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  <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Celestino García Braña»]]></title>

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    <description><![CDATA[MUNDIARIO | Primer periódico global de análisis y opinión]]></description>
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      <title><![CDATA[MUNDIARIO :: RSS de «Celestino García Braña»]]></title>
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  <title><![CDATA[La arquitectura moderna, entre la memoria y el futuro]]></title>
      <category><![CDATA[OPINIÓN]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/opiniones/arquitectura-moderna-entre-memoria-futuro/20251025133000360522.html</link>
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  <pubDate>Sat, 25 Oct 2025 13:30:00 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Celestino García Braña]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[El valor cultural de la arquitectura del siglo XX debe ser reivindicado, de ahí que proceda conservarla como patrimonio colectivo, adaptándola a los desafíos del presente. / Discurso de clausura del XIII Congreso de la Fundación Docomomo Ibérico.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hemos llegado al acto de clausura de este decimotercer Congreso de la Fundación Docomomo Ibérico, organizado con tanto entusiasmo y eficacia por la ETSA de A Coruña y el COAG. Ambos, con notable capacidad de convocatoria, han logrado sumar a esta iniciativa a numerosas administraciones e instituciones que, a través de diversas colaboraciones, quisieron participar. Esta circunstancia resulta especialmente significativa, no solo por las ayudas recibidas que lo han hecho posible, sino, sobre todo, porque ha permitido despertar el interés de buena parte de la sociedad gallega hacia estas cuestiones.</p>

<p>Mis más sinceras felicitaciones y agradecimientos a todos los implicados, a los que, estoy seguro, se unen también todos los asistentes. Será difícil superar una organización tan precisa y eficaz como la que habéis llevado a cabo: todos los participantes disponemos ya de las actas de lo aquí desarrollado, y quienes no asistieron pueden consultarlas en la página web de la Fundación. Una lectura atenta y sosegada confirmará, sin duda, la calidad de sus contenidos. Gracias, asimismo, por el clima de convivencia que habéis sabido crear y por la excursión de hoy al Arsenal de Ferrol, difícilmente superable, por la que expresamos nuestro agradecimiento a su almirante.</p>

<p>Martin Heidegger recordaba en 1951 que hay dos acciones que son potestativas de los humanos: hablar y construir. Y cuando decía que “construir es inevitable para el hombre” añadía que “construyendo poéticamente expresamos los humanos el sentido de nuestro habitar sobre la tierra”. Esa idea del construir poético constituye, en esencia, lo que llamamos Arquitectura.</p>

<p>He traído aquí esta cita para subrayar que lo que realmente nos preocupa en la Fundación Docomomo Ibérico es cómo dotar de sentido al quehacer arquitectónico en el presente. Esta es la pregunta radical, la que todo lo engloba. Y es en la aspiración a contestarla donde encontramos argumentos para promover la conservación de determinados edificios, que no puede ser, por tanto, un principio —sería muy miope y parcial—, sino solo una consecuencia.</p>

<div class="related-content related-content-inner clearfix">
<ul class="colorize-text">
	<li>
	<figure class="image capture"><img width="120" height="68" alt="" src="/asset/zoomcrop,480,270,center,center//media/mundiario/images/2025/10/22/2025102220342258863.jpg" /></figure>

	<div class="article-data"><a href="/articulo/sociedad/congreso-docomomo-iberico-reivindica-coruna-dialogo-entre-arquitectura-paisaje/20251022204129360199.html">El Congreso Docomomo Ibérico reivindica en A Coruña el diálogo entre arquitectura y paisaje</a></div>
	</li>
	<li>
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	<div class="article-data"><a href="/articulo/sociedad/docomomo-iberico-pide-ley-que-proteja-arquitectura-moderna-siglo-xx/20251025133000360520.html">Docomomo Ibérico pide una ley que proteja la arquitectura moderna del siglo XX</a></div>
	</li>
</ul>
</div>

<h2>Dos tareas complementarias</h2>

<p>Porque construir nuestros territorios se resuelve abordando, al menos, dos tareas complementarias: cómo construir hacia el mañana y qué papel otorgamos a los edificios heredados, que conforman gran parte de nuestros hábitats y dotan de identidad a nuestras sociedades. Como bien recordaba Churchill: “Los hombres hacen los edificios, pero los edificios acaban haciendo al hombre”.</p>

<p>Por lo tanto, bien pensado, conformar nuestros entornos requiere estrategias diversas y, con frecuencia, simultáneas. A veces se trata de abatir, en ocasiones de conservar y otras de construir, y las tres exigen un bien fundamentado juicio arquitectónico. Pero, como bien sabemos, no siempre se ha alcanzado este ponderado discernimiento. Hubo épocas en que el desprecio hacia la conservación, acompañado —todo hay que decirlo— del afán de lograr beneficios económicos, a veces escandalosos, derivó en la destrucción de notables edificios.</p>

