Francisco, un papa valiente

Los pueblos indígenas fueron marcados a sangre y fuego. El Papa manifiesta su dolor, implora perdón a Dios y acude para manifestar cercanía y rezar con ellos y por ellos. 
Papa Francisco. / ACI Prensa
Papa Francisco. / ACI Prensa

Francisco es un referente papal, distinto y diferenciado de todos los demás predecesores. No se le puede negar que se esté dejando la piel por defender las convicciones en las que cree. Esto no significa que sea mejor ni peor que los demás, pero su estilo no se parece a ninguno de ellos. Posee una impronta que le da caracteres de único entre todos.

Aquí solo quiero referirme al lado humano de su visita a Canadá, exclusivamente para pedir perdón por el mal que cometieron tantos cristianos con los indígenas. Estos se comportaron como colonialistas y no le importa decirlo con todas las palabras, porque así fue. Aquellos cristianos satánicos produjeron muchos males a los indígenas y la Iglesia Católica cooperó con ellos y se mostró indiferente.

Oprimieron a estos pueblos originarios. Arrancaron de sus familias a ciento cincuenta mil niños, obligándoles a entrar en internados para extraerles su cultura y costumbres, obligarles a vivir de forma distinta a lo que estaban habituados. Hicieron esto en nombre de Dios y los sometieron a maltratos, contrajeron enfermedades nuevas y murieron unos cuatro mil, enterrándolos en fosas comunes, sin ninguna identificación.

Los consideraron de casta inferior y creyeron que su obligación era darles una vuelta completa, convirtiéndoles a la fe católica, con toda clase de medios violentos, si fuera necesario. Este es uno de los mayores ejemplos de dónde puede llegar el fanatismo religioso y la falta de respeto por la igualdad. Fueron esclavizados en nombre de la Iglesia. ¿Ha sido verdad todo esto?

Es verdad, aunque cueste creerlo, por eso el Papa manifiesta su dolor, implora perdón a Dios y acude para manifestar cercanía y rezar con ellos y por ellos. Se trata de un proceso de reconciliación, que empieza ahora. Reconoce que la política de asimilación y desarticulación con escuelas residenciales fue nefasta. Por eso pide perdón. Lo hace un pontífice anciano ya, que ha llegado en silla de ruedas, porque una de sus rodillas le impide andar. Un día se puede quedar en el intento, pero su fuerza de voluntad le impide permanecer descansando en El Vaticano, que es lo que se merece por su edad. Quiere colaborar para poder sacar del sufrimiento a estos seres humanos.

“Fue un error devastador”, proclama y lleva razón. Arruinó su forma de vida, los arrancó de su familia, acabó con su lengua cultural, los puso a la fuerza en otros lugares, solos e indefensos, sometiéndolos al poder de gentes que no eran sus mayores, a quienes obligaron a obedecer bajo castigos crueles. No creo que nadie dejara de ver que todo esto era una barbarie, pero nadie se atrevía a denunciarlo. Lo impedían las estructuras sociales vigentes. Lo mejor era callar y mostrarse cobardes para seguir viviendo bien. Ni sus convicciones cristianas, ni tan siquiera su fe les impulsaron a ponerse en pie ante tanto sufrimiento. Ni siquiera pensaron que tal proceder era incompatible con el espíritu del Evangelio. Tenían encima una superestructura, que impedía pensar y rebelarse.

Establecieron toda una política de ‘asimilación-forzosa’ a las directrices de los colonizadores cristianos. Los pueblos indígenas fueron marcados a sangre y fuego. No importaba si morían, porque solo perdían escoria. ¡Cómo será encontrarse con ex alumnos de estas escuelas residenciales! ¡Qué pensarán, que dirán en la actualidad! ¿Habrán sanado sus necesidades o les atormentarán todavía hoy?

Todo esto sucedió hace nada, como quien dice. Fue a finales del siglo XIX y a finales del siglo XX. Se crearon 139 centros, que financiaba el Gobierno federal y administraban órdenes religiosas, la mayoría de la Iglesia Católica. Allí procedían mediante palizas, agresiones sexuales, racismo y repudio cultural. Es decir, que se trataba de abusos en toda regla. Angus Reid difundió un sondeo en abril, que informó de que el sesentaisiete por ciento de los católicos canadienses no participaba en servicios religiosos. Parecen muchos, pero el dato me resulta sorprendente, por no haber caído definitivamente la religión católica todavía. Tan importantes datos debieron haberla destruido en la raíz, pero las instituciones seculares se resisten a morir.

Ha tenido que ser un hombre anciano, de ochentaicinco años, con evidentes problemas físicos, quien ha volado a Canadá, sin poder caminar y utilizando una silla de ruedas, para encontrarse con los indígenas y pedirles perdón por los atropellos cometidos. Esto es digno de admiración. “Nadie puede borrar la dignidad violada”, les ha dicho “Águila Blanca”, como alguno le ha llamado. El Papa se ha puesto sus tocados, especialmente el sombrero de plumas de sus jefes, rechazando el ‘genocidio cultural’, que se practicó. Una cultura no se puede destruir por mucho que se intente, incluso ejerciendo las mayores crueldades.

El primer paso está dado. Era inevitable, conociendo a Francisco. Ahora queda todavía mucho trabajo por hacer. Estoy seguro de que se hará. Francisco resulta conmovedor en su visita a Canadá para disculparse ante los indígenas. Por otra parte, a veces la muerte es piadosa. ¿Qué pasaría hoy con los responsables de semejantes violencias, si no hubieran muerto ya? Habría sido condenados por la justicia civil con la máxima gravedad. Es mejor que se hayan ido al otro mundo, donde, acaso, están purgando sus muchos pecados. A Dios se le presenta un gran problema: quizás no los puede perdonar nunca. Qué mal funciona, a veces, este mundo, que desde luego no puede ser el mejor de los posibles, a pesar de Leibniz. @mundiario 

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