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EE UU considera que una intervención militar no es una “respuesta sensata” para la salida de Maduro

El ajedrez político en Venezuela permanece trancado. La crisis se ha convertido en un laberinto para el 85% de la población, sumida en la miseria y el desgaste social, mientras que coloca a la oposición en un callejón sin salida.
EE UU considera que una intervención militar no es una “respuesta sensata” para la salida de Maduro
El enviado especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams / Voz de América.
El enviado especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams / Voz de América.

“Todas las opciones están sobre la mesa, incluida la opción militar”. Así dio inicio el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en agosto de 2018, a la política exterior de la mayor potencia del planeta para atender una crisis que ahora se extiende mucho más allá de los problemas domésticos del país con la economía más devastada y el estado de caos social interno más alto de América, Venezuela. La nación sudamericana, separada de EE UU por el Mar Caribe, es percibida por la Casa Blanca como una amenaza de inestabilidad política para Latinoamérica, que es la zona geopolítica más cercana y estratégica para Washington en todo el mundo. 

Sin embargo, el abanico de opciones y tácticas de la Administración Trump para poner la lupa del poderío financiero, diplomático y geopolítico del país norteamericano sobre la compleja y tensa situación en Venezuela, se ha desgastado en sanciones económicas-comerciales que obligan al régimen comunista de Nicolás Maduro a utilizar subterfugios para evadir los mecanismos de presión de esas medidas restrictivas e importar gasolina, petróleo y exportar oro para sobrevivir al bloqueo que Washington le impuso en el sistema financiero internacional y en el mercado de deuda. 


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En medio del intrincado camino de obstáculos que la Casa Blanca le ha colocado al régimen chavista, Maduro ha subsistido en su ecosistema de poder oxigenado por la jerarquía militar que lo blinda bajo el lucrativo monopolio de rentas en euros en efectivo (no en dólares por las sanciones), con el cual su Gobierno ha conformado una estructura de rentas para garantizar el respaldo en bloque de la cúpula armada, que también es apoyada por la cooperación técnico-militar de Rusia, enemigo histórico de EE UU. 

La "opción militar"

Entonces, la tan sonada y políticamente publicitada “opción militar” se ha desvanecido en el discurso y en la presunta intención implícita del simbólico presidente interino de Venezuela, el líder opositor Juan Guaidó, abanderado por Washington como su potencial agente de cambio de sistema en el país. 

Es por ello que el enviado especial del Departamento de Estado de EE UU para Venezuela, Elliott Abrams, contradijo la posición de Trump e insinuó un posible desinterés de la Casa Blanca en el uso de la fuerza para deponer a Maduro. 

“María Corina Machado es libre de decir lo que quiera. Ella vive en un realismo mágico y está haciendo un llamado a un plan B, no creo que eso sea una respuesta sensata a lo que la gente necesita. Hay que empezar desde las bases con los venezolanos”, dijo el diplomático estadounidense este pasado miércoles en una entrevista concedida al canal de televisión colombiano NTN24.

Abrams se refiere a lo que Machado, líder radical de la oposición venezolana y aliada política de Juan Guaidó, ha planteado reiteradamente como “la única salida posible para Venezuela”, que según ella, consiste en una “operación de paz y estabilización”; un evidente eufemismo para connotar la solicitud a Donald Trump de una intervención militar armada directa o indirecta de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos (tal como hizo en 1989 en Panamá contra el entonces presidente y dictador Manuel Noriega) para forzar a Maduro a dejar el poder y detenerlo por la orden captura que la Fiscalía General de EE UU emitió en marzo contra el mandatario socialista por los presuntos delitos de narcotráfico, corrupción y lavado de dinero con una recompensa de 15 millones de dólares en efectivo.  

¿Una utopía de la oposición venezolana?

Claro está, María Corina Machado -líder del partido político Vente Venezuela y pretendida aspirante presidencial futura del país- basa su retórica en sugerir que se conforme una coalición de países aliados entre los que reconocen a Guaidó como presidente interino (55 países incluyendo EE UU) para “organizar una intervención humanitaria multinacional bajo el prinicipio internacional de la Responsabilidad de Proteger (R2P), amparado por la Organización de Naciones Unidas”, según ha explicó recientemente la dirigente opositora en una entrevista en CNN.

No obstante, Abrams, como representante in situ de la política exterior de presión total de Estados Unidos contra el régimen de Maduro, insiste en que la propuesta de Machado es “un plan B surrealista”.

Esto implica que, bajo esa declaración, con un Donald Trump muy enfocado en atender la crisis de Estados Unidos por la pandemia y en lograr su reelección para la Presidencia en noviembre, podría descartarse por ahora una intención a corto o mediano plazo de Washington en aplicar algún tipo de acción militar para disuadir a Maduro a negociar el poder, a aceptar una transición pacífica o a hacer concesiones políticas para que entregue cuotas y espacios del poder progresivamente mediante algunas condiciones. 

“La oposición está debatiendo sobre qué hacer. Esa es una decisión que los líderes políticos necesitan tomar. No estamos tratando de imponer una fórmula”, aseguró el funcionario estadounidense.

Así queda la estrategia de EE UU en Venezuela

Claramente, Washington no prevé inmiscuirse en la política de la oposición, pues no cree en la salida electoral que apoya un sector opositor, sino que mantiene su apoyo a Guaidó como agente de presión política interna y de control de los recursos financieros que EE UU le incauta al régimen de Maduro a modo de sanción para propiciar una ruptura en la estructura económica con la que sostiene su aparato militar y, por ende, la prolongación de su poder sobre todo el país. 

Abrams dijo que “la comunidad internacional continúa apoyando a los venezolanos”, así como que “la oposición debe organizar a los ciudadanos para impulsar un cambio político con el apoyo del mundo”.

Sin embargo, el régimen de Maduro controla todo el Estado y sus instituciones, lo cual hace muy cuesta arriba para la oposición lograr un cambio político interno, pues una transición de Gobierno y de sistema para solucionar las distorsiones de su destruida economía es la vía más segura en beneficio de la población venezolana, una transición a la cual se opone y bloquea rotundamente la élite política del chavismo.

“La tarea es muy dura. Muchos países alrededor del mundo han enfrentado una situación similar a la de Venezuela. El consejo que les puedo dar es que traten de mantener a la oposición unida. Sepan que las democracias del mundo no van a titubear para darles apoyo”, sentenció el agente de Trump para la crisis venezolana.

El ajedrez político en Venezuela permanece muy trancado. La crisis se ha convertido en un laberinto para el 85% de la población, sumido en la miseria y el desgaste social, mientras que coloca a la oposición en un callejón sin salida ante una casta política que se rehúsa a entregar el poder y a poner fin a la hegemonía de 21 años del chavismo, que planea transformarse en una dinastía para gobernar el país en una línea de tiempo tan larga como la del régimen comunista en Cuba. @mundiario