Enoturismo: un viaje al corazón de la cultura, la economía y el territorio
En un mundo cada vez más globalizado, donde los viajes se multiplican pero la autenticidad escasea, el enoturismo emerge como una forma de turismo con alma. Más allá de la copa y del brindis, el enoturismo ofrece una experiencia cultural, económica y territorial que conecta el paisaje con el paisanaje, el producto con el productor, y al visitante con la historia viva del vino. Así lo expuso con claridad el sociólogo y divulgador Lluís Tolosa en la segunda jornada del curso O enoturismo, unha oportunidade cultural e económica que se celebra en las bodegas Terra de Asorei, en Meis (Pontevedra), bajo la dirección de la profesora de economía aplicada de la USC María Cadaval.
Tolosa, referencia indiscutible en el ámbito del enoturismo –autor de una treintena de libros, más de 200 artículos y premiado internacionalmente en París, Frankfurt y Pekín–, defendió que el enoturismo no es un complemento al turismo tradicional, sino una forma renovada y sofisticada de descubrir un territorio. Y puso un ejemplo paradigmático que descoloca cualquier idea preconcebida: la bodega más visitada del mundo no está en Burdeos ni en La Rioja, sino en Querétaro (México), y es española. Se trata de Sala Vivé by Freixenet México, parte del grupo Henkell Freixenet, que recibe cada año a miles de visitantes atraídos por sus cavas subterráneas –las más profundas de América Latina–, sus catas, y su integración en la Ruta del Arte, el Queso y el Vino.
Esta peculiar bodega mexicana pero también otras situadas en España ilustran bien lo que Tolosa define como el “nuevo enoturismo”: una experiencia inmersiva, con alto valor añadido, capaz de dinamizar economías locales, posicionar marcas y fomentar prácticas sostenibles.
Desde 1979, Freixenet México no solo ha construido un relato atractivo alrededor del vino espumoso, sino que ha logrado más de 100 medallas internacionales y se ha convertido en pionera en sostenibilidad dentro de la vitivinicultura mexicana. Todo ello gracias a una estrategia de marketing clara: convertir la cultura del vino en una experiencia sensorial y educativa.
La Organización Mundial del Enoturismo
Pero el fenómeno no se limita a casos de éxito aislados. El enoturismo se está institucionalizando como motor de desarrollo sostenible. La creación de la Organización Mundial del Enoturismo (Global Wine Tourism Organization, GWTO), con sede en Madrid, y su academia especializada, la EnoTourism Academy, evidencian un cambio de paradigma.
Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), el enoturismo debe insertarse en los programas nacionales e internacionales como herramienta para generar empleo, reducir desigualdades, fomentar la innovación rural y contribuir a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). De todo ello se hablará a fondo próximamente en Yantai (China), sede de la segunda reunión anual de la Organización Mundial del Enoturismo.
Tolosa, como director del I Fórum Internacional de Enoturismo celebrado en la Barcelona Wine Week 2025, insiste en la necesidad de redefinir el enoturismo en esta “nueva era”. Una era marcada por la coopetitividad –cooperación y competencia simultáneas– entre actores públicos y privados, universidades y empresas, regiones y países. No se trata solo de atraer turistas, sino de construir identidad territorial, revitalizar zonas rurales y preservar el patrimonio vitivinícola con inteligencia y sensibilidad.
El caso gallego, donde crece una nueva conciencia sobre el potencial del enoturismo, tiene una oportunidad histórica. Con denominaciones de origen singulares, un patrimonio vinícola en alza y una red creciente de bodegas innovadoras, Galicia puede posicionarse como destino de referencia si logra articular una estrategia cohesionada entre sector público, formación especializada y tejido productivo. El vino, al fin y al cabo, es una historia que se cuenta con todos los sentidos. El enoturismo es la forma más bella de escucharla. @mundiario


