¿Será positivo el viaje de Carlos Cuerpo a Washington?

El ministro de Economía español aterriza en EE UU con el reto de mantener el equilibrio entre la lealtad europea y el creciente interés por estrechar lazos con China.
Carlos Cuerpo, ministro de Economía. / @carlos_cuerpo.
Carlos Cuerpo, ministro de Economía. / @carlos_cuerpo.

La política internacional no permite movimientos inocentes, y mucho menos cuando el tablero global se encuentra marcado por una creciente competencia entre potencias. En ese contexto, el viaje del ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, a Washington no puede interpretarse únicamente como una parada protocolaria más en la agenda de un responsable gubernamental. Llega en un momento especialmente delicado, con Estados Unidos y la Unión Europea enzarzados en una guerra comercial latente, y con la reciente reunión entre Pedro Sánchez y Xi Jinping aún fresca en la memoria diplomática estadounidense.

El ministro español, consciente del simbolismo que rodea esta visita, ha insistido en presentar el viaje como parte de un esfuerzo sostenido para fortalecer los vínculos económicos bilaterales. No obstante, su reunión con el secretario del Tesoro, Scott Bessent —figura cercana al entorno trumpista y defensor de un proteccionismo agresivo—, trasciende lo económico. Se produce tan solo unos días después de que el propio Bessent acusara a Europa, y especialmente a España, de poner en riesgo sus intereses estratégicos por abrirse a China. La frase que empleó fue tan contundente como reveladora: “Es como cortarse la garganta uno mismo”.

Aun cuando Cuerpo haya reiterado que las competencias sobre política comercial exterior recaen en Bruselas, no se escapa a nadie que su presencia en la capital estadounidense busca contener el malestar generado en Washington. En la práctica, actúa como emisario de una política exterior que intenta conjugar la defensa de la autonomía estratégica europea con la necesidad de no deteriorar la alianza transatlántica.

La reciente decisión de EE UU de suspender temporalmente algunos aranceles ha abierto una rendija a la esperanza. Europa respondió en la misma línea, en lo que parece un intento coordinado por suavizar tensiones y dar una oportunidad al diálogo. Las negociaciones que mantienen el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, y su homólogo estadounidense pueden marcar el futuro inmediato de las relaciones económicas entre ambas orillas del Atlántico. En ese contexto, el viaje de Cuerpo se sitúa como parte de una estrategia europea más amplia, aunque el ministro haya evitado cargar su visita de una dimensión institucional mayor.

La realidad, sin embargo, es que la diplomacia económica no ocurre en el vacío. Las declaraciones altisonantes de Bessent y la creciente preocupación en Washington por el papel de China en el comercio global están influyendo de manera creciente en la percepción que Estados Unidos tiene de sus aliados. España, por su parte, está tratando de posicionarse como un socio fiable, pero también como un país que defiende su margen de maniobra dentro del marco europeo. Esta maniobra de equilibrio no es sencilla.

La agenda de Cuerpo incluye también encuentros con el presidente del Banco Mundial y empresarios estadounidenses interesados en España. Se trata de un intento por reforzar la imagen del país como un destino seguro y rentable para la inversión extranjera. En un momento en el que la política exterior debe traducirse en oportunidades económicas tangibles, el ministro busca atraer capital, confianza y apoyo a largo plazo.

Pero el fondo de la cuestión va más allá de balances comerciales o rondas de inversión. España, como el resto de Europa, se encuentra atrapada entre dos pulsos: el del viejo aliado que impone condiciones cada vez más severas y el del nuevo socio que ofrece ventajas económicas a cambio de un acercamiento geoestratégico. Mantener el equilibrio entre ambos sin renunciar a los principios ni poner en riesgo los intereses nacionales se ha convertido en una tarea casi de funambulista.

En última instancia, el viaje de Carlos Cuerpo a Washington simboliza ese esfuerzo continuo por gestionar la complejidad del nuevo orden mundial. Y si bien sus gestos han sido prudentes y sus declaraciones diplomáticamente medidas, su presencia allí es una señal inequívoca de que España quiere —y necesita— seguir siendo parte del diálogo transatlántico, sin cerrar la puerta a nuevos horizontes. Porque en un mundo donde las alianzas se reconfiguran con rapidez, la neutralidad es tan arriesgada como la sumisión. @mundiario

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