El déficit comercial de EE UU creció en mayo entre la incertidumbre por los aranceles

Un aumento del 11% en el déficit comercial revela los efectos caóticos de unos aranceles imprevisibles y una economía con síntomas de fatiga.
Contenedores en el Puerto de Miami. / RR. SS.
Contenedores en el Puerto de Miami. / RR. SS.

La economía estadounidense vuelve a caminar con muletas. Y esta vez no por una crisis financiera global ni por una pandemia. El tropiezo tiene autor conocido: las políticas arancelarias erráticas de Donald Trump, que ha regresado a la Casa Blanca con la promesa de “proteger la economía nacional” mientras genera una espiral de incertidumbre que distorsiona el comercio exterior y enfría el crecimiento. El último dato lo dice todo: en mayo, el déficit comercial de bienes ascendió a 96.600 millones de dólares, un 11% más que en abril. El salto no es aislado, sino parte de una montaña rusa provocada por amenazas, amagos y rectificaciones que han convertido el comercio global en un tablero de apuestas.

Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, intentó proyectar confianza esta semana asegurando al Congreso que la economía “se encuentra en una posición sólida”, a pesar de la elevada incertidumbre. Pero la realidad, cruda y ruidosa, parece desmentirle. Porque en paralelo al desbordamiento del déficit, la Oficina de Análisis Económicos confirmó que el PIB del primer trimestre se contrajo a un ritmo anualizado del -0,5%, más de lo previsto. La "fortaleza" de la economía empieza a parecer una fachada sujeta con alfileres.

Lo que ocurre con el déficit comercial no es solo una cifra. Es el síntoma visible de un trastorno mayor: la desestabilización de las reglas del juego económico. En marzo, el déficit ya había alcanzado un récord histórico por culpa de las prisas empresariales por importar antes de que se activaran los nuevos aranceles. Después vino abril con una tregua parcial, y ahora mayo devuelve el problema al primer plano. Las reglas han cambiado, pero no porque haya un nuevo marco más justo o eficiente, sino porque no hay reglas estables. Trump ha instalado una lógica de improvisación constante, como si la economía fuera un reality show.

Aranceles: la promesa de control que siembra caos

La idea de Trump era simple: subir aranceles para reducir el déficit comercial. Pero la ejecución ha sido caótica. Su anuncio de “aranceles recíprocos” el 2 de abril, bautizado como el día de la “liberación económica”, fue seguido por un frenazo, una rectificación y una prórroga improvisada para cerrar acuerdos. ¿El resultado? Un escenario en el que las empresas adelantan operaciones, desajustan sus previsiones y los analistas tiran a la basura cualquier modelo previo de comportamiento comercial.

Lo más irónico es que los aranceles no están funcionando según su objetivo. En lugar de reducir el déficit, lo están agravando. En mayo, EE UU exportó 9.700 millones menos que en abril, mientras que las importaciones se mantuvieron estables. Las barreras comerciales no están impulsando las ventas exteriores ni reduciendo la dependencia de productos foráneos: están simplemente desordenando todo. La economía no se protege así; se desorienta.

Una economía con síntomas de fatiga

El otro gran dato que estalla junto al déficit comercial es el del PIB: EE UU se contrajo en el primer trimestre más de lo esperado, con una caída del 0,5% en términos anualizados. La cifra puede parecer moderada, pero tiene un valor simbólico potente. Porque mientras la Administración Trump insiste en su relato de fortaleza y soberanía económica, los indicadores reales comienzan a mostrar agotamiento. Y lo hacen justo cuando el país debería estar capitalizando el fin de la inflación postpandemia y el crecimiento de la productividad digital.

Esta combinación de indicadores negativos no puede despacharse como una simple anomalía. Es el reflejo de una economía que no solo vive bajo presión, sino también bajo confusión. Y si algo ahuyenta el crecimiento es, precisamente, la falta de previsibilidad. ¿Qué empresa va a invertir si no sabe qué tipo de impuestos, aranceles o represalias comerciales habrá en seis meses?

El déficit comercial se ha convertido en un espejo político. Refleja no solo el desequilibrio entre exportaciones e importaciones, sino la lógica del poder que guía ahora la política económica de Estados Unidos. Una lógica que privilegia la narrativa del enfrentamiento y el repliegue sobre la construcción de consensos o estrategias a largo plazo. Que se comunica con tuits y amenazas, no con tratados sólidos ni reformas estructurales.

Trump sigue vendiendo el aislacionismo como una estrategia de fuerza. Pero los datos lo contradicen. A mayor proteccionismo, más vulnerabilidad. A mayor ruido, menos crecimiento. Estados Unidos no está ganando la guerra comercial; la está redefiniendo como un conflicto sin estrategia ni final claro. @mundiario

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