Sinner no encuentra la cura: Alcaraz, su padre eterno
Hay rivalidades que alimentan generaciones y mantienen la balanza en vilo, pero la de Carlos Alcaraz y Jannik Sinner parece condenada a la asimetría. La final del US Open 2025 no fue solo una celebración más del murciano, sino la reafirmación de una jerarquía inmutable. En los partidos grandes, Sinner es siempre el aspirante, y Alcaraz el que dicta la ley.
Desde aquel inolvidable choque en Nueva York en 2022, muchos soñamos con una batalla al estilo Federer-Nadal. Los puntos imposibles, la electricidad del público y la juventud de ambos prometían una era marcada por la paridad. Sin embargo, tres años después, la ilusión se ha disipado: lo que parecía equilibrio se ha transformado en una paternidad deportiva.
El dato lo resume todo: 5-1 en finales importantes. Pero el número es apenas la superficie. Cada vez que Alcaraz enfrenta a Sinner, parece desnudar su juego con precisión quirúrgica. No es solo que lo derrote, es la manera en la que lo hace: neutralizando virtudes, anticipando movimientos y ejecutando un tenis que parece diseñado para desarmar al italiano.
Más allá de la técnica, hay un componente invisible: la psicología. Sinner puede llegar como campeón invicto de la Davis o de las ATP Finals, puede escalar al número uno, pero ante Alcaraz la memoria pesa más que el ranking. El español juega con frescura, casi con insolencia, mientras su rival se empequeñece ante la sombra de la historia compartida.
Y ese es el verdadero drama de esta rivalidad. Alcaraz no solo le gana a Sinner: le recuerda que lo hará siempre que quiera. En el deporte de élite, ese mensaje es un golpe más duro que cualquier passing. La paternidad de Alcaraz sobre el italiano no parece pasajera, sino eterna, y con ella el tenis asiste a una relación de poder que marcará la década. @mundiario


