El coste de un posible ERE limitará parte del dividendo de Telefónica
La historia de Telefónica ha sido, durante décadas, la de una empresa capaz de reinventarse en los momentos más críticos. Pero su nuevo Plan Estratégico 2026-2030 plantea un dilema incómodo que rompe esa narrativa triunfal: para seguir reduciendo costes y mantener su transformación, la operadora financiará en parte los posibles expedientes de regulación de empleo (ERE) con el dinero que, de otro modo, habría ido a parar a los bolsillos de sus accionistas. En otras palabras, los despidos saldrán del dividendo.
El plan, bautizado Transform & Grow, incluye una fórmula inédita para calcular el dividendo a partir de 2027: del flujo de caja libre (FCF), se restarán los “compromisos con empleados”, es decir, los pagos e indemnizaciones derivados de los ajustes laborales. Y no son cifras menores. Si esta fórmula se hubiera aplicado ya en 2025, el dividendo por acción habría caído de los actuales 0,30 euros a menos de 0,20, una reducción de más del 30%.
En apariencia, se trata de un mecanismo técnico. En realidad, es un giro simbólico que redefine el reparto del sacrificio: los accionistas dejan de ser simples observadores y pasan a compartir el coste de la reestructuración. Cada trabajador que abandone la compañía por un ERE o un plan de salidas incentivadas reducirá automáticamente la rentabilidad del capital. Telefónica convierte así sus “compromisos sociales” en una variable financiera.
A primera vista, la medida suena coherente con la búsqueda de sostenibilidad interna. Pero su trasfondo revela una tensión entre dos mundos que hasta ahora habían convivido en equilibrio: el de la eficiencia corporativa y el de la confianza inversora. Porque el mensaje implícito es claro: cuantos más empleados se marchen, menos cobrarán los accionistas.
Una fórmula con impacto directo
La compañía ya vivió un proceso similar a comienzos de 2024, cuando 3.420 trabajadores abandonaron la empresa con un coste cercano a los 1.300 millones de euros. Ahora, según declaran fuentes internas al diario EL PAÍS, se prepara un plan que podría afectar a entre 5.000 y 6.000 empleados, con una factura superior a 2.000 millones. Y el nuevo esquema del dividendo, diseñado precisamente para absorber esos costes, supone una suerte de “fondo común” donde cada salida laboral se traduce en una merma proporcional del beneficio repartido.
La fórmula aprobada en el plan establece que el dividendo anual se situará entre el 40% y el 60% del FCF, pero con un matiz esencial: se restan los compromisos con empleados y se suman los dividendos que Telefónica recibe de Virgin Media O2, su filial británica. Esto significa que los años con más despidos serán, inevitablemente, años con menos dividendo.
El propio ejercicio de 2025 ilustra el golpe: de los 2.700 millones previstos de FCF, habría que descontar 1.000 millones por ajustes laborales, dejando solo 1.900 millones como base para calcular el dividendo. El resultado: un pago potencial de entre 0,13 y 0,20 euros por acción, frente a los 0,30 actuales. Telefónica mantiene para 2026 un dividendo reducido a 0,15 euros, antes de aplicar plenamente la nueva fórmula en 2027.
El Estado también paga la factura
La paradoja llega hasta el ámbito público. Con un 10% de participación estatal a través de la SEPI, el Estado no solo verá reducidos sus ingresos por dividendos si hay despidos, sino que, en la práctica, contribuirá a sufragarlos. En otras palabras, parte del dinero con el que se compensará a los trabajadores saldrá de las arcas públicas.
Y todo ello en un momento en que la operadora lucha por sostener su flujo de caja libre, que en septiembre se había desplomado un 68% interanual. Su directora financiera, Laura Abasolo, lo atribuyó a retrasos fiscales y desinversiones en Hispanoamérica, pero reconoció que la empresa confía en la contención de la inversión para recuperar margen.
Un futuro de dividendos más modestos
Si Telefónica cumple sus previsiones —un crecimiento del FCF del 3% al 5% anual—, los dividendos podrían estabilizarse a partir de 2028. Pero cualquier desviación, especialmente si se activa un nuevo ERE, puede dinamitar esa senda. El equilibrio entre eficiencia y rentabilidad se ha vuelto frágil: cada decisión laboral se reflejará directamente en la remuneración del accionista.
Telefónica ha querido hacer del concepto “compromiso con los empleados” un símbolo de responsabilidad corporativa. Pero, en la práctica, su nueva política de dividendos pone en evidencia el precio humano de la reestructuración empresarial. Lo que antes era un ajuste silencioso ahora tendrá una consecuencia visible en cada cuenta de resultados y en cada dividendo que se reparta. @mundiario

