A Coruña no ha borrado su historia taurina: simplemente la ha colocado en el pasado

Tras décadas de declive y una conciencia social cada vez más alejada de la tauromaquia, la ciudad consolida un cambio cultural que convierte al Coliseum en espacio de futuro… pero no para los toros.

La antigua plaza de toros de A Coruña, donde ahora confluyen las calles Médico Rodríguez y avenida de Finisterre. / Facebook
La antigua plaza de toros de A Coruña, donde ahora confluyen las calles Médico Rodríguez y avenida de Finisterre. / Facebook

A Coruña tuvo plaza de toros, tuvo tradición taurina e incluso tuvo una segunda oportunidad cuando el Coliseum —inaugurado en 1991— quiso ser heredero de aquel viejo coso derribado. Pero el paso del tiempo, las transformaciones urbanas y una sensibilidad social en evolución han hecho que los toros formen parte del archivo sentimental de la ciudad, no de su vida cultural presente. Y mucho menos de su futuro.

La historia comienza en 1885, cuando se inaugura la plaza original en la zona donde hoy confluyen la avenida Finisterre y Médico Rodríguez. Aquel recinto, construido en mampostería, con gradas de madera de pino y capacidad para más de 10.000 personas, era un símbolo de una época en que la tauromaquia era espectáculo mayoritario. Tenía toriles, chiqueros, carnicería, capilla y una infraestructura acorde con el lugar que ocupaba en la sociedad coruñesa. Allí se celebraron corridas durante décadas, hasta que el 7 de octubre de 1967 bajó el telón por última vez.

El derribo de la plaza no solo borró un edificio: marcó el inicio del declive definitivo de la afición en la ciudad. La transición cultural fue progresiva, pero irreversible. El traslado al nuevo Coliseum, inaugurado en 1991 con toros de Victorino Martín y un cartel que reunió a Luis Francisco Esplá, Morenito de Maracay y Víctor Méndez, fue más bien un intento tardío de reanimación. El moderno recinto, concebido como espacio multiusos, acogió algunas corridas estivales, pero sin continuidad ni respaldo suficiente. Las gradas, ya entonces, empezaban a vaciarse.

La evolución social hizo el resto. Con el avance de la conciencia animalista y un relevo generacional poco interesado en la tauromaquia, las corridas fueron desapareciendo del calendario coruñés hasta convertirse en residual. El punto de no retorno llegó en 2015 con la llegada de Marea Atlántica al gobierno municipal, que incorporó la prohibición de los toros en su programa y cerró definitivamente la puerta a un retorno estable.

Arriba, la antigua plaza de toros de A Coruña, donde ahora confluyen las calles Médico Rodríguez y avenida de Finisterre. Debajo, la misma zona con la calle Juan Flórez a la derecha. / Facebook y Google Maps
Arriba, la antigua plaza de toros de A Coruña, donde ahora confluyen las calles Médico Rodríguez y avenida de Finisterre. Debajo, la misma zona con la calle Juan Flórez a la derecha. / Facebook y Google Maps

Los toros, en Pontevedra

Hoy, Galicia solo conserva una plaza activa: la de Pontevedra, que mantiene viva la feria de A Peregrina. Allí la afición resiste, apoyada también por seguidores del norte de Portugal, pero los datos son elocuentes: según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales del Ministerio de Cultura, apenas un 0,3 % de los gallegos declararon en 2021 tener intención de asistir a algún evento taurino. Una cifra que confirma que la tauromaquia no es ya un elemento central de la cultura popular gallega.

Plaza de toros de Pontevedra. / Servitoro
Plaza de toros de Pontevedra. / Servitoro

En A Coruña, mientras tanto, el Coliseum se ha consolidado en otra dirección. Lejos del ruedo, el recinto vive un presente vibrante como escenario de conciertos y eventos deportivos. El baloncesto del Leyma Coruña convive con una programación musical de primer nivel: La M.O.D.A., The Kooks, Dani Martín, Aitana, Alejandro Sanz o Amaia ya figuran en la agenda. Y el regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh ha desatado tal expectación que la primera fecha prevista para septiembre de 2026 agotó entradas de inmediato, obligando al grupo a anunciar un segundo concierto.

Mientras algunos promotores fantasean en las redes con traer los toros de vuelta en 2026, lo cierto es que no existe un cartel confirmado ni señales claras de que el público vaya a responder. La ciudad ha cambiado. Su oferta cultural, también. El espacio que un día ocuparon los toros ahora lo llenan pop, indie, baloncesto, espectáculos familiares y citas multitudinarias que conectan con sensibilidades actuales. La tauromaquia fue parte del paisaje, pero ya no forma parte del pulso urbano.

Fito & Fitipaldis en A Coruña. / Mundiario
Fito & Fitipaldis este viernes en el Coliseum de A Coruña. / Mundiario

A Coruña, en definitiva, no ha borrado su historia taurina: simplemente la ha colocado en el pasado. Y todo apunta a que allí seguirá. Porque las ciudades, igual que las culturas, evolucionan. Y en esa evolución, los toros dejaron de ser presente y difícilmente volverán a ser futuro. @mundiario

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