<p>Hace treinta años, al advertir la acelerada desaparición de numerosos edificios aún de reciente construcción, la Fundación Docomomo Ibérico centró su actividad en promover su conservación, conscientes de los valores culturales que aportaban y, en consecuencia, de la pérdida que suponía su demolición, que implicaba también extraviar parte de nuestra memoria colectiva. Me refiero, naturalmente, a aquellas arquitecturas surgidas, inicialmente, en torno a la Primera Guerra Mundial y prolongadas a lo largo del siglo XX, fruto de un momento histórico en que se confiaba ciegamente en el progreso.</p>

<p>En arquitectura, significó, entre otras cosas, decir adiós a las composiciones basadas en cánones clásicos como las simetrías o las perspectivas axiales. Principios que fueron sustituidos por otros, asumiendo que satisfacer plenamente las funcionalidades a cumplir era esencial y que lograrlo con eficacia era la prioridad en la organización de cada edificio. Esta nueva arquitectura adoptaba, por tanto, la lógica de la máquina como modelo.</p>

<p>Con similares razonamientos, se impuso el uso de materiales industriales que respondían más eficazmente a las exigencias de la construcción. Así, el acero laminado, el hormigón y el vidrio fueron acogidos con entusiasmo —y a veces con ingenuidad— por arquitectos que buscaban, con fervor, encontrar en ellos eficacia constructiva y, al mismo tiempo, cauces inéditos de expresión poética. También ellos quisieron hacer arquitectura, y no solo construir.</p>

<p>Aquellos materiales no solo eran más eficaces que los del pasado: al mismo tiempo facilitaron nuevas posibilidades expresivas que enriquecieron nuestro acervo cultural, modificando desde entonces nuestros gustos y revalidando aquella afirmación de Churchill. En efecto, desde entonces nuestra sensibilidad se identificaría, en buena medida, con aquellos cánones que, identificados con el nombre de Movimiento Moderno, acabarían conquistando un espacio bien conocido y muy interpretado en nuestra historia. Y si estos edificios fueron capaces de modificar nuestra sensibilidad, merecen seguir formando parte de nuestro entorno como testimonio de una etapa fundamental de nuestra historia.</p>

<figure class="image"><img width="1364" height="949" alt="Celestino García Braña. / Mundiario" src="/media/mundiario/images/2025/10/25/2025102512015588366.jpg" />
<figcaption>Celestino García Braña. / Mundiario</figcaption>
</figure>

<h2>Los desafios</h2>

<p>En aquel tiempo se intentó responder, entre otros, a los siguientes desafíos:</p>

<ul>
	<li>
	<p>Resolver los problemas de vivienda con nuevas tipologías acordes a una sociología familiar cambiante.</p>
	</li>
	<li>
	<p>Inundar de luz las aulas de escuelas y facultades.</p>
	</li>
	<li>
	<p>Mejorar la eficacia y el ambiente interno de hospitales y centros de investigación.</p>
	</li>
	<li>
	<p>Crear amplios centros comerciales.</p>
	</li>
	<li>
	<p>Proporcionar espacios adecuados en las fábricas y grandes estructuras para el transporte y los espectáculos de masas.</p>
	</li>
	<li>
	<p>Lograr que los edificios administrativos abandonaran el engolamiento del poder para ser más eficaces, cómodos, luminosos y transparentes.</p>
	</li>
	<li>
	<p>Y, sin olvidar los lugares de culto, demostrar que el recogimiento podía encontrarse entre perfiles metálicos, duro hormigón y diáfanos vidrios, materiales capaces de acoger fervores espirituales.</p>
	</li>
</ul>

<p>¿Una iglesia de hormigón? ¿Por qué no? Ahí está Nuestra Señora de las Nieves en Bar Boo (Vigo), con su atmósfera religiosa, y otras que recurrieron a materiales industriales, como el rudo Viroterm en la iglesia madrileña de García de Paredes.</p>

<p>Aquellos arquitectos mostraron que podía haber belleza bajo las bóvedas de hormigón: en el mercado de San Agustín, incrustado en la ciudad histórica coruñesa y elevado a la categoría de catedral del comercio; en la Lonja de Pescados del Gran Sol en el puerto de A Coruña; en centros escolares como la Universidad Laboral de A Coruña (1961), de José López Zanón y Luis Laorga, que muchos habéis visitado con entusiasmo estos días; o en el colegio Saladino Cortizo de Vigo (1965), de D. Pernas, y el de Los Milagros (1965), de Luis Laorga, que dejaron huella en quienes allí estudiaron.</p>

