El Deportivo de Garitano ni siquiera sabe sacar el balón desde atrás

Garitano, entrenador del Deportivo de La Coruña.
Garitano, entrenador del Deportivo de La Coruña.

Tampoco sabe conservar la pelota en los saques de banda, carece de fútbol, rifa el balón y tiene desolada a una afición acostumbrada a ver buen juego, al menos en la etapa de Lendoiro como presidente.

El Deportivo de Garitano ni siquiera sabe sacar el balón desde atrás

No hay peor ciego que el que no quiere ver. El entrenador del Deportivo de La Coruña, Garitano, es un especialista en esa materia: su equipo pierde partido tras partido porque no sabe jugar, pero él atribuye la situación a la mala suerte y a una supuesta crueldad del fútbol, dos disculpas recurrentes de los malos perdedores. Lejos de echarlo y de fichar jugadores de calidad, su presidente, Tino Fernández, busca un enemigo exterior. Así, los árbitros serían los culpables de que el Deportivo no consiga más puntos.

Se ve que Garitano y Fernández no son precisamente fans de Abraham Lincoln, quien ya sentenció hace mucho tiempo que "se puede engañar a todo el mundo algún tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo".

Hablemos claro: el Deportivo de Garitano ni siquiera sabe sacar el balón desde atrás. Cualquier otro equipo de Primera sabe hacerlo sin recurrir siempre a rifar el balón en saques en largo. Tampoco sabe conservar la pelota en los saques de banda –se ve que no preparan cosas elementales incluso en regional–, carece de fútbol propiamente dicho y tiene desolada a una afición acostumbrada a ver buen juego, al menos en la etapa de Augusto César Lendoiro como presidente.

En lo que va de Liga, el Deportivo ha sido goleado, humillado y derrotado de manera reiterada. Como le pasa a todos los equipos, ha sufrido arbitrajes mejores y peores, pero si no gana es sencillamente porque no sabe jugar al fútbol. Y eso no se soluciona echándole la culpa a los árbitros, por muy malos que hayan sido algunos con el Deportivo. Una situación así se arregla con un entrenador que sepa de fútbol y tenga personalidad ganadora y, por supuesto, con una plantilla con un mínimo de calidad.

El ex presidente del Deportivo, Augusto César Lendoiro.Augusto César Lendoiro, ex presidente del Deportivo de La Coruña. / Mundiario

 

Decía Lendoiro que para tener un buen equipo hay que partir de tener un buen portero, que dé garantías; un buen defensa central, que sepa defender y ordenar su parcela; un centrocampista creativo que a la vez sepa replegar y defender, y un delantero que marque goles. A estos cuatro jugadores se les deben acoplar otros siete futbolistas afines, a las órdenes de un entrenador que sepa de fútbol. Pero sin esa base de al menos un jugador sólido por línea no se puede construir un equipo de verdad. El Deportivo de Lendoiro casi siempre tuvo ese tipo de porteros (Liaño, Molina...), ese modelo de defensas (Djukic, Noureddine Naybet...), esa referencia de centrocampistas (Mauro Silva, Valerón, Djalminha...) y ese tipo de delanteros (Bebeto, Tristán, Makaay, Rivaldo...). El Deportivo de Tino Fernández, siendo generosos, tiene un defensa central, Sidnei, que podría ser una buena pareja de un crack como Djukic. Es lo que hay, muy poca cosa.

De la dolorosa derrota ante el Sevilla (2-3) claro que se le puede echar la culpa al árbitro, que pudo haber señalado un penalti con el 2-1 en el marcador y también pudo haber dejado al Sevilla con diez, tras una agresión sin balón de por medio. Es verdad eso y casi nadie lo niega pero tampoco es menos cierto que al Sevilla le bastaron diez minutos para darle la vuelta al marcador, justo aquellos en los que dejó de tocar por tocar para ponerse a golear, fruto de una medida técnica adoptada, con inteligencia y pragmatismo, por Sampaoli, a la que no fue precisamente ajena la decisión de Garitano, torpe y a destiempo, de sustituir al buen lateral Juanfran por Arribas, un central suplente. En realidad, ya antes pudo haber marcado Ben Yedder, tras driblar incluso a Tyton, y Vietto, que no llegó debajo de los palos a un pase de Franco Vázquez.

Tino Fernández, presidente de Altia.
Tino Fernández es presidente de Altia, una compañía de éxito. También preside el Deportivo.

 

La ambición del Sevilla tiene mucho que ver con su entrenador, Sampaoli, y el presidente del Deportivo, Tino Fernández, debería saber ver ese tipo de cosas cuando mantiene en el puesto a Garitano, un técnico sin experiencia en el fútbol de calidad y con poco carácter ganador. En esto del fútbol no basta con ser buena gente. La realidad demuestra que este sábado, su equipo, jugando en casa, ni siquiera pudo plantarle cara a un Sevilla que dejó fuera del once inicial a varios de sus jugadores importantes para darle oportunidades a futbolistas como Ganso, Kranevitter y Sarabia, entre otros. 

El Sevilla, que –repitámoslo– no jugaba en casa sino en Riazor, se cansó de tocar y tocar ante un Deportivo a menudo acobardado, donde ningún jugador –salvo el intermitente Borges, un futbolista tico de cierta calidad que empezó de ¡suplente!– se echa el equipo encima. A pesar de excepciones como las de Borges o Sidnei, la mediocridad lleva mucho tiempo instalada en Riazor y a Tino Fernández –a quien no hay que darle la razón cuando se equivoca, sino decirle la verdad– le corresponde desterrarla.

Del mismo modo que ha sabido hacer de Altia una gran compañía, tiene talento y vocación para saber convertir el Deportivo de La Coruña en lo que ya fue: un grande del fútbol español y europeo. Todo lo que no sea eso, sobra, y todo lo que no sea eso tampoco exige la presencia de un gran profesional como Tino Fernández al frente. Para mantener la actual mediocridad bastarían las terceras filas de su consejo, tal vez incluso alguno que vestía prendas del Real Madrid por la calle. @J_L_Gomez

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