Ganar empieza aceptando que también puedes perder
“Si quieres ganar… prepárate para poder perder”. No es derrotismo; es higiene mental.
Lo explicó Joan Vives Ribó en una conferencia que todo deportista debería ver con libreta en la mano. Porque el enemigo, casi siempre, no es el rival: es la obligación que nos imponemos cuando confundimos probabilidad con destino.
El veneno de las certezas
El deporte vive enamorado de los porcentajes. “Tenemos un 80% de ganar”, repetimos, como si el 20% restante fuese un mosquito sin importancia. Vives lo dice sin rodeos: “Con alta probabilidad surge una expectativa obligatoria (¡tenemos que ganar!)”. Y ahí aparece la trampa. Cuando el partido no obedece al guion —una racha mala, un árbitro severo, un día húmedo— lo que era confianza se convierte en deuda. Y las deudas pesan. Aparecen el gesto torcido, el pase precipitado, la vergüenza sorda. El 20% que borramos del discurso se cobra su factura con intereses.
Dos finales, un mismo error
España llegó como favorita a la final del Eurobasket 2007. España favorita frente a Rusia, la celebración estaba planchada... sin embargo, Rusia ganó. Aquel mismo día, en Rusia, la final del Europeo de voleibol: Rusia favorita ante España… y ganó España.
Mismo clima de triunfalismo, desenlaces opuestos. La diferencia no fue solo técnica: quién estaba preparado para la posibilidad de perder cuando cambió el viento.
Lenguaje que aprieta o libera
Los deportistas no compiten con cifras, compiten con palabras en la cabeza. No es lo mismo “tenemos que ganar” que “queremos ganar”. La primera cierra; la segunda abre. Con “tengo que” el error es sacrilegio. Con “quiero” el error es información. Parece semántica, pero es neurolingüística de bolsillo: la frase que te dices condiciona la intensidad, la atención y la toma de decisiones. El lenguaje no solo describe la realidad: la construye.
La positividad que hace daño
Hay consignas que quedan bien en un póster y fatal en el campo. “En tu mente no puede haber otra posibilidad que no sea ganar”. Bonito. Inútil. Si no entrenas el imprevisto, el imprevisto te entrena a ti. La confianza sana no promete resultados: promete respuestas. “Quiero ganar y sé qué haré si las cosas van mal". ¡Eso sí sirve!
Dos bucles, dos destinos
-Bucle disfuncional (probabilidad/obligación): probabilidad alta → expectativa rígida → señal adversa → frustración/estrés → peor juego → realidad empeora.
-Bucle funcional (posibilidad/deseo): queremos ganar + el rival puede complicar → señal adversa → aceptación + ajuste → foco en cómo jugar → mejor juego → realidad cambia.
Lo que separa un bucle del otro no es el talento: es la actitud ante lo que no controlas.
Un recordatorio para el oficio
El entorno —afición, redes, tertulias— vive de probabilidades.
El deportista profesional vive de posibilidades.
Los periodistas esperan resultados; los deportistas los provocan.
¿Cómo? Con entrenamiento, disciplina y una actitud que parece humilde y es feroz: aceptar que todo puede pasar… y estar listo para responder.
No se trata de renunciar a la ambición.
Al contrario: es protegerla del autoengaño.
Ganar empieza aceptando que también puedes perder.
Ahí, en ese centímetro de realidad, cabe la diferencia entre derrumbarse o competir mejor que nadie cuando tiembla el suelo.
“Negar la posibilidad de perder es la primera trampa mental del competidor"
(Joan Vives Ribó, 2022).
Si busca una consigna para la pared del vestuario, que sea esta: Deja de vivir de la probabilidad y empieza a entrenar tus posibilidades. Lo demás es estadística; esto es rendimiento. @mundiario