<h2>Las nuevas necesidades</h2>

<p>La exploración de las nuevas necesidades del habitar se concretó en ejemplos tan diversos como el Poblado Minero de Fontao (1953), de Joaquín Basilio y César Cort, o la Unidad Vecinal nº 3 (A Coruña, 1965), de J. A. Corrales, seguramente el ejemplo de viviendas colectivas más logrado en la España de aquellos años. Del mismo modo, Javier Suances supo amparar la clausura de las monjas en Ourense, y Castañón de Mena, junto a Yordi Carricarte, demostraron que una central hidroeléctrica, como la de Belesar, podía alcanzar lo sublime. Por citar solo aquellos ejemplos gallegos incluidos en el Plan Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del Siglo XX.</p>

<p>Estos edificios de radical modernidad se integraron en nuestra vida cotidiana y abrieron un nuevo universo de sensaciones. Entraron en universidades, en la industria, en hospitales y templos, y nos revelaron con elocuencia el nuevo sentido poético del habitar. Algunos ejemplos, bien conocidos, fueron mostrados en Harvard; asistieron doctorandos españoles y se mostraron asombrados de su propio desconocimiento. Una tarea que urge rectificar.</p>

<p>Pero también sufren las consecuencias del paso del tiempo: deterioro físico y funcional que demanda cuidados, mantenimiento y adaptación a las nuevas exigencias técnicas. Con frecuencia, requieren intervenciones importantes para seguir siendo útiles y, al mismo tiempo, permanecer dando lecciones de calidad arquitectónica. La fidelidad hacia ellos exige superar rehabilitaciones rutinarias que anulen sus valores. Exigen, por el contrario, intervenciones creativas que conjuguen respeto al pasado con propuestas imaginativas capaces de descubrir nuevas expresividades.</p>

<p>Sus argumentos poéticos deben inspirar los nuestros, aunque ya no sean los mismos. Muchos de sus principios siguen siendo válidos, pero algunas de sus respuestas han caducado, lo que demanda inevitables adaptaciones para que la arquitectura responda siempre a los retos de cada presente. Y el más urgente de todos es hoy la sostenibilidad frente al cambio climático, consecuencia de la confianza irreflexiva en el consumo y el mercado.</p>

<h2>Docomomo Ibérico</h2>

<p>Cuando Docomomo Ibérico inició su labor, a principios de los noventa, una generalizada indiferencia facilitó la desaparición de edificios notables. Hoy, por el contrario, estamos en pleno proceso de reconocimiento institucional de sus valores culturales. De hecho, junto a los ministerios de Cultura y de Vivienda y Agenda Urbana, las comunidades autónomas y distintas asociaciones avanzamos en la redacción del Plan Nacional de Arquitectura Contemporánea. Su objetivo es valorar, difundir y conservar este patrimonio, reconociéndolo al mismo nivel que catedrales, conventos, monasterios, fortalezas militares o pioneros de la arquitectura industrial.</p>

<p>¡Hasta aquí ha llegado su influencia!</p>

<p>Esta colaboración entre administraciones y el ámbito cultural y arquitectónico está logrando un fructífero lugar de encuentro que debe cristalizar en una legislación eficaz de protección. Andalucía y Galicia ya reconocen como patrimonio arquitectónico a proteger los edificios construidos entre 1925 y 1965 que sean expresión de aquella modernidad.</p>

<p>Pero no bastará con el BOE: será indispensable difundir estos edificios y facilitar el acceso a sus imágenes y datos informativos. Deben estar disponibles en dispositivos móviles, de forma libre y universal, acompañados de información completa. De este modo se despertará el aprecio ciudadano, verdadera garantía de su conservación, pues, como bien se sabe, solo lo que se conoce se puede llegar a apreciar.</p>

<p>De ahí la renovación total de nuestra página web en 2022. En ella se pueden consultar planos, fotografías e incluso visitas virtuales en 360º, gracias a más de cincuenta mil documentos. Entre los usuarios se encuentran historiadores, arquitectos, investigadores y estudiantes, pero también un público amplio que demuestra un interés notable y muy generalizado por estas arquitecturas. Su éxito lo demuestra la intensidad de uso, que ha superado ampliamente las más optimistas previsiones: desde su inicio en 2022 hemos contabilizado más de dos millones doscientas mil visitas; solo en este 2025 alcanzaremos las ochocientas mil.</p>

<p>Últimamente vengo repitiendo estos datos con insistencia, pues, desde mi punto de vista, este acercamiento masivo cambia por completo la perspectiva con la que este patrimonio se presenta ante nosotros, ya que ayuda a objetivar el valor de estas arquitecturas y, en consecuencia, el valor que debemos y podemos, como sociedad, otorgarles.</p>

