Trump, los aranceles y las muñecas: riesgos y evasivas de una estrategia comercial nacionalista
En sus primeros 100 días de mandato, Donald Trump ha enfrentado uno de los comienzos económicos más complicados para un presidente estadounidense en medio siglo. Una caída de 6,5 billones de dólares en los mercados, la contracción del PIB en el primer trimestre de 2025 y una creciente inquietud entre empresarios y consumidores reflejan un panorama inquietante.
Frente a este contexto, el republicano ha optado por una estrategia comunicativa elusiva que combina la negación de responsabilidades con discursos patrióticos y anecdóticos. “Tal vez los niños tengan que conformarse con dos muñecas en lugar de 30”, afirmó el mandatario durante su reunión de Gabinete para celebrar los 100 días en el poder, una respuesta que deja entrever las consecuencias reales de sus políticas arancelarias.
Lejos de asumir los efectos inmediatos de su política económica, Trump ha recurrido a una táctica defensiva habitual: responsabilizar a su predecesor, Joe Biden. “Esta es la Bolsa de Biden, no la de Trump”, escribió en su plataforma de Truth Social, ignorando que su Administración ya ha empezado a implementar medidas con alto impacto estructural, como los aranceles a las importaciones chinas. En su gabinete, los miembros de su administración repitieron un mismo guion: todo lo positivo es mérito de Trump; lo negativo, una herencia de Biden o un efecto retardado.
Esta visión selectiva y la manera en que el presidente se presenta como víctima de una economía aún bajo control ajeno han provocado críticas no solo desde la oposición, sino también desde sectores conservadores y expertos económicos. El Premio Nobel de Economía Paul Krugman calificó la postura de Trump como “una combinación de misticismo económico y oportunismo político” y subrayó que las expectativas sobre los aranceles comenzaron a distorsionar la actividad empresarial incluso antes de su entrada en vigor.
Los aranceles y sus efectos inmediatos
La política arancelaria de Trump ha sido uno de los pilares de su estrategia “América Primero” desde su primer mandato. Sin embargo, en su regreso al poder, ha profundizado la confrontación comercial con China con medidas que ya muestran consecuencias tangibles. La contracción del PIB en el primer trimestre de 2025, del 0,3 % en términos anualizados, ha coincidido con una caída de la confianza del consumidor y con crecientes advertencias del sector privado.
Uno de los sectores más afectados es el de los juguetes. Greg Ahearn, director ejecutivo de la Asociación del Juguete de EE UU, advirtió al New York Times de que la cadena de suministro se encuentra “congelada” y que, de no iniciarse pronto la producción, podría haber escasez en la temporada navideña. Este efecto se debe, en gran parte, al aumento de precios por los aranceles y a la incertidumbre que disuade a fabricantes y minoristas de realizar pedidos con antelación.
Trump ha intentado minimizar el impacto de los aranceles con argumentos que apelan al sacrificio nacionalista. “Quizá esas dos muñecas cuesten un par de dólares más de lo normal”, afirmó, restando importancia a las alzas de precios y defendiendo la necesidad de un acuerdo comercial “justo” con China. Stephen Miller, arquitecto de sus políticas migratorias y de deportación, así como uno de sus asesores más cercanos, sostuvo que los ciudadanos “preferirán comprar muñecas estadounidenses aunque sean más caras, porque tienen mejor calidad”.
Sin embargo, estos argumentos simplifican una realidad económica compleja: los aranceles encarecen la producción y reducen la oferta, lo que termina afectando no solo a los consumidores sino también a las pequeñas y medianas empresas. La gigante General Motors, por ejemplo, ha estimado pérdidas de hasta 5.000 millones de dólares este año debido a los nuevos aranceles.
Contradicciones internas y omisiones estratégicas
Pese a celebrar inversiones privadas por valor de hasta dos billones de dólares, Trump omite que muchas de esas decisiones están vinculadas a políticas anteriores, como la Ley CHIPS promovida bajo la Administración Biden. Además, el presidente ha evitado reconocer que heredó una economía robusta, un consenso entre analistas tanto demócratas como republicanos.
Su discurso en el foro “Invertir en Estados Unidos”, donde se elogió a sí mismo mientras ignoraba los datos negativos recientes, refuerza una narrativa que oscila entre el mérito autoproclamado y la culpa proyectada hacia terceros. Esta mezcla de evasión y propaganda ha dominado sus primeros meses de gestión, pero los efectos prácticos de sus decisiones empiezan a superar a la retórica.
La estrategia de Trump para defender su política arancelaria se basa más en el relato que en el realismo. Su enfoque comunicativo busca fidelizar a su base electoral apelando al patriotismo y al orgullo nacional, mientras culpa al pasado por las dificultades actuales. Además, insiste en que el estadounidense debe ser fuerte, porque “dolor a corto plazo, ganancia a largo plazo”. Sin embargo, los datos económicos, las advertencias de los empresarios y las consecuencias tangibles evidencian los riesgos de una política comercial confrontativa y poco planificada.
La economía, a diferencia del discurso político, no se rige por eslóganes ni frases para titulares. Si la actual Administración no adapta su estrategia con pragmatismo, el coste podría ser más que algunas muñecas de menos: podría significar una desaceleración profunda y prolongada para la economía estadounidense. @mundiario


