El fracaso anunciado de la Ciudad de la Cultura

Ciudad de la Cultura de Galicia. Santiago López Pastor en Flickr.
Ciudad de la Cultura de Galicia. / Santiago López Pastor en Flickr.

La cultura, en términos presupuestarios, es el pariente pobre de las Administraciones gallegas, y en términos políticos, un área de poco interés.

El fracaso anunciado de la Ciudad de la Cultura

Sostiene la Xunta de Galicia que ha finalizado las obras de la Ciudad de la Cultura, el vasto programa arquitectónico que el Presidente Fraga Iribarne decidió construir en terrenos del compostelano Monte Gaiás cedidos por Caixa Galicia. El ejemplo indisimulado era la Ciudad de las Artes valenciana. Sin embargo, a diferencia del modelo de Valencia, el proyecto santiagués nunca llegó a funcionar como referente cultural y tampoco lo hará en el futuro. El proyecto inicial siempre adoleció de falta de contenidos. Los edificios fueron arbitrariamente titulados como contenedores de distintos usos pero nunca se elaboró ningún proyecto de funcionamiento verificado por especialistas. Se suponía que el órgano crearía la función, que la arquitectura orientaría el uso.

Ocurrió exactamente lo contrario. La monumentalidad arquitectónica innegable, no estaba vinculada al uso, lo que permitía soluciones tan imaginativas como inoperativas. Los enormes espacios vacíos, las salas sin continuidad o el juego visual de los diferentes niveles son escasamente compatibles con los actos públicos, los lugares de consulta visual, la música, la lectura, etc. Además, la ubicación totalmente periférica con respecto a la ciudad, dificulta más la asistencia. A pesar de que el complejo fue dotado de una salida propia a la autopista, el escaso interés de lo poco que allí se exhibe hace que el número de visitantes sea mínimo.

A partir de lo anterior se explica el uso actual. La Ciudad de la Cultura es principalmente la sede de distintos organismos de la Administración autonómica, oficinas administrativas de departamentos tan variados como Patrimonio, Universidades, Informática o I+D. Una solución pragmática ante la inviabilidad de dar contenido a la idea arquitectónica.

concepto poderoso en términos de comunicación

No obstante, existe incluso una Fundación pública que lleva el mismo nombre del complejo, cuyo presupuesto supera al de varias áreas de la gestión cultural pero cuya actividad real es mínima, dedicada a producir ocasionales exposiciones que apenas reúnen visitantes y a desarrollar otros actos culturales para los que sobran contenedores culturales.

Y sin embargo el concepto es poderoso en términos de comunicación. La Ciudad de la Cultura podía ser una imagen colectiva de los mejores proyectos culturales de Galicia, a condición de que existiese un mínimo de coordinación entre instituciones. Forzoso es reconocer que el tópico individualismo gallego en el ámbito institucional es una realidad. Xunta, Diputaciones y ciudades raramente cooperan entre sí y desde luego nunca de forma estable para el cumplimiento de objetivos definidos. Todo lo más que se hace es convenir algunas actuaciones o ciertas subvenciones. Faltan valedores y estrategias a largo plazo.

No es un problema exclusivo de la Xunta, sino una determinada mentalidad muy arraigada en las instituciones y en el mundo político gallego. El impresionante Museo del Mar de Vigo, en la ciudad que alberga uno de los principales puertos españoles, tiene contenidos que están muy por debajo de lo que debería ser un centro de referencia. En A Coruña, el Ayuntamiento reclamó la cesión de la antigua Prisión Provincial, un notable edificio, para el que no tiene proyecto alguno de forma que desde hace más de una década permanece cerrado y deteriorándose. El Museo de la Romanización en Lugo tiene también una larga historia de proyectos pero no ha pasado del papel. En Ourense, el legado de Xaime Quessada permanece sin sede propia. Por no hablar de las limitaciones que impiden a las Fundaciones Laxeiro o Luis Seoane, desarrollar todo su potencial.

De modo que han finalizado las obras de la Ciudad de la Cultura, se han invertido 300 millones de euros, pero no existe una Ciudad de la Cultura real o simbólica. La cultura, en términos presupuestarios, es el pariente pobre de las Administraciones gallegas, y en términos políticos, un área de poco interés. Mientras Bilbao, Vitoria, Valencia, Valladolid o Málaga entre otras ciudades, cuentan con Museos o Salas de Exposiciones de gran actividad; San Sebastián, Oviedo, Valencia, Sevilla o Granada, desarrollan una importante actividad musical, las ciudades gallegas no superan el nivel local. Los numerosos Festivales gallegos, con honrosas e históricas excepciones, también están orientados al consumo local. Es el invisible pero real muro que nos diferencia de otros territorios. Desgraciadamente, es el muro de la mentalidad de las autoridades, recelosas, incómodas o desdeñosas cuando se trata de hablar de cultura más allá de los tópicos de manual. La Ciudad de la Cultura es el recordatorio en piedra de lo que podíamos ser y no somos, la muestra más rotunda de como confundir la creación con el ladrillo, el contenido con el continente. @mundiario 

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