<h2>Una novedad determinante</h2>

<p>Lo que hasta ahora podía entenderse como una suma de experiencias individuales, escasas y dispersas, surgidas de ámbitos académicos, se transforma, a partir de estos datos, en algo que adquiere otro significado, porque se presenta como una experiencia colectiva que incorpora decisivos elementos de objetividad derivados de su carácter masivo, constatable y, por tanto, ampliamente compartido.</p>

<p>Y lo que es una novedad determinante: pone de manifiesto una apetencia no sentida ni experimentada, hasta ahora, por el común de los ciudadanos: la necesidad de seguir contando con estos edificios, como sentimos la necesidad de contar con las grandes obras patrimonio de la humanidad.</p>

<p>Insistamos algo más en ello. ¡Démosle una vuelta más al argumento! ¿Qué diferencia hay entre el aprecio que mostramos por las grandes obras que se exhiben en una gran exposición —con las largas colas que se forman— y esta entrada en tropel en la página web de Docomomo Ibérico? Apenas que unas ocupan las horas del día y que la visita a nuestra web se realiza en cualquier momento y en la soledad del ordenador.</p>

<p>No me resisto a poner algún ejemplo comparativo de las expectativas que suscitaron en 2024 algunos museos muy importantes: la magnífica exposición de Isabel Quintanilla en el Museo Thyssen, que fue la más visitada del año, contabilizó 159.122 personas; el Museo Picasso de Málaga tuvo 792.353 visitantes, una cifra aproximadamente similar a la que nosotros tendremos este año (800.000). Otro dato: el Centro Nacional de Arte Reina Sofía tuvo en todo el año 1.960.249 visitas, con catorce exposiciones temporales y su colección permanente.</p>

<p>Así, puestos en común, son datos elocuentes. ¿Acaso no encontramos, en la comparación de estos números, poderosos argumentos para defender nuestra voluntad de lograr que estos edificios tengan la suficiente protección legal para asegurar su permanencia? Nuestra valoración, personal hasta ahora, ha dado un salto cualitativo radicalmente diferente, pues se ha convertido en el clamor de un sentir ampliamente colectivo.</p>

<h2>El interés desinteresado</h2>

<p>Ahora bien, la pregunta que surge es: ¿dónde está el interés desinteresado que estimula a tantos miles de navegantes de las redes informáticas para acercarse a contemplar la constelación de estos edificios modernos? Creo que la respuesta es la misma que serviría para todas las obras bellas: el puro placer de su conocimiento acompañado del disfrute que aporta la contemplación de su belleza.</p>

<p>Y como para todas las obras de arte, va acompañado inevitablemente del deseo de su permanencia. Por ello, nosotros, activistas de esta causa, argumentamos y venimos actuando, estudiando y divulgando las razones y las estrategias que conduzcan a su conservación. Porque —recuerdo— conservar lo que vale la pena es una de las acciones necesarias para construir nuestros entornos.</p>

<p>Pero atención: conservar sin embalsamar. La vida de los edificios puede ser muy larga, a veces de varios siglos. No sabemos lo que el porvenir deparará a estos que nos ocupan, pero debemos ser conscientes de que solo aquellos del pasado que han sabido adaptarse a los cambios que impone la vida han sobrevivido. Los que no supieron hacerlo, sencillamente, desaparecieron.</p>

<figure class="image"><img width="1100" height="825" alt="Catedral de Santiago de Compostela. / Mundiario" src="/media/mundiario/images/2023/07/12/2023071214260014623.jpg" />
<figcaption>Catedral de Santiago de Compostela. / Mundiario</figcaption>
</figure>

<h2>La lección de las catedrales</h2>

<p>Aprendamos la lección de las catedrales y su constante proceso de adaptación a los cambios que la vida les impuso. Es una ley de la arquitectura.</p>

<p>Nuestra aspiración no nace del afán del coleccionista, sino del que surge del artista, del arquitecto. Queremos su permanencia para que estos edificios sigan amparando la vida y, al depositar nuestra atención en ellos, continúen amparando nuestros existires.</p>

<p>Por otra parte, esta admiración que suscitan los equipara a otros grandes edificios de la historia, a las grandes cosas bellas que en el pasado han surgido, y nadie —¡nadie!— tiene derecho a provocar su desaparición por el sencillo motivo de que han dejado de ser propiedad particular para pertenecer a todos. Cuestión muy delicada, es verdad, en la que también habrá que saber elaborar las oportunas estrategias para lograrlo. Nadie ha dicho que todo este empeño sea fácil de llevar hasta sus últimas consecuencias. Solo constatamos los avances logrados… entre tanta lentitud, para no desanimarnos.</p>

