Ante la escalada de Rusia, la Unión Europea debe actuar con unidad y determinación

El Gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, ha extendido invitaciones a los líderes de Eslovaquia, un país de la UE, y de Serbia, que aspira a unirse al bloque comunitario, para asistir a su desfile del Día de la Victoria, mientras el ejército ruso intensifica sus ataques en Ucrania.
Kaja Kallas, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores. / Consejo Europeo
Kaja Kallas, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores. / Consejo Europeo

En un momento en que el conflicto en Ucrania continúa sumando víctimas civiles —como los más de 30 muertos en el reciente ataque ruso sobre la ciudad de Sumi—, la Unión Europea se dispone a endurecer su respuesta contra el Kremlin con un nuevo (decimoséptimo) paquete de sanciones, cuyo objetivo es aumentar al máximo la presión económica, política y diplomática sobre Moscú. 

Aunque el margen para nuevas medidas es cada vez más estrecho debido a las sanciones ya vigentes, la decisión refleja una realidad incontestable: Rusia no muestra voluntad de negociación ni respeto por los esfuerzos internacionales de paz.

La reunión de los ministros de Exteriores de la UE en Luxemburgo dejó clara la percepción compartida de que el Kremlin se burla abiertamente de la diplomacia. Varios responsables, como el polaco Radoslaw Sikorski o la austriaca Beate Meinl-Reisinger, denunciaron la falta absoluta de interés de Rusia en avanzar hacia un alto el fuego, señalando además que el tiempo que gana con la diplomacia lo está utilizando para reforzarse militarmente.

En este contexto, la alta representante para la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, ha insistido en que la única manera de sentar a Rusia en la mesa de negociaciones es mediante una presión intensificada. "Cualquier participación en los desfiles o celebraciones del 9 de mayo en Moscú no será tomada a la ligera por la parte europea, considerando que Rusia está librando una guerra a gran escala en Europa", dijo la estonia.

Este próximo paquete de sanciones, que podría estar listo para mediados de mayo, apunta a sectores clave como la flota fantasma rusa que esquiva restricciones petroleras y a nuevas sanciones sobre el gas, lo que aumentaría el coste económico de la guerra para Putin.

Pero las sanciones por sí solas no bastan. La UE debe garantizar una posición unificada, sin fisuras, que respalde tanto las sanciones como el apoyo militar a Ucrania. La ayuda europea en este ámbito ya supera los 23.000 millones de euros en 2025, una cifra superior al año pasado pero que sigue siendo insuficiente si se desea inclinar la balanza a favor de Kiev. La UE debe acelerar la entrega de proyectiles, recursos y sistemas defensivos, reforzando su compromiso con la integridad territorial de Ucrania.

La unidad europea también debe reflejarse en el plano simbólico y diplomático. La posibilidad de que representantes de algunos países europeos participen en el desfile militar del 9 de mayo en Moscú, mientras Rusia libra una guerra a gran escala, ha generado una fuerte preocupación. La presencia en ese acto de líderes como el serbio Aleksandar Vucic (cuyo país es candidato a la UE) o el eslovaco Robert Fico sería no solo un error de cálculo diplomático, sino una bofetada a la memoria de las víctimas ucranianas y a los esfuerzos comunes de la UE.

Frente a esta situación, propuestas como la de celebrar una reunión informal de ministros de Exteriores de la UE en Ucrania —concretamente en Lviv, el mismo 9 de mayo, Día de Europa—, resultan acertadas y simbólicamente poderosas. Sería una forma de mostrar claramente dónde se encuentra Europa en este conflicto: junto a la democracia, la soberanía y la legalidad internacional, no en Moscú.

A la par, Bruselas no pierde de vista otros escenarios donde se vulneran los derechos humanos, como Irán. El reciente acuerdo para sancionar a responsables iraníes por detenciones arbitrarias y torturas, incluyendo a autoridades penitenciarias y judiciales, demuestra que la UE también busca coherencia en su política exterior. Pero para que estas acciones tengan credibilidad, deben estar respaldadas por un compromiso claro y constante con los valores democráticos, sin excepciones geopolíticas.

La guerra de Ucrania no es solo una cuestión de política exterior; es un desafío existencial para la seguridad europea y el orden internacional. En ese sentido, la UE necesita más que nunca una estrategia clara, cohesionada y valiente, capaz de combinar presión económica, asistencia militar y unidad diplomática. Cualquier ambigüedad será aprovechada por el Kremlin. Cualquier división, magnificada por sus aliados.

Es hora de que Europa esté a la altura de sus principios. La paz no llegará por sí sola. Debe ser defendida —con convicción, con solidaridad, y sobre todo, con unidad.@mundiario

Comentarios