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MUNDIARIO

El pensamiento se hace cuerpo

Advertir al paciente del poder de sus pensamientos sobre su metabolismo, e instruirle en la influencia de su actitud en la evolución de su enfermedad deberían ser parte de la consulta de un médico. La actitud como tratamiento podría ser uno de los lemas que modernice la medicina.
El pensamiento se hace cuerpo
Hombre pensando. / Christopher Lemercier. / Unsplash
Hombre pensando. / Christopher Lemercier. / Unsplash

William James decía que la mejor arma contra el estrés es elegir un pensamiento frente a otro. Reconocer la influencia de los pensamientos sobre el organismo es el mejor pasaporte para viajar entre el cuerpo y la mente, dos países con una frontera imaginaria.

Hace unos diez años la universidad de Harvard publicó un artículo científico tan valiente como su título: la mente sobre la materia. En dicho estudio los investigadores de la prestigiosa universidad mostraban que la mente influye sobre la respuesta del cuerpo. En el experimento los voluntarios eran sometidos a una situación estresante. Algunos de ellos habían sido entrenados para saber gestionar el estrés mediante la regulación o control de sus pensamientos. Los demás se dejaban llevar por una tormenta de pensamientos negativos. El estudio mostraba que el cuerpo del primer grupo reacciona de forma diferente al estrés. Era una de las primeras evidencias (científicas) de la influencia de la mente sobre el cuerpo.

La semana pasada la misma universidad, Harvard, publicó otro estudio que va a en la misma línea. Dos grupos de personas con diabetes. Uno de los grupos bebe de un envase etiquetado como “libre de azúcar”, el otro grupo bebe de un envase etiquetado como “Alto contenido en azúcar”. Ambos envases contienen, por supuesto, la misma bebida con una cantidad de azúcar moderada. Se pretendía probar la influencia del pensamiento sobre el metabolismo. Aquellos que bebieron del envase etiquetado como alto contenido en azúcar generaron una concentración de glucosa en sangre estadísticamente superior a los que bebieron del envase etiquetado como libre de azúcar. Pero no sólo eso, sus niveles de glucosa se mantenían más altos hasta una hora después. El metabolismo responde más al pensamiento que a la química.

Los investigadores de este estudio finalizan con una llamada a programas psicológicos como complemento a los tratamientos para  personas con enfermedades crónicas. Dichas conclusiones son extensibles a cualquier tipo de alteración, crónica o temporal. Advertir al paciente del poder de sus pensamientos sobre su metabolismo, e instruirle en la influencia de su actitud en la evolución de su enfermedad deberían ser parte de la consulta de un médico. La actitud como tratamiento podría ser uno de los lemas que modernice la medicina, recuperando el papel de la conducta y por qué no del espíritu sobre lo orgánico. Desde los años sesenta en hospitales de Estados Unidos se documenta la influencia que tiene el optimismo y el trato humano del personal sanitario sobre la respuesta del cuerpo a un tratamiento. Hoy, este nuevo estudio de la universidad de Harvard nos recuerda que no podemos olvidar el papel de la mente en la clínica.

Pero no sólo en la clínica, no hace falta llegar a estados patológicos para dar cuenta de cómo el pensamiento se hace cuerpo. Igual que una persona diabética genera más glucosa si piensa que su bebida es rica en azúcar, cualquiera puede hacerlo. Los pensamientos negativos, que tanto se contagian estos días, también afectan a nuestros cuerpos de tal suerte que acostumbramos a las vísceras a trabajar bajo niveles de presión y estrés que a pesar de ser subclínicos siembran efectos para el futuro. Elegir un pensamiento frente a otro para mantener la salud.

Tendemos a separar el cuerpo de la mente, olvidando que los estados mentales siempre se acompañan de una respuesta corporal. Los pensamientos pueden ser pasajeros, pero parecen plantar semillas en la tierra del cuerpo cuyos frutos tarde o temprano recolectaremos. @mundiario