En Hollywood se pierden las ideas originales entre adaptaciones y el poder de la televisión

Call me by your name, Mad Max Fury Road y Los archivos del Pentágono. Productoras.
Call me by your name, Mad Max Fury Road y Los archivos del Pentágono. / Productoras.

Aunque muchas historias resultan ser interesantes y bien actuadas, lo cierto es que desde hace un tiempo hemos sido testigos de que el cine está perdiendo el toque de originalidad, solo hace falta ver los últimos estrenos entre 2016, 2017 y 2018.

En Hollywood se pierden las ideas originales entre adaptaciones y el poder de la televisión

Películas como Yo, Tonya; Los increíbles 2, Call me by your name, Dunkerque, Los archivos del Pentágono, el universo Marvel… son películas fantásticas con buenas historias y excelentes producciones, pero carecen de algo: originalidad. En los últimos años Hollywood se ha volcado por apostar cada vez más por adaptaciones y mucho menos por películas originales.

Solo hace falta que nos centremos en las últimas grandes premiaciones para apreciar el tamaño del problema. En los Oscar 2018, de las nueve películas nominadas al premio de Mejor Película, cinco eran películas originales (La forma del agua, Get Out, Lady Bird, Phantom Thread y Three Billboards Outside Ebbing, Missouri); mientras que en 2017 solo tres fueron películas originales (Manchester by the Sea, Hell or High Water y La La Land), otras cintas como Moonlight eran “basadas en”, alguna obra, libro o biografía de algún personaje famoso. Aunque 2018 la situación fue sostenible, solo en 2016 todas las películas estuvieron basadas en algo, Bridge of Spies se basaba en un personaje real, La habitación era una adaptación, Mad Max: Fury Road es una suerte de secuela y la gran ganadora de la noche de aquel año fue Spotlight, que se basó en el momento en que un pequeño medio destapó los escándalos por abusos sexuales.

Obviamente, Hollywood enfrenta una crisis de ideas y puede que sea un momento en que las productoras cada vez temen más apostar por contenido original. En casos de, por ejemplo, Phantom Thread y La forma del agua, eran películas de directores notables como Guillermo del Toro y Paul Thomas Anderson; mientras que la única opera primera fue Lady Bird que se convirtió en la gran sorpresa del año y que a pesar de todo, contó con un corto presupuesto.

Sin duda abunda la falta de originalidad en todos los campos. Desde la animación hasta el drama, mientras que en la capital del cine se enfrenta a una guerra por la desigualdad entre hombres y mujeres, o problemas por darle visibilidad a las minorías; además del aluvión de abusos sexuales que han salido a la luz durante los últimos años. Junto a estos problemas, hay que sumar la popularidad de las plataformas dedicadas a la TV como HBO, Netflix, Hulu o Amazon Prime; que cada vez apuestan por contenidos muy interesantes y originales. Una cuestión que ha ganado más relevancia gracias a que más estrellas de cine se rinden por trabajos televisivos. Meryl Streep, Sean Penn o Amy Adams son algunos de ellos.

Los guiones adaptados se encargan de colmar todos los estrenos de cada semana, desde biopics hasta secuelas. Es cada vez más común que los largometrajes sean mucho menos arriesgados por temor a generar algún rechazo entre el público que hacen patentes su molestia rápidamente a través de las poderosas redes sociales.

Además, hay que sumar el auge de los best seller, que con solo presentar historias famosas entre una gran cantidad de lectores, ya son lo suficientemente buenos como para buscar hacer una película de ellos. Estas opciones hablan de apostar por lo seguro y más rentable. Incluso, directores de los que se esperan grandes cosas, como Damien Chazelle o Greta Gerwig que se dieron a conocer por títulos originales, han continuado su carrera presentado biopics o viejas adaptaciones. Chazelle presentó recientemente First Man, basada en la vida de Neil Armstrong; mientras que Gerwing se prepara para dirigir una nueva versión del clásico Mujercitas.

No decimos que estos largometrajes “basados en” sean malos, pero claramente la industria está dejando atrás una gran cantidad de talento para poder apostar por lo seguro antes de arriesgarse a perder algo de dinero. Desde los años 60 y 70, en Hollywood no se vive una época de creatividad, puesto que ya son historia grandes cineastas como Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg o George Lucas; que finalmente se han retirado o han caído en las mismas redes de secuelas y adaptaciones. @mundiario

 

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