Trump tuerce el comercio internacional mientras juega su mayor apuesta con la UE
La estrategia comercial del presidente de EE UU, Donald Trump, vuelve a agitar el centro del tablero internacional, esta vez con una evolución de la fórmula característica de su Administración: el envío masivo de cartas para notificar a los países socios sobre la imposición de un arancel unilateral. El 9 de julio, fecha señalada por el propio mandatario como posible punto de inflexión en su guerra contra el comercio global, no trajo ni una escalada abrupta ni un alto el fuego definitivo. En cambio, lo que sí se materializó fue una nueva ofensiva epistolar que se traducía en más países afectados, más amenazas arancelarias y mayor presión.
Este miércoles, a través de su plataforma de Truth Social, Trump anunció que siete nuevos países recibieron misivas con notificaciones de aranceles que, salvo acuerdo previo, entrarán en vigor el 1 de agosto. En la lista figuran economías con poco peso en el comercio con EE UU, como Filipinas, Libia, Irak, Argelia, Moldavia, Brunéi y Sri Lanka, con tasas que oscilan entre el 20% y el 30%. Esta segunda oleada de cartas llega tras otra remesa enviada a principios de semana a 14 países a quienes también se les impusieron aranceles de hasta el 40%, incluidos socios estratégicos como Japón y Corea del Sur (con un 25%).
Trump justifica esta estrategia a causa de una limitación operativa: con “200 asuntos comerciales abiertos”, afirma que no puede negociar uno por uno, cara a cara, por lo que la correspondencia se convierte en su vía directa de presión. Las cartas no solo anuncian aranceles, sino que también dan a entender que existe una ventana —hasta el 1 de agosto— para renegociar condiciones y evitar su aplicación e inccremento.
Este mecanismo de “cartas arancelarias” funciona como una táctica de negociación agresiva y simplificada, que en los hechos reconfigura la diplomacia comercial como una serie de ultimátums. El lenguaje directo y el formato personalizado otorgan a Trump un control casi unilateral sobre el ritmo y el tono de las conversaciones, y le permite moldear la narrativa como un ejercicio de autoridad más que de multilateralismo.
Pero el centro de atención sigue siendo Europa. Aunque la Unión Europea no ha recibido aún su carta, Trump insinuó que eso cambiará en cuestión de días, mientras las negociaciones para un acuerdo marco avanzan con relativa fluidez. “Nos trataron muy mal hasta hace poco. Ahora nos tratan muy bien. Es como un mundo diferente”, declaró el presidente estadounidense, quien dejó en claro que mantiene su amenaza arancelaria como moneda de cambio para acelerar un eventual pacto con Bruselas.
Mientras tanto, las bolsas y los mercados globales han mostrado una mezcla de cautela e indiferencia ante la ofensiva. El índice S&P 500 apenas se inmutó tras los anuncios, lo que se atribuye a que los inversores comienzan a acostumbrarse a las medidas de Trump y a apostar por su posterior rectificación. Sin embargo, algunos analistas advierten que la inflación podría verse impulsada al alza por el incremento efectivo en el promedio de aranceles estadounidenses, que, según el Yale Budget Lab, ya ha alcanzado el 17.6%, el nivel más alto en casi 90 años.
A pesar del impacto macroeconómico, Trump insiste en que esta estrategia sirve tanto para presionar por acuerdos como para reposicionar a EE UU como potencia manufacturera, buscando la reversión de los déficits comerciales y atraer más empleos al país al obligar a las empresas a relocalizar su producción. El uso de los aranceles como palanca de poder también se extiende al terreno diplomático: durante una reunión con líderes africanos en la Casa Blanca, Trump sugirió que los acuerdos comerciales podrían utilizarse para resolver conflictos geopolíticos, al estilo de "si ustedes pelean, nosotros no comerciamos".
En otro ejemplo del uso extendido de las medidas proteccionistas, el presidente también anunció que planeaba imponer a Brasil un arancel del 50 %, en parte debido al trato que ha recibido su expresidente Jair Bolsonaro, su aliado político. En una carta en su red Truth Social, Trump dijo al actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva que "la forma en que Brasil ha tratado al expresidente Bolsonaro... es una vergüenza internacional". Aunque el volumen de comercio bilateral entre EE UU y Brasil fue de unos 92.000 millones de dólares en 2024, el presidente estadounidense también ha acusado al país sudamericano de "no haberse portado bien" con Estados Unidos.
Lo que antes eran rondas de negociaciones técnicas y multilaterales se han transformado en un flujo constante de cartas y mensajes amenazantes, con plazos firmes, exigencias y consecuencias explícitas. Trump ha convertido la política comercial en una serie de demandas con efectos inmediatos, aprovechando el desequilibrio de poder que le ofrece el tamaño de la economía estadounidense frente a sus interlocutores.
La estrategia de presión se mantiene firme, y aunque no ha desencadenado una reacción económica violenta a corto plazo, sí ha logrado paralizar decisiones de inversión y generar un clima de negociación tensa, especialmente en países que dependen de sus exportaciones a EE UU, como algunos Estados mienbros de la UE.


