El Atlético de Madrid se abre a Apollo y busca liderar el fútbol-empresa

El club busca la expansión internacional que le permitirá ganar músculo financiero.
Una bufanda con el escudo del Atlético de Madrid. /  www.atleticodemadrid.com
Una bufanda con el escudo del Atlético de Madrid. / www.atleticodemadrid.com

El Atlético de Madrid está a las puertas de un salto estructural sin precedentes. La posible entrada de Apollo Global Management en el accionariado rojiblanco amenaza con reconfigurar no solo la propiedad del club, sino su posicionamiento en el mapa del fútbol global. Ya no se trata solo de reforzarse con nombres como Julián Alvarez, Ruggeri o Baena. La ambición deportiva de Simeone se está viendo acompañada —por fin— de un músculo financiero que puede transformar al club en algo más que un aspirante constante: en un competidor estructural de primer nivel.

Según adelantó Expansión, Apollo no solo quiere entrar en el Atlético; quiere hacerlo a lo grande. A través de una ampliación de capital en Atlético Holdco —la sociedad que agrupa el 70,39% del club— la firma estadounidense planea invertir sumas que harían del Atleti la entidad deportiva privada mejor valorada de España. ¿El precio estimado? Unos 2.500 millones de euros. Gil Marín, actual accionista mayoritario, no vendería, pero sí diluiría su participación, igual que el resto de socios relevantes como Ares Management o el magnate Idan Ofer.

Lo más interesante de este movimiento no es tanto el dinero —que también—, sino el giro de identidad. A diferencia del Real Madrid o el Barça, que siguen operando bajo el modelo de clubes de socios, el Atlético asume sin complejos su condición de sociedad anónima deportiva. Y ese modelo, aunque discutido en términos románticos, empieza a ser el que marca el paso a nivel europeo. La diferencia ahora es que, por primera vez, el Atleti parece dispuesto a jugar el juego con sus propias reglas: más capital, más proyección, más riesgo.

El detonante de todo esto fue el megaproyecto de la Ciudad del Deporte. Apollo iba a participar solo como financiador, con 600 millones para completar una inversión total de 800. Pero algo cambió. La gestora quedó fascinada por el potencial del club, tanto deportivo como comercial, y ahora baraja incluso hacerse con el control. Un movimiento que iría mucho más allá del césped: implicaría una apuesta por el Atlético como marca global, plataforma de inversión y activo estratégico. El club ya facturó 424 millones en la 23/24, pese a cerrar el ejercicio con pérdidas. El techo, está claro, aún no existe.

Desde luego, este paso genera vértigo. Algunos lo verán como una claudicación a las lógicas del capital riesgo, otros como una oportunidad irrepetible. Pero lo que nadie puede negar es que el Atlético está en la encrucijada que separa al club tradicional del proyecto internacional. Si la operación se concreta, habrá que acostumbrarse a una nueva jerarquía interna y a un tipo de toma de decisiones más ligada a informes financieros que a estados de ánimo. El reto será no perder el alma rojiblanca mientras se busca el siguiente peldaño de poder. Porque el dinero lo cambia todo, y también al Atleti. @mundiario
 

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