Telefónica y los sindicatos pactan cerrar el ERE antes de fin de año

Tras la comunicación por la empresa de su intención de realizar un ERE se abre un plazo de 15 días para constituir la mesa de negociación.
Marc Murtra, CEO de Telefónica. / RR. SS.
Marc Murtra, CEO de Telefónica. / RR. SS.

Telefónica y los sindicatos mayoritarios —UGT, CC OO y Sumados-Fetico— han optado por el pragmatismo. Ambas partes se preparan para un nuevo expediente de regulación de empleo (ERE) que marcará otro capítulo en la larga historia de ajustes de la operadora. Aunque aún no hay cifras oficiales, el mensaje es claro: el proceso será rápido, pactado y se firmará antes de que acabe el año. En el tablero empresarial y financiero, el tiempo es oro, y Telefónica no quiere que 2026 arrastre los números rojos que ya empañan el presente ejercicio.

De acuerdo con EL PAÍS, el próximo lunes 17, la compañía comunicará formalmente su intención de iniciar el proceso. A partir de ahí, se abrirá un periodo de 15 días para constituir la mesa de negociación y otro de 30 para cerrar el acuerdo. Un calendario a contrarreloj, sí, pero diseñado para cumplir con una prioridad compartida: cerrar el ajuste antes del 31 de diciembre de 2025. Si algo distingue a Telefónica de otras grandes corporaciones, es su capacidad de ejecutar grandes transformaciones sin rupturas traumáticas. Y eso, una vez más, parece garantizado.

En el fondo, el movimiento tiene tanto de estrategia laboral como de maniobra contable. El presidente Marc Murtra quiere concentrar en 2025 las pérdidas derivadas del ajuste para empezar 2026 con las cuentas saneadas y el terreno despejado para su Plan Estratégico 2026-2030. Ese plan, recibido con escepticismo en los mercados, promete disciplina financiera y recorte de costes, y el ERE será la primera gran prueba de credibilidad ante los inversores.

En esta ecuación, los sindicatos no son un obstáculo, sino un socio necesario. La sintonía es total. Las centrales que ya firmaron el anterior ERE en enero de 2024 —UGT, CC OO y Fetico— comparten con la dirección el objetivo de un pacto rápido y con condiciones ventajosas. El consenso se ha reforzado con el nuevo marco social firmado en octubre, que unifica los derechos laborales de toda la plantilla del grupo en España. Y ese acuerdo es la llave para extender el ajuste más allá de las tres grandes filiales —España, Móviles y Soluciones— hacia otras divisiones del grupo.

Una negociación exprés con aroma a déjà vu

El guion es familiar. Telefónica ya ejecutó un ERE exprés en diciembre de 2023, donde anunció 5.124 salidas y en menos de un mes redujo la cifra a 3.421 con condiciones más generosas. Entonces, la compañía aprovechó el ajuste para agrupar pérdidas y dejar limpio el balance de 2024. Ahora, el propósito es idéntico: que las pérdidas de 2025 se conviertan en la base de una recuperación sólida a partir de 2026.

El alcance inicial del nuevo ajuste ronda los 6.000 empleados, aunque fuentes sindicales creen que, como en el proceso anterior, la cifra final será menor. El verdadero pulso no estará en el número de salidas, sino en las condiciones económicas. En el último ERE hubo más solicitudes de baja (3.640) que plazas disponibles, gracias a las indemnizaciones y prejubilaciones generosas. Los sindicatos buscan ahora igualar —o mejorar— ese listón.

La otra cara del ajuste: confianza y dividendos

El ERE no solo aliviará las cuentas de la empresa, sino también las expectativas de sus accionistas. Al imputarse el coste en 2025, Telefónica garantiza que los dividendos de 2026 y 2027 no se verán afectados. Además, el nuevo plan estratégico vincula el pago de dividendos a los “compromisos con los empleados”, es decir, a la correcta ejecución de estos planes de salida.

Para la plantilla, el proceso tiene un matiz casi ritual. Desde la privatización en 1997, Telefónica ha pasado de 67.000 trabajadores en España a poco más de 18.000. Cada ajuste ha sido, paradójicamente, un ejercicio de estabilidad: salidas voluntarias, condiciones ventajosas y una negociación civilizada entre empresa y sindicatos. El modelo, lejos de fracturar, ha permitido mantener la paz social en un sector sometido a un cambio tecnológico constante.

El nuevo ERE de Telefónica no es solo una cuestión de cifras. Es una declaración de intenciones: la empresa quiere demostrar al mercado que aún sabe reinventarse, incluso a costa de sí misma. Y los sindicatos, conscientes de que el futuro de la compañía está en juego, prefieren acompañar el proceso antes que bloquearlo. @mundiario

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