Elvis trae de vuelta a otro artista único, el director Baz Lurhmann

Baz Lurhman y Austin Butler (el intérprete de Elvis) en un encuentro de Twitter Movies.
Baz Lurhman y Austin Butler (el intérprete de Elvis) en un encuentro de Twitter Movies.

Con solo 6 largometrajes en su carrera, el director australiano ha conquistado el séptimo arte con un estilo único e irrepetible. Romeo+Julieta le encumbró a la gloria en 1996.

Elvis trae de vuelta a otro artista único, el director Baz Lurhmann

Baz Lurhmann lleva nueve años sin ofrecernos un largometraje cargado de color, música y pasiones. La última vez que disfrutamos de su despliegue estilístico fue en 2013 con la adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald, El gran Gatsby que ganó dos premios Oscar a la Mejor Dirección Artística y Mejor Vestuario. Y de nuevo con Leonardo DiCaprio como desesperado enamorado, esta vez de Carey Mulligan. Lurhmann hizo vibrar al público con su, ya habitual, ritmo trepidante, no a base de acción, sino de música, baile y color.

Fue precisamente con el rostro del rubio californiano de ojos azules como el director australiano se dio a conocer en todo el mundo. Su Romeo+Julieta de William Shakespeare, estrenada en 1996, fue una auténtica revolución. Llenó los cines durante semanas y las carpetas de las colegialas empezaron a forrarse con las angelicales y enamoradas cabezas de Leonardo DiCaprio (Romeo) y Claire Dance (Julieta).

Claire Dance y Leonardo DiCaprio en Romeo+Julieta.
Claire Dance y Leonardo DiCaprio en Romeo+Julieta.

Claire enganchó el éxito de la serie Es mi vida con esta asombrosa adaptación que Lurhman, junto a su guionista de cabecera, Craig Pearce, hicieron de la obra inmortal de Shakespeare. Quizá nadie se haya atrevido a hacer algo tan revolucionario como lo que hizo el australiano con Shakespeare, mezclando música y vestuario moderno con los diálogos clásicos de los personajes del dramaturgo inglés.

Aunque Baz Lurhmann se había ganado al público y la crítica de Cannes con su primer largo, El amor está en el aire (Strictly Ballroom), en 1992, y ganado allí el Premio a la Juventud, no fue hasta Romeo+Julieta que su nombre retumbó con fuerza en la esfera cinematográfica de todo el mundo.

Moulin Rouge, en 2001, confirmó que lo suyo no era un golpe de suerte creativo sino un estilo propio, muy elaborado y madurado que ponía el acento en grandes números musicales y en el romance. En esta ocasión, nos llevó al París bohemio de 1900 y seguimos los pasos de una estrella del Moulin Rouge, una fantástica Nicole Kidman cuando aún, su rostro, conservaba las más mundanas expresiones faciales que ha perdido por el camino a golpe de bisturí. Ewan McGregor era el enamorado sin una moneda en el bolsillo que lucharía por su amor frente a un poderoso duque. Dos Premios Oscar recompensaron el trabajo de Lurhmann en las categorías de Mejor Dirección Artística y Mejor Vestuario. Los mismos que se llevó por El gran Gatsby.

Entre medias de ambos filmes, nos sorprendió con una historia alejada del tono musical: Australia. Un canto de amor visual a su tierra y con dos australianos encabezando el reparto, Nicole Kidman y Hugh Jackman. Nuevamente alejándose de los años presentes, nos llevó a 1939 y cruzó a dos personajes opuestos: una aristócrata inglesa superficial y un ganadero tosco. La semilla del amor estaba plantada ya.

Nicole Kidman y Hugh Jackman en Australia.
Nicole Kidman y Hugh Jackman en Australia.

Tras trabajos en series de televisión y publicidad, Lurhmann ha encarado el reto de ahondar en la figura de Elvis y de su manager Tom Parker con un previo y laborioso trabajo de documentación que se ve plasmado en sus más de dos horas y media de metraje. “Es la mejor parte de hacer una película. Si pudiera solo vivir de la documentación sin pisar el set de rodaje ni la sala de montaje, lo haría. Te conviertes en un detective porque quieres llegar al núcleo del tema siendo científico, pero, al final, tienes que ponerte la gorra de dramaturgo porque no vas a hacer una película que dure 42 años”, declaraba en una entrevista a la revista Fotogramas.

Este viernes, los cines acogen la nueva obra del Baz Lurhmann que es, no solo, una nueva oportunidad de sucumbir a los encantos de una puesta en escena, una fotografía y un despliegue musical absorbente, sino una ocasión única de espiar los entresijos de la relación entre un manager y su estrella. Y, ojo, ¡qué estrella!. Elvis solo ha habido uno: único e irrepetible. @opinionadas en @mundiario

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