El Barça sobrevive a la pizarra de Hansi Flick
El FC Barcelona ya es famoso por remontar, y en el Ciutat de València volvió a mostrar esa piel de campeón que tanto lo distinguió la temporada pasada. El Levante fue un rival épico, intenso y sin concesiones, que vendió cara su derrota hasta el último minuto. La noche, sin embargo, parecía diseñada para la incomodidad culé: un once extraño de Flick, los fantasmas del Fair Play Financiero y la marejada interna amenazaban con un inicio en falso. Lamine insistió una y otra vez hasta provocar el error final de Elgezabal, que regaló la primera victoria liguera a los azulgranas.
El técnico alemán sorprendió con un planteamiento difícil de entender. En su afán por alinear a Rashford, sacrificó posiciones naturales y desplazó piezas claves. Raphinha fue condenado a un rol de mediapunta que lo limitó, mientras Lamine quedó enjaulado. El Barça perdió su brújula, y durante la primera parte se volcó más hacia el inglés que hacia el genio juvenil. Era un plan que no convencía a nadie, ni siquiera al propio vestuario, que lucía desordenado y falto de chispa.
Al descanso, Flick rectificó. Movió fichas con mayor lógica y el Barça recuperó su identidad: Gavi mostró más peso que Casadó, Olmo brilló como mediapunta y Pedri encendió la mecha de la remontada con un gol de los que devuelven la fe. A partir de ahí, el partido cambió de guion. Ferran empató con descaro y hasta se permitió bromear con el entrenador, como si la tensión se hubiera evaporado en un instante. El equipo volvía a reconocerse en el espejo del campeón.
Con el 2-2, Flick tiró de memoria y recurrió a la fórmula que le dio aquella inolvidable victoria ante el Benfica. Con tres centrales, dos pivotes, dos extremos bien abiertos, mediapuntas con llegada y Lewandowski como faro, el Barça se convirtió en una apisonadora. El desenlace estaba escrito: en el último suspiro, la insistencia culé se transformó en el 2-3 que evitó un ruido innecesario en días donde sobran los problemas fuera del campo.
La sensación que queda es clara: incluso cuando Flick se equivoca, este Barça tiene recursos y carácter para salvar la papeleta. El equipo conserva esa fe inquebrantable que lo llevó a conquistar la última Liga. El ruido del Camp Nou en obras, el runrún del mercado y los choques internos quedan, de momento, a un lado. Sobre el césped, el Barça sigue siendo un rodillo cuando decide apretar. La primera remontada ya está en la mochila, y el mensaje es inequívoco: este campeón aún sabe sufrir y ganar. @mundiario


