El Ibex 35 borra las ganancias de 2026 mientras el gas y el petróleo se disparan en los mercados
La guerra entre Estados Unidos e Irán ha desatado una tormenta perfecta en los mercados financieros. El Ibex 35 llegó a desplomarse cerca de un 5% en una sola sesión, borrando de golpe la revalorización acumulada en 2026 y regresando a niveles de diciembre pasado.
La caída se produce en paralelo a un repunte abrupto de las materias primas energéticas: el petróleo Brent se disparó más de un 7% hasta rozar los 84 dólares por barril, mientras el gas natural en Europa llegó a subir un 30% en el día tras encadenar alzas históricas en jornadas anteriores.
El detonante es geopolítico. Los ataques cruzados entre Washington, Tel Aviv y Teherán han elevado las interrupciones en el estrecho de Ormuz, un punto crítico por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una porción sustancial del gas natural licuado. La mera amenaza de cierre efectivo ha sido suficiente para que los operadores descuenten un escenario de restricción de oferta energética.
En este contexto, el barril de Brent Crude, referencia en Europa, escaló hasta máximos no vistos desde 2024, mientras el West Texas Intermediate superó los 76 dólares. El gas europeo, por su parte, duplicó prácticamente su precio en apenas dos días, alcanzando niveles que no se registraban desde principios de 2023. El movimiento refleja un reajuste inmediato ante la posibilidad de que Qatar —uno de los mayores exportadores de GNL del mundo— y otras infraestructuras clave reduzcan o paralicen suministros.
La reacción en Bolsa fue inmediata y generalizada. En el mercado español, prácticamente todos los valores cotizaron en rojo. Solo Repsol logró resistir gracias al repunte del crudo. Compañías como Naturgy, Acerinox, Acciona o Solaria lideraron las caídas, mientras los grandes bancos —Santander y BBVA— y pesos pesados como Iberdrola, Telefónica e Inditex registraron descensos significativos.
La corrección no fue exclusiva de Madrid: el Euro Stoxx 50 cedió más de un 3,5%, el DAX alemán rondó pérdidas similares y el Mib italiano y el CAC francés profundizaron en la misma dirección. En Asia, el Kospi surcoreano llegó a desplomarse más de un 7%, reflejo de la vulnerabilidad de economías altamente dependientes de importaciones energéticas.
El impacto también se trasladó al mercado de divisas y deuda. El euro retrocedió hasta la zona de 1,16 dólares, señal de que el billete verde recupera su condición de activo refugio. Al mismo tiempo, las rentabilidades de los bonos soberanos repuntaron ante el temor a un nuevo episodio inflacionario. El bono estadounidense a diez años superó el 4%, mientras el español escaló por encima del 3,2%. Este movimiento indica que los inversores exigen mayor rentabilidad para compensar el riesgo de un entorno de precios energéticos más altos y crecimiento más débil.
El trasfondo económico es claro: si el conflicto se prolonga, el encarecimiento del petróleo y el gas puede traducirse en un doble shock para Europa. Por un lado, presión inflacionaria adicional en un momento en que los bancos centrales aún no han consolidado completamente la estabilidad de precios.
La guerra se juega también en los mercados. El petróleo y el gas siguen disparados y el Ibex-35 se tiñe de rojo. Está cayendo más de un 4%, siendo el índice más penalizado en Europa.
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) March 3, 2026
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Por otro, menor crecimiento, dado que el encarecimiento energético erosiona márgenes empresariales y poder adquisitivo. Este binomio —más inflación y menos actividad— recuerda episodios de tensión vividos en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania.
El mercado no solo reacciona a los datos actuales, sino a la incertidumbre sobre la duración de la guerra. Los operadores descuentan que, mientras el estrecho de Ormuz permanezca bajo amenaza y las infraestructuras energéticas sigan siendo objetivo militar, la volatilidad continuará. Incluso algunos ataques puntuales pueden alterar durante semanas las rutas marítimas, elevar los costes de seguros y encarecer los fletes de petroleros y metaneros.
En este escenario, el desplome del Ibex no es un fenómeno aislado, sino parte de una repricing global del riesgo geopolítico. Lo que en enero parecía una racha alcista sólida, con máximos históricos cercanos a los 18.500 puntos, ha quedado neutralizado en cuestión de horas. El mercado ha pasado de celebrar crecimiento y estabilidad a descontar escasez energética y tensión prolongada. @mundiario


