Soriano puede seguir fichando sin ton ni son que a Benassi le da igual
El fútbol, como la política, deja huellas estadísticas que delatan los discursos. En el caso del Deportivo de La Coruña, la fotografía de la temporada ofrece una conclusión inquietante: no hay columna vertebral. Ni en el eje de la defensa ni en el del ataque. Y cuando un equipo carece de estructura estable en ambas áreas, la explicación no suele estar en la mala suerte, sino en la planificación.
La sucesión de parejas de centrales a lo largo de la temporada es el síntoma más visible. Loureiro-Noubi, Noubi-Comas, Noubi-Barcia, Loureiro-Comas… todas las combinaciones posibles han pasado por el once titular en cuestión de meses, por decisión del entrenado, Antonio Hidalgo. No se trata de ajustes puntuales por lesión o sanción, inevitables en cualquier campeonato. Es una dinámica estructural. La zaga cambia cada jornada como si el equipo estuviese todavía en pretemporada. Pero Fernando Soriano, máximo responsable del desaguisado, sigue erre que erre: "En ningún momento planteamos ningún cambio. Tenemos 4 centrales más la opción de Ximo, más Samu".
En el fútbol profesional, la estabilidad defensiva no es un capricho estético: es una necesidad competitiva. Las mejores parejas de centrales de cualquier categoría se consolidan con continuidad, comunicación y automatismos. Cuando un entrenador no logra fijar una dupla de referencia tras más de media temporada, el problema trasciende lo táctico. Remite a la calidad —o adecuación— de los fichajes, en este caso todos ellos de Fernando Soriano.
En el Deportivo de La Coruña hay inestabilidad en el centro de la defensa y falta de gol. Pero eso es algo que a Benassi y a Soriano no le preocupa
El mismo patrón se repite en el puesto de delantero centro. Hasta cuatro futbolistas han ocupado la demarcación sin que ninguno haya logrado consolidarse como referencia ofensiva. En un equipo que aspira a competir con solvencia, el ‘9’ no puede ser un experimento permanente. Es el ancla del sistema ofensivo, el jugador que convierte el dominio territorial en puntos. Sin un goleador fiable, los partidos se convierten en ejercicios de ansiedad. En este caso Soriano ensaya una frase evasiva sobre la falta de un goleador: "Se valoraron diferentes nombres más por precaución que por necesidad ahora mismo". Pero eso a Antonio Hidalgo, aunque trague todo lo que le echen sus jefes, de poco le sirve.
Los resultados lo evidencian: victorias sufridas, derrotas consecutivas por detalles, partidos en los que el equipo genera pero no transforma. El déficit de gol no es una percepción, es una constante. Y cuando la plantilla sigue necesitando un delantero diferencial a estas alturas, el diagnóstico apunta directamente a la dirección deportiva, diga lo que diga el ejecutivo italiano afincado en A Coruña.
Más interrogantes que certezas en el verano
Fernando Soriano, responsable del área, llegó con la misión de dotar al Deportivo de coherencia en el mercado. Sin embargo, el balance del verano dejó más interrogantes que certezas. Refuerzos llamados a marcar diferencias que aún no lo han hecho. Incorporaciones que no han elevado el nivel competitivo. El mercado de invierno corrigió parcialmente la portería y el lateral derecho, pero evitó intervenir en las posiciones estructurales que más condicionan el rendimiento: el centro de la defensa y el remate.
Hay otro dato no menos elocuente: cerca de una decena de jugadores del Deportivo tuvieron que ser cedidos y varios más siguen en plantilla con una participación testimonial. Esa acumulación habla de una política de fichajes sin jerarquía clara, sin apuesta decidida por perfiles nucleares. En vez de reducir el margen de error, se ha multiplicado. Y en el fútbol profesional, la inflación de contratos sin rendimiento es una forma silenciosa de descapitalización. Claro que también puede serlo de otra cosa.
Benassi sale en defensa de Soriano
Aun así, el director general, Massimo Benassi, ha salido públicamente en defensa de Soriano desde las páginas de La Opinión. No solo eso: ha pedido ya su renovación, subrayando la voluntad del club de prolongar su vínculo más allá del año que le resta. La declaración, lejos de transmitir estabilidad, introduce un elemento de desconcierto. ¿Qué evaluación interna justifica una continuidad reforzada cuando el equipo carece de una estructura consolidada en el campo? ¿Es así como pretenden devolverle al Deportivo la gloria y grandeza alcanzada con Augusto César Lendoiro?
En el fútbol moderno, los proyectos se miden por indicadores verificables: solidez defensiva, regularidad en las alineaciones clave, aportación goleadora de los perfiles específicos, eficiencia en el mercado. Si esos parámetros no se cumplen, el respaldo institucional exige una explicación convincente. De lo contrario, se interpreta como resistencia al cambio.
El Deportivo no es un club cualquiera. Su historia reciente —ascensos, descensos, crisis institucionales— ha convertido cada decisión deportiva en un asunto estratégico. La estabilidad no se proclama en ruedas de prensa: se construye en el césped, jornada tras jornada, con una defensa reconocible y un delantero que marque diferencias. Mientras eso no ocurra, la sensación de provisionalidad seguirá marcando el pulso de la temporada en este difícil camino de vuelta a la Primera División.
La pregunta, en última instancia, no es si Fernando Soriano debe continuar. Es si el club puede permitirse seguir sin una columna vertebral definida. Porque en el fútbol profesional, como en cualquier organización compleja, la improvisación reiterada no es un método: es un síntoma. Y los síntomas, cuando se ignoran, acaban convirtiéndose en diagnóstico. @mundiario


