Canadá amansa a Trump y elimina el “impuesto digital” para reactivar las negociaciones con EE UU

Ottawa cede ante la presión de Washington y retira una medida que buscaba gravar a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses, en un giro que ha logrado preservar las conversaciones comerciales.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney y el presidente de EE UU, Donald Trump. /White House
El primer ministro de Canadá, Mark Carney y el presidente de EE UU, Donald Trump. /White House

En un gesto que ilustra perfectamente el uso de la influencia política y económica de Estados Unidos sobre sus socios comerciales, Canadá anunció a última hora del domingo la retirada del impuesto a los servicios digitales que debía entrar en vigor este lunes. La decisión, adoptada por el nuevo primer ministro Mark Carney, tiene un objetivo claro: reabrir las negociaciones con la Administración del presidente Donald Trump y evitar una escalada comercial con su principal socio económico.

El impuesto, aprobado en 2020 pero aún no implementado, contemplaba un gravamen del 3% sobre los ingresos generados por compañías tecnológicas —como Amazon, Google o Meta— a partir de la actividad de usuarios en Canadá. Su aplicación, además, tendría carácter retroactivo desde 2022, lo que aumentó el malestar en Washington. Aunque Ottawa había defendido durante años la legitimidad de la medida, las prioridades estratégicas cambiaron tras la victoria de Trump y la necesidad de preservar el marco de cooperación comercial vigente.

La presión ejercida desde la Casa Blanca fue fulminante. El viernes, el presidente Trump calificó el impuesto como “un ataque directo y flagrante contra Estados Unidos” y anunció, a través de su red Truth Social, la ruptura inmediata de las negociaciones comerciales. La amenaza de mantener los aranceles adicionales a las exportaciones canadienses, incluidos sectores sensibles como el aluminio, el acero y los automóviles, disparó las alarmas en Ottawa.

El mensaje fue recibido con claridad por el Gobierno de Carney, que ese mismo fin de semana ordenó retirar la medida para facilitar un nuevo proceso negociador. “Esta decisión permitirá progresos vitales en la negociación de una nueva relación económica y de seguridad con Estados Unidos”, señaló el ministro de Finanzas canadiense, François-Philippe Champagne, en un comunicado.

El regreso del “estilo Trump”

El episodio es también una muestra de cómo el estilo combativo de Trump en materia comercial sigue marcando la agenda internacional. No es la primera vez que Canadá experimenta esta clase de presión: en su anterior mandato, el republicano impuso aranceles al acero y aluminio canadienses, y no dudó en utilizar el antiguo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) como herramienta para redibujar unilateralmente el equilibrio económico en favor de Estados Unidos.

La nueva postura de Ottawa evidencia que el estilo de Trump no solo genera confrontación, sino también resultados tangibles, a pesar de que Carney fue elegido específicamente para contrarrestar sus presiones. Aún así, la visión de Ottawa es lógica: al cancelar el impuesto digital, Canadá busca proteger el acceso preferencial a un mercado que representó más de 760.000 millones de dólares en comercio bilateral el año pasado. El riesgo de represalias comerciales o de deterioro de las inversiones era demasiado elevado para ignorarlo.

La ofensiva estadounidense contra el impuesto digital canadiense formaba parte de una tendencia global más amplia en oposición a medidas similares. Por ejemplo, la Unión Europea ha promovido mecanismos análogos con el objetivo de gravar los beneficios de las grandes empresas tecnológicas en los países donde generan valor, y no solo en aquellos donde están domiciliadas. Sin embargo, el enfoque canadiense, al incluir la aplicación retroactiva, fue considerado especialmente agresivo por la Administración estadounidense.

En ese contexto, Ottawa se ve ahora obligada a ajustar su estrategia y volver a confiar en las negociaciones multilaterales para abordar los desafíos fiscales del entorno digital. Mientras tanto, la eliminación del impuesto digital ya ha cumplido su función y ha despejado el camino para retomar el diálogo con Washington y abre la puerta a un nuevo acuerdo comercial antes del 21 de julio, fecha fijada por ambos gobiernos para alcanzar un entendimiento.

La maniobra también tiene implicaciones en la política interna. La llegada de Mark Carney al poder fue interpretada como una señal de cambio respecto a la etapa de Justin Trudeau, quien había experimentado una evolución de posturas más pasivas a más firmes frente a la Casa Blanca. Sin embargo, Carney ha optado por un enfoque más pragmático y orientado al consenso con Trump, como quedó claro en su visita al Despacho Oval en mayo y en la cumbre del G7 en Alberta.

Pese a su retirada, el Gobierno canadiense ha advertido que no renuncia del todo a la idea de gravar los servicios digitales, y que solo “pausa” su aplicación mientras dure la negociación bilateral. El mensaje que busca emitir es claro: Ottawa no abandona sus principios, pero prioriza la estabilidad económica en un momento de tensión comercial creciente. @mundiario

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