<p>Otra consecuencia añadida, que deberá valorarse positivamente, es que será una mirada atenta y cargada de exigente consciencia hacia su conservación y, por ello, activa y transformadora, capaz de poner en primer plano también las demandas de las nuevas causas: la sostenibilidad, la adecuación técnica, los espacios adaptativos y las nuevas tipologías. Siempre sin extraviar la memoria acumulada del pasado, sabiendo que los caminos son diversos, pero la raíz común permanece: la vitalidad de aquella teoría y la capacidad de seducción de sus edificios.</p>

<p>Deseo que esa misma fuerza organizativa que hizo posible este recorrido de nuestra Fundación continúe en el próximo futuro. Será bajo la presidencia de Juan Antonio Ortiz, para quien reclamo el máximo apoyo y, al menos, la misma consideración que conmigo habéis tenido durante tanto tiempo. Y que dentro de dos años nos veamos en el que será el decimocuarto Congreso de Docomomo Ibérico, al que, desde aquí, en estos hermosos mares gallegos, quedamos convocados. <strong>@mundiario</strong></p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[La arquitectura moderna, entre la memoria y el futuro]]></media:title>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano]]></title>
      <category><![CDATA[EURORREGIÓN]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/eurorregion/domingo-andrade-continuidad-transformacion-enclave-compostelano/20250710094105349976.html</link>
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  <pubDate>Thu, 10 Jul 2025 09:41:05 +0200</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Celestino García Braña]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Texto leído en la presentación del libro Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano, una obra coeditada por el Consorcio de Santiago y Teófilo Edicións.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Pasé algo más de seis años gozando de la envidiable circunstancia que supuso tener despacho en la Casa de la Conga. Dos ventanas daban a Platerías, una a la Quintana, ambas me dieron la oportunidad de pasar muchas horas admirando este enclave arquitectónico y preguntándome cómo fue posible que sucesivas sociedades compostelanas acertaran a cristalizar en él sus aspiraciones, según dictaron las condiciones de cada tiempo.</p>

<p>Allí estaba la Torre del Reloj que fue la primera obra de Domingo de Andrade y también la Casa de la Conga, que fue la última, frente a frente y de concepción tan diferente. Habían pasado entre ellas cuarenta años y en ese tiempo ¿Qué había ocurrido aquí?</p>

<p>La respuesta ha dado como resultado este libro que, por tanto, no deriva de un conocimiento previo sino de aquel inicial asombro, al que siguió la paciente indagación sobre este lugar que surgió de siete intervenciones ligadas por el hilo conductor con el que, Andrade, tejió un granítico encaje de Camariñas. Un encaje en el que cada punto enlaza con el anterior y condiciona al siguiente, justo como trabajan aquellas pacientes palilleras.&nbsp;</p>

<p>¿Por qué he dicho esto? Recordemos y juzguen ustedes.</p>

<figure class="image"><img width="1700" height="1275" alt="Participantes en la presentación del libro Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano. / Mundiario" src="/media/mundiario/images/2025/07/10/2025071009315747891.jpg" />
<figcaption>Participantes en la presentación del libro Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano. / Mundiario</figcaption>
</figure>

<h2>Las nuevas urgencias</h2>

<p>En lo inmediato, todo había comenzado con la envoltura de la fachada románica de la catedral, según la inspiración barroca del canónigo José Vega y Verdugo y la construcción del Pórtico Real, obra de su arquitecto José Peña de Toro.</p>

<p>Continuó con la Torre del Reloj que Andrade construye sobre un viejo torreón que doscientos años antes, el arzobispo Lope de Mendoza había mandado edificar para servir de apoyo al transepto de la catedral que amenazaba caerse, imponiendo su contundente presencia sobre la catedral, en las Plazas de Platerías y la Quintana. No lo vemos y no todos los compostelanos lo saben, pero ahí está, debajo de la obra de nuestro protagonista, con sus aproximados diez metros de lado y algo más de cuarenta de altura.&nbsp;</p>

<p>La vida continuaba y surgieron nuevas urgencias, ahora derivadas de frecuentes robos en las dependencias del Tesoro que causaron la correspondiente alarma.&nbsp; Andrade debió pasar muchas noches sin dormir pues él era el encargado de resolver, arquitectónicamente, aquel problema y de ahí surgió el pequeño volumen que conocemos como Tránsito del Tesoro y que se incrusta decididamente, otra vez, sobre la fachada de la Catedral románica ¿Falta de respeto, preguntaríamos hoy?</p>

<p>Y para no perder el espacio para la tienda de platero, que el cabildo alquilaría con pingues beneficios, se las ingenia para formalizarlo como un pliegue de la Logia de Gil de Hontañón, sobre una trompa volada que desde entonces es asombro, como se suele decir, de propios y extraños. ¡Qué puntos de partida tan poco heroicos!&nbsp;</p>

