La envidia como emoción no es buena ni mala, la conducta sí

Famosa foto de Sophia Loren mirando a Jayne Mansfield con envidia.
Famosa foto de Sophia Loren mirando a Jayne Mansfield con envidia.
Sentir envidia no te hace mala persona. /  Crónicas honestas sobre la felicidad.
La envidia como emoción no es buena ni mala, la conducta sí

Si bien el duque y filósofo François de La Rochefoucauld era un agudo observador de la naturaleza humana, algunas veces, como aquella, se equivocaba torpemente. “La verdadera prueba de que se ha nacido con grandes cualidades estriba en haber nacido sin envidia”, lanzó en una de las tertulias sociales en las que entretenía a su audiencia a golpes de mordaces aforismos.

No por la aparente superioridad moral de su retórica o la inteligencia de su autor, una sentencia es necesariamente verdadera. 

Gracias a las investigaciones de la ciencia, cuatrocientos años después, podemos decir que esta no lo era. No somos tullidos emocionales por sentir envidia, como creía La Rochefoucauld. Nacemos con ella, o sea: todos somos envidiosos. Algunos más, otros menos. La virtud, quizá, está más bien en aceptar que lo somos, esforzarnos por llevar la envidia con dignidad y aprender a lidiar mejor con ella.

La emoción de la envidia —así como la del enojo, la tristeza, la alegría, la esperanza, los celos— no es mala ni buena, no es inmoral o moral: es un hecho, como los dedos de la mano, el clima o la ley de gravedad. Todas las emociones son naturales, parte de nuestra naturaleza. Y aunque no nos gusten, vienen y van. 

Es cierto que no es lindo sentir envidia. Quisiéramos, mejor, ser la encarnación de la pureza y la bondad. Sin embargo, de vez en cuando, nos sorprendemos alimentando la clandestina ilusión de que una suerte miserable caiga sobre nuestro envidiado rival. Después, claro, sentimos vergüenza, nos embarga la culpa y nos agobia la secreta certeza de que somos de lo peor. 

Dejemos la pureza para los santos y veamos qué está bajo nuestro control —y qué no— cuando se trata de emociones.

No está bajo nuestro control la existencia de la emoción. Es un fenómeno natural. Lo más sano, y que sí está bajo nuestro control, es aceptar lo que estamos sintiendo y darle al sentimiento la legitimidad que merece. De otro modo, si creemos que hay algo malo en nosotros por sentir envidia, intentaremos reprimirla, y eso la hará más intensa. Al no dejar que fluya tampoco nos libraremos de ella. Como decía Rumi, debemos darle la bienvenida a todas las emociones, buenas o indeseables, porque vienen a traernos un mensaje.

Bajo nuestro control está el comportamiento. Que todas las emociones sean naturales no significa que seremos exculpados por hacer daño a otros porque, bueno, es normal sentir envidia. La envidia como emoción no es buena ni mala, la conducta sí.  

Hagamos el siguiente ejercicio. 

Tratemos de replantearnos cognitivamente la envidia. Podemos pensar que sirve para impulsarnos a mejorar. Nos motiva a conseguir aquello que anhelamos. Si alguien te genera envidia, piensa qué tiene esa persona que tú querrías. Escribe en una hoja: “Fulanita me da envidia porque….”.

¿Qué envidias de ella? ¿Su cuerpo? ¿Su bar de copas tan chic? Ponte en sus zapatos y busca, primero, lo más incómodo.

● “Sí, tiene un gran cuerpo, pero yo no pasaría dos horas por día entrenando.”

● “Sí, su bar es estupendo, pero a mi no me gusta trabajar por las noches y perderme las mañanas.

Luego busca lo bueno. ¿Qué podrías valorar de ella?

● “Tiene empuje, es creativa y dedicada y por eso logra lo que se propone.” 

Identifica qué puedes aprender. Viéndolo desde esta nueva perspectiva, ¿podrías transformar la envidia en admiración y usarla como motor para mejorar? ¿Podrías desarrollar alguna de las cualidades de fulanita y aplicarlas a tus propias fortalezas para impulsar un sueño pendiente?

Quizá no sea un bar en la playa lo que deseas ni un cuerpo como el de Serena Williams. Tal vez lo que quieres es ver tu libro publicado o sentirte más saludable. Sea lo que sea, la envidia puede conectarte con tus sueños olvidados o ayudarte a concretar nuevas aspiraciones.

¿Cómo podrías transformar la envidia en algo beneficioso para ti hoy? @mundiario

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