Ormuz, en el centro de la escalada: por qué el bloqueo sacude el petróleo, el gas y los mercados
La ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán iniciada el fin de semana ha devuelto al estrecho de Ormuz al primer plano geopolítico y económico. Tras dos días de bombardeos, la tensión se ha trasladado de inmediato a los mercados energéticos. En la tarde del lunes, Teherán anunció el cierre de este paso estratégico con una advertencia explícita: “Si alguien trata de pasar, la Guardia Revolucionaria abrirá fuego contra los barcos”.
La amenaza no es retórica. Ormuz es una de las arterias más sensibles del comercio mundial de energía. Lo que ocurra en esta angosta franja de mar —de menos de 60 kilómetros en su punto más estrecho— tiene impacto directo en el precio del crudo, del gas y, por extensión, en la inflación y el crecimiento global.
Un embudo energético
El mapa del tráfico marítimo elaborado con datos de Global Maritime Traffic confirma la relevancia del enclave: el estrecho separa Irán de la península arábiga y concentra una densidad de buques excepcional. Es la vía de salida de prácticamente toda la producción petrolera de Oriente Próximo.
Según la Agencia Internacional de la Energía, más de una quinta parte del crudo mundial transita por estas aguas. Cada día circulan por Ormuz unos 14,5 millones de barriles de petróleo. Además, algo más del 20% de los buques de gas del planeta cruzan también este corredor.
Cuando el paso se bloquea, Kuwait, Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos no pueden exportar crudo ni gas. Arabia Saudí, el mayor vendedor de petróleo del mundo, dispone de una alternativa limitada: el oleoducto Este-Oeste, construido a comienzos de los años ochenta. Sin embargo, esa vía reduce su capacidad exportadora de 10 millones de barriles diarios a cinco.
Bloqueo efectivo y 150 petroleros inmovilizados
Desde el sábado, el estrecho se encontraba en una situación de bloqueo de facto. Los bombardeos han impedido el tránsito de superpetroleros y buques de gas natural licuado (GNL), lo que ha generado un atasco marítimo sin precedentes recientes.
Al menos 150 buques cisterna se han acumulado en las últimas 72 horas a ambos lados de Ormuz, según Reuters, a la espera de que cambie el escenario. Navieras y petroleras están evitando la zona ante las amenazas iraníes.
El efecto ha sido inmediato en los precios. El barril de Brent —referencia en Europa y gran parte del mundo— subió un 7% el lunes, su mayor avance en casi nueve meses. La mera posibilidad de un cierre prolongado ha tensionado aún más un mercado ya alterado por la escalada militar.
Asia, la gran perjudicada
El impacto del cierre no se distribuye de forma homogénea. Casi todo el petróleo que sale por Ormuz tiene como destino Asia. En 2025, el 84% del crudo exportado desde esta zona se dirigió al continente asiático, según datos de Bloomberg.
China encabeza la lista de compradores: recibió el 25% del total exportado desde el estrecho. India, Japón y Corea del Sur figuran también entre los principales destinos. En contraste, Europa recibió menos del 1% del crudo producido en torno a Ormuz el año pasado.
El patrón se repite en el mercado del gas. Emiratos Árabes Unidos y Qatar exportaron en 2025 grandes volúmenes de GNL mayoritariamente hacia Asia. China vuelve a aparecer como principal receptor, seguida por India, Taiwán y Corea del Sur.
Un cierre prolongado obligaría a estos países a buscar suministros alternativos, tensionando otros mercados y encareciendo las compras para terceros, incluida Europa.
¿Cómo afecta a Europa?
El riesgo de un recorte energético reaviva el recuerdo de la crisis inflacionaria que siguió a la invasión rusa de Ucrania en 2022. Sin embargo, la posición europea es hoy más diversificada.
En el tercer trimestre de 2025, Noruega (14,6%) y Estados Unidos (14,5%) concentraban casi un tercio de las importaciones de crudo de la Unión Europea, según Eurostat. Si se suman proveedores como Kazajistán, Libia y Nigeria, el bloque alcanza el 56% de sus compras en países no directamente afectados por la actual escalada.
Arabia Saudí e Irak representan conjuntamente el 14,5% del petróleo importado por la UE. Grecia y Francia figuran entre los más expuestos por su dependencia del crudo iraquí. España presenta una vulnerabilidad menor: solo importa petróleo de Irak, que no se encuentra entre sus cinco principales proveedores.
En gas, la dependencia de Ormuz también es limitada, aunque no irrelevante. Cerca del 60% del GNL importado por la UE en el último trimestre de 2025 procedía de Estados Unidos. Argelia y Rusia aportaban en conjunto otro 20%. Aproximadamente el 6% del GNL que llega a Europa tiene origen en Qatar, país ubicado junto al estrecho.
Italia destaca entre los socios europeos con mayor exposición al gas de la región, ya que Qatar figura entre sus principales suministradores.
Mercados en alerta: gas y bolsas
Más allá del eventual cierre formal, el caos generado por los ataques y el parón de infraestructuras clave en la región ya ha tenido consecuencias visibles. El precio del gas en Europa se ha disparado más de un 40%, mientras las principales bolsas del continente —incluida la española— registraron pérdidas en la sesión del lunes.
El estrecho de Ormuz vuelve así a demostrar su papel como punto de presión global. No es solo un corredor marítimo: es un termómetro geopolítico. Cada amenaza de cierre reconfigura rutas comerciales, altera precios y pone a prueba la resiliencia energética de las grandes economías.
En un contexto de escalada militar abierta entre Irán, Estados Unidos e Israel, el control de este embudo estratégico se convierte en un factor decisivo. Si la clausura se prolonga, el impacto no será únicamente regional. El pulso en apenas 60 kilómetros de mar puede sentirse a miles de kilómetros, desde Shanghái hasta Bruselas. @mundiario


