La amenaza rusa y el rearme sueco: ¿por qué Suecia vuelve al gasto militar de la Guerra Fría?

Ante la creciente tensión con Rusia y la incertidumbre sobre el compromiso de EE UU con la defensa europea, Estocolmo ha decidido aumentar la inversión en defensa hasta el 3,5 % del PIB, una medida histórica para un país tradicionalmente neutral.
Ulf Kristersson, primer ministro de Suecia. / Consejo Europeo
Ulf Kristersson, primer ministro de Suecia. / Consejo Europeo

El reciente anuncio del Gobierno sueco de elevar su gasto en defensa hasta el 3,5 % del PIB para 2030, un nivel no visto desde los años más intensos de la Guerra Fría, marca un cambio radical en la política de seguridad del país nórdico. Esta decisión no es aislada ni meramente presupuestaria: es una respuesta directa y estratégica a un entorno geopolítico cada vez más hostil, dominado por la sombra de una Rusia cada vez más agresiva y por la incertidumbre de la continuidad del respaldo estadounidense a Europa.

Tras abandonar más de 200 años de neutralidad con su reciente ingreso en la OTAN, Suecia se ha situado de lleno en el eje occidental de defensa colectiva. Pero ese movimiento, aunque respaldado por un amplio consenso político interno, no garantiza seguridad absoluta. La invasión rusa de Ucrania, las repetidas maniobras militares en el mar Báltico y el incremento de las "amenazas híbridas" de parte de Moscú han empujado al país a acelerar su rearme para defender su soberanía.

No es casual que el primer ministro Ulf Kristersson haya solicitado recientemente que la OTAN eleve su objetivo mínimo de gasto en defensa del 2 % actual al 3,5 %. Esta propuesta no solo pretende reforzar la capacidad militar de Europa, sino también lanzar un mensaje claro: los europeos deben prepararse para defenderse por sí mismos si Estados Unidos reduce su implicación en la seguridad del continente, como han sugerido las declaraciones del presidente Donald Trump y su vicepresidente J.D Vance.

"No es del interés de Europa, y no es del interés de Estados Unidos, que Europa sea un vasallo permanente de seguridad de EE UU”, resaltó el número dos de la Casa Blanca durante una entrevista con el sitio web británico UnHerd.

El plan sueco incluye la compra inmediata de sistemas de defensa antiaérea, drones, artillería y munición por un valor de 2.300 millones de euros, que serán entregados en los próximos tres años. Además, se reforzarán las capacidades de la Guardia Costera en el mar Báltico y se crearán dos nuevas brigadas mecanizadas en el extremo norte del país, zonas de alta sensibilidad por su proximidad a Rusia y su importancia estratégica en el Ártico.

Suecia también se ha dotado de una estrategia financiera coherente con este salto militar. Con una deuda pública de apenas el 31 % del PIB (muy por debajo de la media de la UE), el Gobierno ha aprobado una financiación vía préstamos de 27.700 millones de euros durante la próxima década. Incluso ha relajado sus reglas fiscales, algo impensable hasta hace poco en un país conocido por su prudencia económica. Esto refleja una prioridad política clara: la defensa nacional no puede esperar.

En este contexto, es importante entender que el rearme sueco no es un gesto aislado o exagerado, sino una tendencia compartida por otros países del flanco este de la OTAN. Polonia, Estonia y Lituania ya han anunciado planes para alcanzar o superar el 5 % del PIB en gasto militar. El mensaje que recorre Europa del Este y el norte es el mismo: la amenaza rusa es real y persistente.

Sin embargo, esta apuesta por el rearme conlleva también riesgos y dilemas. Aumentar el gasto militar en un momento de estancamiento económico y tensión social puede generar críticas internas, sobre todo si los beneficios de esta inversión no se perciben claramente en el corto plazo. Además, depender excesivamente de un enfoque militar para la seguridad podría debilitar otras estrategias complementarias, como la diplomacia o la resiliencia social ante ataques híbridos y desinformación.

Sin embargo, el nuevo plan de defensa de Suecia es una reafirmación de su lugar en la comunidad atlántica, un llamado de atención a sus aliados europeos, y una advertencia a Moscú: Suecia está dispuesta a defender su soberanía y la estabilidad regional con todos los recursos necesarios. @mundiario

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