<p>Pero el cabildo no paraba de pedir y para elevar el prestigio de la Catedral y emularse con las del resto de las Españas, los canónigos resuelven construir una nueva sacristía mayor, tema arquitectónico que a consecuencia de Trento estuvo de moda. El problema era dónde, pues la catedral románica hacia cuatrocientos años que estaba acabada. Se decide, Andrade de por medio, suprimir dos capillas románicas y desplazar el Pórtico Real que su maestro Peña había construido apenas veinticinco años antes, adentrándolo en la Plaza de la Quintana algo más de tres metros. ¿Audacia y confianza en sí mismo, hoy inimaginables? Así la ciudad consiguió el espacio necesario para construir la que conocemos como Capilla del Pilar. Además, como de paso, levantó un volumen de dos plantas para uso de la Guardia Catedralicia afirmando su rotunda presencia en la Quintana.&nbsp;</p>

<h2>Monumentales escaleras en Platerías</h2>

<p>Al tiempo, incorpora&nbsp;monumentales escaleras en Platerías y, finalmente, para dar singular cobijo a ilustres canónigos construye un elocuente palacio, la citada Casa de la Conga.</p>

<p>Con estos hechos aparentemente tan crudos, ¿por qué seguimos hablando de obra maestra?</p>

<p>El libro que ahora presentamos trata de explicarlo recorriéndola en todos sus pormenores, siguiendo la paciente labor de Andrade que buscaba no solo resolver aquellos problemas inmediatos sino, con mirada profunda dotar de atractivo a este lugar y, en consecuencia, a toda la ciudad.</p>

<p>Ahora bien, este libro no hubiera sido posible sin una convicción determinante: La arquitectura se construye con argumentos lógicos dictados como respuesta a tres órdenes de valores: las funciones que en ella han de desarrollarse, asegurar la más adecuada permanencia en el tiempo que se consigue por su adecuada constructibilidad y aquella otra aspiración a lograr la belleza. Los dos primeros son plenamente abarcables en su explicación, pero el último o sea la búsqueda de la belleza encierra un mayor grado de indeterminación.&nbsp;</p>

<h2>La arquitectura y el entorno</h2>

<p>A diferencia de lo que suele ser habitual en otras artes, la arquitectura solo alcanza plena comprensión si se tiene en cuenta el entorno en el que se realiza. Los edificios no son separables del lugar en que se construyeron y por ello, en su análisis, incluir esta condición es determinante ya que en ella residen muchas de las razones de lo que hoy podemos contemplar.</p>

<p>Por otra parte, en la definición de lo que ha de ser un edificio, no solo interviene su autor inmediato, sino muchos otros agentes activos que, de diferentes maneras, van acotando alguna de sus características finales. Por eso no debe extrañarnos aquella consideración de la arquitectura como «arte colectivo», en la que el arquitecto siendo artífice fundamental no es, ni mucho menos, único. Esto exigió analizar las circunstancias y, sobre todo, las ideas y las personas que, de diferentes modos más o menos directos, estuvieron detrás de cada decisión.&nbsp;</p>

<p>Pero al final de aquel complejo proceso, Andrade como arquitecto, se encontró frente a su problema fundamental y más determinante: construir dando forma. Tratar de penetrar en los objetivos que su mente consideró, comprender sus métodos de trabajo y los argumentos y estrategias que le permitieron concretar las ideas que lo impulsaban, fue la tarea principal.&nbsp;</p>

<p>Por ejemplo, Andrade organizo su Torre a partir del cuadrado y sus descomposiciones sucesivas, como la que da lugar a definir los cuatro grandes soportes, que no vemos, sobre el viejo Torreón dos Ourives y que, al tiempo, le ayudan a ordenar las plantas superiores en todos sus niveles. Naturalmente, aquella confianza en la geometría le facilita asignar y organizar armoniosamente los espacios que posibiliten su funcionamiento, como el gran balcón sobre la Quintana o el volumen que aloja&nbsp; &nbsp;la Berenguela, continuando encima con el cuerpo ochavado, los deambulatorios que abren perspectivas sobre el extenso paisaje, para rematar con la cúpula y la linterna, todos articulados según sucesivas transformaciones geométricas plenamente legibles.&nbsp;</p>

<p>No es necesario recordar que la cuestión clave consistía en comprender cuál ha sido su aportación especifica a la cultura arquitectónica de su tiempo, teniendo en cuenta que los pórticos de entrada a las iglesias, las torres- campanario, las sacristías mayores y los palacios urbanos hacia mucho tiempo que se habían inventado.&nbsp;</p>

