Onana, el regalo que Lyon celebra y la maldición que el Manchester United lamenta
André Onana ya no es un problema puntual: es un hábito. Cada vez que el United parece levantar la cabeza, ahí está el camerunés para darle un zarpazo a la esperanza. Contra el Lyon, regaló dos goles que reanimaron a un rival moribundo y sembraron el caos en una eliminatoria que debía haber acabado en Francia.
El fútbol es caprichoso, pero con Onana parece tener un guion cruel y repetitivo. Da igual que Garnacho acelere o que Zirkzee remate con precisión: el efecto se disuelve cuando el portero rival viste de rojo. Esta vez fue incapaz de blocar un centro y, más tarde, rechazó mal un disparo que acabó en el empate agónico de Cherki.
Y lo peor no es el fallo en sí, sino la sensación de que ocurrirá otra vez. Onana transmite nervios, dudas y desconfianza. Y en una competición como la Europa League, eso es una condena. Porque si algo no se perdona en Europa, es tener a un guardameta que no impone respeto ni bajo los palos ni en la grada.
Mientras el Lyon celebra un empate que parecía imposible, el United se enfrenta al espejo de sus propias miserias. Amorim puede agitar el banquillo, ordenar el mediocampo o confiar en sus jóvenes. Pero si cada disparo rival es medio gol, la estrategia sirve de poco. Onana convierte cualquier plan en un castillo de naipes.
La vuelta en Old Trafford será una prueba de carácter. Pero también de memoria. Porque si el Lyon sueña hoy con pasar de ronda, es gracias a un portero rival que se ha empeñado en reescribir la historia... en contra de su equipo. Y lo más grave es que ya nadie se sorprende. @mundiario


