La amenaza de Trump a España tensiona la recta final para evitar la guerra comercial con la UE
El pulso entre el presidente de EE UU, Donald Trump, y el jefe del Ejecutivo español, Pedro Sánchez, ha adquirido un nuevo cariz internacional. La negativa de España a sumarse al incremento del gasto militar hasta el 5 % del PIB —un objetivo que Trump impone como sello de su política exterior y de seguridad— ha sido recibida con una amenaza directa: “van a pagar a través del comercio”, advirtió el mandatario estadounidense. Esta declaración, lanzada en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y en plena recta final de las conversaciones para evitar una guerra comercial entre la Unión Europea y EE UU, ha encendido las alarmas en Bruselas y ha añadido tensión a una negociación ya de por sí compleja.
Aunque Sánchez ha intentado separar ambos planos —defensa y comercio—, subrayando que son “ámbitos completamente distintos”, lo cierto es que la interconexión política es ineludible cuando quien la fuerza es la Casa Blanca. Trump ha demostrado que no duda en mezclar alianzas militares con presión económica. Y ahora, el precio de la disidencia española en materia de defensa podría ser una represalia arancelaria que arrastre a toda la UE.
La UE se encuentra en un momento delicado. Quedan menos de dos semanas para el 9 de julio, fecha que Trump ha marcado como límite para alcanzar un pacto comercial con Bruselas. Aunque este jueves los negociadores estadounidenses enviaron una nueva propuesta a la Comisión Europea, las amenazas vertidas por Trump no han pasado desapercibidas. Cualquier castigo a España compromete a toda la Unión, y la presión para cerrar filas con Sánchez es tan política como institucional.
En este contexto, líderes como el nuevo canciller alemán, Friedrich Merz, o el presidente francés, Emmanuel Macron, apremian a alcanzar un acuerdo rápido, aunque advierten de que este debe ser equilibrado. Alemania, con sus exportaciones de automóviles y acero en el punto de mira, y Francia, celosa de su soberanía comercial, reclaman garantías. Y la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, juega a dos bandas: analiza la nueva oferta de Washington mientras advierte de que la UE también está preparada para responder si no se llega a un pacto satisfactorio.
Trump, imprevisible pero efectivo
La estrategia de Trump, basada en la presión asimétrica y la negociación al borde del abismo, está funcionando. Ha logrado que la cuestión de los aranceles se convierta en un problema prioritario para la UE, desplazando incluso los objetivos iniciales de autonomía estratégica europea. Su amenaza de imponer aranceles del 25 % al sector del automóvil o del 50 % al acero y aluminio preocupa en particular a países como Alemania o Polonia, que ven cómo la incertidumbre afecta ya a sus industrias.
La clave del éxito del presidente republicano radica en su imprevisibilidad. Cada vez que lanza un ultimátum, deja abierta la puerta al acuerdo. Pero también siembra dudas sobre la consistencia de sus compromisos. Europa sabe que, aunque ahora la meta es un pacto comercial, si la negociación fracasa, Trump puede volver a cuestionar su aportación a la defensa de los aliados europeos dentro de la OTAN. El chantaje está servido.
En este tablero geopolítico, Sánchez ha quedado en una posición especialmente vulnerable. Su negativa a incrementar el gasto militar —España se mantiene en torno al 2,1 % del PIB— ha sido interpretada por Washington como una falta de compromiso estratégico. Y aunque el resto de líderes europeos no le han reprochado directamente su postura, el silencio no siempre es respaldo. Países como Dinamarca ya han advertido que la UE debería preparar una respuesta proporcional si se aplican medidas comerciales unilaterales por parte de EE UU.
Sánchez ha optado por apoyar sin fisuras la línea de negociación de la Comisión Europea, evitando convertirse en un obstáculo. Pero su papel como chivo expiatorio podría tener consecuencias internas y externas. Si Trump convierte su amenaza en realidad y adopta medidas comerciales específicas contra España, el Gobierno tendrá que decidir si responde por su cuenta o si sigue confiando en la cobertura comunitaria.
El factor Von der Leyen: una jugada global
Frente a esta encrucijada, la presidenta de la Comisión ha lanzado una jugada inesperada: reforzar la cooperación comercial con el bloque del CPTPP —la alianza transpacífica liderada por Asia y América Latina— e incluso explorar la posibilidad de formar una nueva arquitectura global de libre comercio, con EE UU fuera del tablero, al menos de forma temporal. Una iniciativa ambiciosa, que busca neutralizar el unilateralismo estadounidense con alianzas multilaterales y reglas claras.
El respaldo de líderes como Merz o el primer ministro polaco, Donald Tusk, refuerza esta vía. Pero también muestra hasta qué punto Europa se prepara para el peor escenario: el fracaso del acuerdo con Trump y el inicio de una nueva fase de tensión comercial transatlántica. @mundiario





