertencia. Paralelamente, el Ejecutivo elevó el nivel de advertencia sobre Irán al más alto nivel: “no viajar”.
La investigación de la ASIO señaló que los ataques fueron ejecutados mediante una red de intermediarios, lo que dificultó su atribución inmediata. Según el director de la agencia, Mike Burgess, la operación también involucró a grupos criminales extranjeros, aunque evitó dar más detalles. La presión política interna llevó al Gobierno a anunciar que impulsará legislación para incluir a la Guardia Revolucionaria en la lista nacional de organizaciones terroristas, un paso que hasta ahora había rechazado por tratarse de un ente estatal iraní.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, calificó a Albanese de ser un “político débil” y negó cualquier implicación de su país. En declaraciones difundidas en la red X, acusó a Canberra de “pagar el precio por el apoyo de su pueblo a Palestina” y advirtió de que “ningún intento de apaciguar a un régimen de criminales de guerra tendrá éxito”.
La crisis diplomática se enmarca en un contexto de tensiones acumuladas entre Australia e Israel. Hace apenas unas semanas, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, acusó a Albanese de ser “un político débil que ha traicionado a Israel” después de que Canberra, junto con Londres, París y Ottawa, anunciara que reconocerá al Estado palestino en la próxima Asamblea General de Naciones Unidas. Según Netanyahu, la decisión de Australia ha “empañado para siempre” la reputación del mandatario laborista.
Albanese respondió restando importancia al comentario, pero el choque se intensificó cuando su ministro del Interior, Tony Burke, replicó que “la fuerza no se mide por cuántas personas puede reventar ni cuántos niños puede dejar con hambre”, en clara referencia a la ofensiva israelí en Gaza. Además, el Gobierno australiano canceló el visado del parlamentario israelí Simcha Rothman, una de las voces más duras del bloque de Netanyahu, quien tenía previsto dar conferencias en el país.
Los ataques antisemitas, que incluyeron también la vandalización de oficinas políticas, pintadas, incendios de vehículos y amenazas contra instituciones judías, habían generado una fuerte inquietud durante la última campaña electoral en Australia, resuelta con la reelección de Albanese y la consolidación de la mayoría progresista. El Ejecutivo, presionado por la comunidad judía local y por la opinión pública de una sociedad que no había visto tales niveles de violencia organizada, ha presentado su respuesta como un acto de firmeza frente a la injerencia extranjera.
“Mantener a los australianos a salvo es nuestra prioridad número uno. No cabe duda de que estos extraordinarios y peligrosos actos de agresión, orquestados por una nación extranjera en suelo australiano, han traspasado los límites”, declaró la ministra Wong
Por su parte, el Consejo Ejecutivo de Judíos Australianos celebró la decisión de designar a la Guardia Revolucionaria como organización terrorista y se declaró “indignado” por la confirmación de que “un actor extranjero estaba detrás de los crímenes”. En paralelo, la embajada israelí en Canberra calificó la medida de “fuerte e importante” y subrayó que “el régimen de Irán no solo es una amenaza para los judíos o para Israel, sino que pone en peligro a todo el mundo libre”.
Australia, un país multiculturalmente tolerante y tradicionalmente alineado con Occidente, se enfrenta ahora a un nuevo escenario marcado por la ruptura con Irán y un choque frontal con el Gobierno de Netanyahu. La simultaneidad de ambos conflictos refleja un cambio en la posición australiana respecto a Oriente Próximo, donde Albanese busca equilibrar su compromiso con la seguridad de la comunidad judía y el reconocimiento político de Palestina en el ámbito internacional. @mundiario


