El Deportivo tiene ahora un entrenador de Primera División

Pepe Mel con sus jugadores en Riazor. / A.V.
Pepe Mel con sus jugadores en Riazor. / A.V.

Ni el consejero Fernando Vidal ni el director deportivo Richard Barral son responsables de los fiascos anteriores. El máximo responsable en una sociedad deportiva es su presidente. Para lo bueno y para lo malo. Si Pepe Mel triunfa, también lo hará Tino Fernández.

El Deportivo tiene ahora un entrenador de Primera División

Varios periodistas y columnistas deportivos de MUNDIARIO alertaron, de manera razonada, sobre la imperiosa necesidad del cambio en el banquillo del Deportivo de La Coruña, pero no se trata ahora de ponernos medallas, sino de mirar al futuro, con los pies en la tierra. Cada uno sabe bien lo que dijo en cada momento. Y cada uno elige sus compañías en cada etapa.

Tal vez es pronto para cantar victoria en el Deportivo de La Coruña pero no para constatar que Pepe Mel es un entrenador que sabe de fútbol y que domina la técnica de dirección de un equipo. Bastó ver su eficaz trabajo profesional en la banda de Riazor ante el Atlético de Madrid (1-1) para comprobar algo de todos sabido desde hace muchos años.

Suceda lo que suceda en lo poco que resta de Liga, el Deportivo tiene ahora un entrenador de fútbol de Primera División. Otra cosa es si todos sus jugadores son también de Primera y si todos están en las condiciones físicas adecuadas. Algunos parece que no.

Pepe Mel. / RR SS

Pepe Mel. / RR SS

El experimentado Pepe Mel –exitoso, aunque algo irregular– es el quinto entrenador del Deportivo de La Coruña bajo la presidencia de Tino Fernández, el hombre que relevó al mejor presidente de la historia del Deportivo, Augusto César Lendoiro, quien hizo al equipo campeón de Liga, Copa y Supercopa, así como asiduo de la Champions. Los cuatro técnicos anteriores de Tino Fernández fueron Fernando Vázquez –procedente de la etapa de Lendoiro, fue cesado de manera incomprensible–, Víctor Fernández –lejos de sus tiempos de esplendor–, Víctor Sánchez del Amo –incapaz de controlar el vestuario– y Gaizka Garitano, todavía verde para un equipo de Primera. Todo ello en apenas tres años, lo cual invita a hacer mejor las cosas en el futuro.

Según la prensa afín a Tino Fernández, el técnico Pepe Mel fue "elegido" por el presidente, que también había "escogido" a Víctor Sánchez del Amo. No así a Víctor Fernández, quien habría llegado con el "respaldo" del consejero Fernando Vidal, ni a Gaizka Garitano, que habría "recibido el aval" del director deportivo, Richard Barral.

Para cesar a Garitano se reunió todo el consejo de administración. No consta que sucediese lo mismo para nombrar al sustituto "elegido", si bien se supone que ambas decisiones corresponden al órgano colegiado del Deportivo.

Atribuir a Fernando Vidal y a Richard Barral responsabilidades que también se supone compartidas por el consejo de administración deja en mejor lugar a Vidal y a Barral que a quienes echan balones fuera.

Fernando Vidal es un experimentado empresario, habituado a tomar decisiones importantes y a asumirlas, pero, aunque pudo haberlo sido, no es el presidente del Deportivo de La Coruña

El consejero Fernando Vidal es un experimentado empresario, habituado a tomar decisiones importantes y a asumirlas, pero, aunque pudo haberlo sido, no es el presidente del Deportivo de La Coruña. Sus responsabilidades en el área deportiva son las que son y no parece justo cargarle ningún muerto. Menos aún a Barral, un director deportivo sometido a las decisiones del consejo de administración y de su presidente.

En definitiva, ni el consejero Fernando Vidal ni el director deportivo Richard Barral son responsables de los fiascos anteriores en el banquillo del Deportivo de La Coruña. El máximo responsable en una sociedad deportiva es su presidente. Para lo bueno y para lo malo. Si Pepe Mel triunfa, también lo hará Tino Fernández, como desean todos los deportivistas.

En Waterloo, la batalla que significó el final definitivo de las guerras napoleónicas, a nadie se le ocurrió bautizar el fracaso con otro nombre que no fuese Napoleón Bonaparte. Ninguno de los 26 mariscales del emperador durante el Primer Imperio Francés –ni siquiera Murat– salió a relucir, del mismo que modo que cuando el éxito acompañó a Napoleón en la campaña de Italia nadie discutió los méritos de Bonaparte. A veces la historia nos enseña a poner las cosas en su sitio. @J_L_Gomez

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