La Comisión Europea retira el impuesto digital en plena negociación comercial con EE UU
La Comisión Europea ha decidido descartar la inclusión de un impuesto digital en su propuesta de nuevos tributos para el próximo presupuesto comunitario, una decisión que supone un giro de 180 grados respecto a planteamientos anteriores y que otorga una victoria clara a EE UU y sus grandes compañías tecnológicas como Apple, Meta o Google.
La decisión, que ha sido confirmada en un documento interno de trabajo al que ha tenido acceso Politico, se produce a pocos días de que Bruselas publique oficialmente su plan de ingresos para el marco presupuestario que comenzará en 2028. Aunque todavía sujeta a posibles cambios de última hora, la propuesta ya no incluye el gravamen a los servicios digitales, una idea que la propia Comisión había defendido hace apenas dos meses como una opción viable para sufragar parte de la deuda común contraída tras la pandemia.
El contexto no es casual. La retirada del impuesto llega en la recta final de unas negociaciones comerciales especialmente delicadas entre la Unión Europea y EE UU, donde el presidente Donald Trump ha dejado claro que responderá con aranceles a cualquier país que imponga tasas a empresas tecnológicas norteamericanas. Canadá ya fue objeto de represalias por una medida similar, y Bruselas parece haber optado por no arriesgar un nuevo frente de tensión.
El impuesto digital era una de las propuestas estrella para reforzar la autonomía financiera del bloque europeo, pero también una de las más conflictivas. Muchos gobiernos nacionales recelan de ceder competencias fiscales a las instituciones comunitarias, temiendo perder control sobre sus presupuestos nacionales y la redistribución del dinero público. Actualmente, la mayor parte de los fondos de la UE proviene de las contribuciones estatales, no de impuestos recaudados directamente por Bruselas.
Tres nuevas figuras impositivas
En sustitución del impuesto digital, la Comisión propondrá tres nuevas figuras impositivas: una tasa sobre residuos eléctricos, otra sobre productos de tabaco —incluidos los cigarrillos electrónicos— y un gravamen sobre grandes empresas con una facturación superior a los 50 millones de euros. El objetivo es generar entre 25.000 y 30.000 millones de euros anuales, destinados a amortizar la deuda conjunta europea asumida durante el plan de recuperación post-covid.
La nueva tasa sobre el tabaco se aplicaría a nivel comunitario y restaría ingresos a los Estados miembros, que actualmente recaudan de forma individual estos tributos. Italia, Grecia y Rumanía ya han mostrado su oposición a gravar productos como los vapeadores, mientras que Suecia ha rechazado de plano la posibilidad de transferir parte de su recaudación fiscal al presupuesto europeo, calificando la idea de “completamente inaceptable”.
Además, la propuesta de la Comisión incluirá iniciativas ya planteadas en 2021, como el impuesto de ajuste en frontera por carbono —una medida popular entre varios Estados miembros— y la incorporación parcial de los ingresos del sistema de comercio de emisiones (ETS) al presupuesto de la UE. Este último punto es especialmente controvertido en Europa del Este, cuyos países se ven más afectados por los costes derivados del ETS.
Como gesto de conciliación, Bruselas ha asegurado que solo una pequeña parte de los ingresos del ETS se destinará al presupuesto comunitario, permitiendo que el resto permanezca en manos nacionales. Asimismo, ha confirmado que la futura ampliación del sistema al sector de los edificios y al transporte por carretera (ETS2), prevista para 2027, no se utilizará como fuente de financiación europea.
Una vez presentada la propuesta este miércoles, comenzará un proceso de negociación que podría prolongarse hasta dos años. Las nuevas tasas deberán ser aprobadas por unanimidad por los 27 Estados miembros, lo que augura un complejo y tenso debate político en torno a la soberanía fiscal, la integración europea y la gestión del endeudamiento común. La retirada del impuesto digital, por ahora, parece un gesto calculado de Bruselas para evitar fricciones con Washington y garantizar margen de maniobra en un escenario global cada vez más polarizado. @mundiario


