Trump presiona con nuevos aranceles: una carrera contrarreloj para cerrar acuerdos comerciales
La Administración del presidente Donald Trump ha puesto en marcha una táctica agresiva para acelerar la firma de acuerdos comerciales con diversos países, especialmente aquellos con los que Estados Unidos mantiene déficits significativos. Según las declaraciones de los funcionarios del Gobierno, el objetivo es claro: lograr nuevos pactos antes del 9 de julio para evitar la entrada en vigor de mayores aranceles el 1 de agosto.
Para lograrlo, la Casa Blanca planea esta semana enviar cartas a países que aún no han cerrado tratos con Washington. Algunas naciones, como Vietnam, ya han firmado acuerdos que incluyen importantes concesiones, mientras que otras, particularmente economías más pequeñas, están en la mira de una presión creciente.
Según comentó a CNN el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el enfoque de la Administración se centra en 18 relaciones comerciales que representan el 95% del déficit estadounidense. En sus propias palabras: “Ahí es donde estamos concentrando los esfuerzos”. Las otras cartas, que podrían superar el centenar, se dirigen especialmente a países con los que Estados Unidos mantiene intercambios limitados y aranceles base del 10%.
La estrategia parece buscar rapidez y efecto inmediato, evitando negociaciones complejas y largas. Trump mismo lo resumió. “Es mucho más fácil enviar una carta diciendo: esto es lo que van a pagar si quieren hacer negocios en Estados Unidos”. Se espera que los aranceles para aquellos países sin acuerdos previos puedan incrementarse significativamente, incluso hasta un 40% en algunos casos.
Un ejemplo del enfoque práctico adoptado por la Casa Blanca es el reciente acuerdo con Vietnam. Inicialmente, Trump había propuesto un arancel del 46 % sobre las importaciones vietnamitas, pero finalmente se pactaron tasas más bajas: 20 % sobre bienes generales y 40 % en casos de transbordo. A cambio, Hanaói accedió a abrir su mercado a productos estadounidenses con arancel cero.
Este caso demuestra que, aunque la amenaza arancelaria es el motor principal de la negociación, existe margen para ajustes. Las tasas impuestas varían y se adaptan según las respuestas de los países involucrados.
Un método poco ortodoxo, pero consistente
La estrategia es una continuación de su ofensiva en abril, cuando Trump anunció incrementos tarifarios que provocaron inestabilidad en los mercados. En ese entonces, la mayoría de esas medidas fueron suspendidas por 90 días para brindar tiempo a los demás países a entablar negociaciones con la Casa Blanca, manteniéndose solo los aranceles base del 10% como incentivo. Esa pausa expira este 9 de julio y, salvo avances en los acuerdos bilaterales, los nuevos aranceles entrarían en vigor el 1 de agosto.
La Administración ha reiterado que mantiene "la máxima presión". Si bien no se han publicado todos los detalles, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, ha dejado entrever que los aumentos serán inevitables para aquellos países que no respondan a tiempo.
Una de las características del enfoque actual es su opacidad. El presidente y sus asesores han evitado dar detalles sobre qué países recibirán cartas, cuáles han cerrado acuerdos o qué sectores específicos se verán afectados. Tampoco han aclarado si la suspensión de la implementación de los gravámenes para agosto representa una nueva prórroga o si la amenaza arancelaria se aplicará tal como se ha planteado.
Lo que sí es evidente es que el objetivo es modificar el equilibrio comercial mediante presión directa, una herramienta que Trump ha utilizado antes y que parece querer perfeccionar en este nuevo ciclo.
El ultimátum para el 1 de agosto forma parte de una estrategia de negociación acelerada, centrada en cerrar acuerdos bilaterales con rapidez, aplicando presión sobre los países que Trump considera relevantes y estratégicos, basándose en los déficits comerciales y sus mercados. Aunque algunos tratos ya han sido firmados y otros parecen estar en camino, el panorama sigue siendo incierto. @mundiario