<p>Convino abordarla con ilusión, pero también con una cierta dosis de escepticismo, sabiendo de antemano que, aunque es posible acercarse razonablemente a responderlas, por su propia naturaleza, dejarán amplios márgenes a sucesivas interpretaciones ya que esta indagación sobre el pasado se hace desde un presente determinado. Y la vida es una continua sucesión de presentes que siempre entintarán cada nuevo comentario.</p>

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	<figure class="image capture"><img width="120" height="68" alt="" src="/asset/zoomcrop,480,270,center,center//media/mundiario/images/2022/03/17/2022031711380820987.jpg" /></figure>

	<div class="article-data"><a href="/articulo/cultura/domingo-andrade-invencion-barroco/20220317114150238288.html">Domingo de Andrade: la invención del barroco</a></div>
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	<div class="article-data"><a href="/articulo/cultura/sigamos-gozando-barroco-olvidemonos-barroco/20220316133200238223.html">Sigamos gozando del barroco, pero olvidémonos de lo barroco</a></div>
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<h2>Los secretos de la arquitectura</h2>

<p>Y, finalmente, una cuestión de método que tiene que ver con la organización del libro y pienso que es una de sus aportaciones. La arquitectura, entre otras cosas, es forma, lo que parece sugerir que todo lector de un trabajo sobre un edificio o sobre un conjunto de ellos, como es el caso, debe tener fácilmente a su alcance imágenes acerca de aquello sobre lo que el texto le informa. En consecuencia, dibujos, planos y fotografías son, por tanto, imprescindibles para una adecuada comprensión de lo que sobre arquitectura se lea y, en este caso, facilitando al lector entrar en los espacios más recónditos, donde solo algunos especialistas han podido hacerlo, recrearse con detalladas fotografías de las máscaras y grutescos de la Torre o recorrer sus deambulatorios y bajar por sus estrechas escaleras de caracol de Mallorca.</p>

<p>En cierto modo podría afirmarse que, en estos trabajos, casi todo lo que la imagen no pueda testificar será, sino inútil, muy incompleto. De modo que, si el libro de arquitectura busca acercarse lo más posible al lector, el autor debe procurarle la máxima ayuda para que lo que se escriba sea plenamente comprendido, que no quiere decir "plenamente compartido"&nbsp;ni, mucho menos, plenamente certero.&nbsp;</p>

<p>Por ello, y obrando en consecuencia, quien abra estas páginas percibirá una presentación paralela de texto e imágenes, lo que planteo obligaciones de cantidad, tamaño o de composición de páginas que fue preciso aceptar. Todo sea en aras del intento de lograr una claridad expositiva que cumpla aquella regla orteguiana que reclamaba cortesía hacia el lector. Si aquí no se ha logrado —discúlpenme los lectores— solo habrán sido las carencias de este autor, pero, a pesar de ello, no pierdan el interés por penetrar en los secretos de la arquitectura porque les aportara indecibles satisfacciones. <strong>@mundiario</strong></p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[El Museo do Pobo Galego acogió la presentación del libro Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano, una obra del arquitecto Celestino García Braña. / Mundiario]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[El Museo do Pobo Galego acogió la presentación del libro Domingo de Andrade. Continuidad y transformación de un enclave compostelano, una obra del arquitecto Celestino García Braña. / Mundiario]]></media:description>
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                        <item>
  <title><![CDATA[Sigamos gozando del barroco, pero olvidémonos de lo barroco]]></title>
      <category><![CDATA[Cultura]]></category>
    <link>https://www.mundiario.com/articulo/cultura/sigamos-gozando-barroco-olvidemonos-barroco/20220316133200238223.html</link>
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  <pubDate>Wed, 16 Mar 2022 13:32:00 +0100</pubDate>
      <dc:creator><![CDATA[Celestino García Braña]]></dc:creator>
        <description><![CDATA[Texto leído en la presentación del libro&nbsp;Domingo de Andrade. La invención del barroco, que reúne el trabajo de trece autores, arquitectos e historiadores del arte.]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Los libros tienen una biografía que nos habla de los propósitos que motivaron su razón de ser, las circunstancias de su génesis y los afanes de sus autores. Por muy personales que sean siempre acumulan una buena cantidad de decisiones que se superponen antes de rematar en obra acabada y singular. En obra editada.</p>

<p>Pero todos esos avatares, a veces rocambolescos, se concretan en apenas tres tiempos básicos y bien definidos. El primero, aquel en que comienza su gestación y que contiene el&nbsp; &nbsp;germen de todo lo que luego ocurrirá; después, el tiempo de la redacción que es, sin duda, el más íntimo. Y, por último, aquel que comienza cuando llega a manos de los lectores.&nbsp;</p>

