La UE acelera la búsqueda de un pacto con EE UU antes de que Trump imponga nuevos aranceles
La relación comercial entre la Unión Europea y EE UU se encuentra nuevamente en una encrucijada, y esta vez el reloj corre con mayor presión. El presidente estadounidense, Donald Trump, había marcado el 9 de julio como fecha límite para alcanzar acuerdos comerciales con sus socios. Sin embargo, ante la imposibilidad de concretarlos a tiempo, la Casa Blanca ha elegido el 1 de agosto como día clave para obtener avances sustanciales o imponer nuevas oleadas de aranceles más altos.
En este contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y Trump mantuvieron en las últimas horas una llamada telefónica para evaluar los progresos y allanar el camino hacia un “principio de acuerdo”, según fuentes comunitarias.
Aunque Bruselas ha optado por no revelar muchos detalles sobre la conversación, el contacto directo entre los máximos responsables políticos revela la intensidad y urgencia de unas negociaciones que hasta hace semanas no habían dado pasos concretos gracias a las nuevas exigencias de Washington. Se trata de un impulso clave que busca evitar que la mayor relación comercial del planeta —valorada en 1.7 billones de euros en 2024— entre en una nueva fase de hostilidades económicas.
Trump, en esencia, ha concedido una prórroga tácita para las negociaciones, pero también ha dejado claro que actuará unilateralmente si no percibe resultados “satisfactorios”. Su estrategia incluye el envío de cartas oficiales a los socios comerciales de EE UU, incluida previsiblemente la UE, en las que anunciará una tasa que podría aumentarse a partir del 1 de agosto, clasificando a los países según el avance de las negociaciones.
Mientras tanto, en Bruselas, la presión interna crece. Alemania, cuya industria automotriz es uno de los blancos preferidos del mandatario estadounidense, encabeza el grupo de países que busca cerrar un pacto rápido, incluso si no es del todo favorable. Otros Estados miembros, más reacios a ceder, prefieren prolongar el pulso comercial antes que firmar un mal acuerdo. Sin embargo, todos comparten una preocupación común: evitar que los aranceles en curso y las nuevas amenazas dañen aún más una economía europea ya castigada por la inflación y la ralentización industrial.
¿Qué tipo de acuerdo está sobre la mesa?
La Comisión Europea aspira a lo que denomina un “buen acuerdo” para las empresas europeas, los consumidores y la economía global. En la práctica, sin embargo, las concesiones exigidas por Washington complican esa aspiración. Estados Unidos plantea, por ejemplo, imponer aranceles del 17% a los productos agrícolas europeos, además de mantener o reajustar gravámenes ya vigentes del 25% a vehículos, 50% a acero y aluminio, y un 10% general a múltiples productos.
Trump también ha insinuado que su Gobierno clasificaría a los países en tres grupos según el nivel de progreso negociador, según reporta el portal POLITICO. Solo aquellos con pactos “provisionales” podrían aspirar a una rebaja tarifaria significativa. Para el resto, los aranceles volverían con fuerza. La Unión Europea, consciente de ese marco de presión, intenta alcanzar al menos un principio de acuerdo que la sitúe en una posición intermedia y evite el grupo más castigado.
La conversación entre Von der Leyen y Trump ha sido calificada como un “buen intercambio” por fuentes comunitarias, pero no se han difundido detalles concretos. A pesar de ello, la Comisión confirma que los trabajos continúan tanto a nivel técnico como político. El contacto podría interpretarse como un intento de mostrar voluntad negociadora ante las inminentes decisiones unilaterales de Trump, más que como una señal de avances sustanciales.
Von der Leyen podría viajar próximamente a Washington para escenificar un acuerdo, si este se alcanza. De momento no hay planes oficiales, pero la posibilidad está sobre la mesa, y su ejecución dependerá de que ambas partes encuentren una fórmula aceptable antes de que se impongan nuevas tarifas.
Entre la pragmática y la resistencia: las divisiones internas de la UE
El debate interno en Europa refleja la clásica tensión entre realismo económico y defensa estratégica. Mientras Alemania y otros países exportadores como Irlanda presionan para pactar cuanto antes y proteger a sus sectores más vulnerables, otros miembros como Francia abogan por resistir las presiones estadounidenses y evitar que Europa firme acuerdos desequilibrados que puedan dañar su soberanía comercial a medio plazo.
Hay consenso, no obstante, en que cualquier acuerdo será menos beneficioso que el statu quo anterior al regreso de Trump. La cuestión que enfrenta Bruselas no es si el pacto será bueno, sino cuánto estará dispuesta a ceder para evitar una escalada mayor. El panorama es complejo, y el margen de maniobra, limitado. La UE intenta salvar una relación comercial estratégica sin convertirse en rehén de una política arancelaria impredecible. @mundiario