<p>Y cada tiempo tiene sus protagonistas específicos.</p>

<p>La vida del libro que aquí nos convoca,&nbsp;<strong>Domingo de Andrade. La invención del barroco,</strong> comienza en una fecha exacta. Ocurrió cuando la junta directiva de la Real Academia Galega de Belas Artes visita al alcalde de Compostela para comunicarle la decisión de dedicar el Año das Artes 2020-21-2 a <strong>Domingo de Andrade</strong> y&nbsp; a proponerle que,&nbsp; en razón a la importancia decisiva que este arquitecto tuvo en la concreción de su imagen urbana, el Concello de Santiago debería tener un protagonismo singular.&nbsp;Su respuesta, concretada en diversos apartados, tenía uno que resultó&nbsp;fundamental: comprometer al Consorcio de Santiago en la edición de un libro dedicado al arquitecto ceénse.</p>

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	<div class="article-data"><a href="/articulo/cultura/presentado-libro-domingo-andrade-invencion-do-barroco-compostela/20220316122411238214.html">Presentado el libro Domingo de Andrade. La&nbsp;invención del barroco, en Compostela</a></div>
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<p>El siguiente paso en aquella incipiente biografía, que justo allí acababa de iniciarse, fue el apoyo del Consorcio y de la Conselleria de Cultura. Belén, Anxo Lorenzo y Juan Conde, el hombre que todo lo resuelve, fueron, a partir de entonces, coautores decisivos como Teófilo el editor que aportaría el cuidado diseño de su materialidad.</p>

<p>Sabiendo ya que la aventura era posible, en la Academia comprendimos que para que mereciera verdaderamente la pena debería contar con los mejores colaboradores. De ahí que me dirigiera a<strong> Alfredo Vigo Trasancos</strong>, catedrático de la Facultad de Historia del Arte para, conjuntamente, articular un equipo de especialistas que acometiera la tarea de interpretar la poliédrica figura de Andrade. A partir de este momento el, aun, no nato libro tuvo una ilustre paternidad que guió&nbsp;experimentadamente todos los momentos posteriores.</p>

<p>En una primera reunión con Miguel Taín y Carlos Valle, sentados los cuatro bajo el retrato de Andrade, pintado por el ilustre académico Felipe Criado, que está en la sala de profesores de la Facultad, el libro quedo pergeñado, concretados los doce autores, seis por cada institución, así como los temas a desarrollar. La encomienda era clara:&nbsp; redactar textos que avanzaran sobre el conocimiento que en cada materia especifica se tuviera de Andrade.&nbsp;</p>

<p>Aquí remataba la primera de las edades del libro.</p>

<p>Del segundo de sus tiempos no puedo contar demasiado, pertenece a la intimidad de los autores que son los protagonistas intelectuales. Lo que puedo decir es que admiro y envidio sus conocimientos, he aprendido de sus argumentos y disfrutado con su lectura.</p>

<p>Glosaré&nbsp;brevemente los trabajos de los autores académicos al igual que Alfredo Vigo hará con los ilustres profesores de la Facultad. Para evitar la situación embarazosa de referirnos a nosotros mismos yo presentaré&nbsp;el trabajo de D. Alfredo, él hará lo propio con el mío.</p>

<p>Comenzaré&nbsp;con una afirmación: su trabajo cumple a la perfección el cometido de texto introductorio, al situar la personalidad artística de Andrade en el panorama cultural, y más específicamente arquitectónico, en el que hubo de cultivarse.&nbsp;</p>

<p>Describe <strong>Alfredo Vigo</strong>, como nos encontramos ante una personalidad inédita entre los arquitectos gallegos que, desde un principio, tuvo a gala alcanzar una formación integral que le ayudase a entender su profesión como un todo cargado de muy diversos conocimientos. Esta notable aspiración, asimilada desde sus primeras lecturas de Vitrubio y cultivada a partir de su conocimiento del latín, le impulso a acceder a sofisticados textos de su tiempo que le acercaron a los debates que entonces estaban de actualidad. Por ejemplo al de Claude- Francois Millet de Clales&nbsp; “Cursus su mundus mathematicus (1674) en el que, su autor, tratando de comprender la relación entre la arquitectura de los clásicos y la del siglo XVII, cuestión decisiva, distinguía entre cosas esenciales y cosas accidentales, escribiendo “en las primeras mandan los antiguos en las segundas, deba aprovecharse los márgenes de libertad y se introduzcan ideas hermosas”. Algo que Andrade expreso en sus obras, poniendo de manifiesto una determinante confianza en el orden geométrico, en el rigor constructivo que indicaban los clásicos al mismo tiempo que, apostando por la creatividad, se tomaba licencias y arbitrariedades compositivas alejadas de los preceptos antiguos y que explican, en su obra, el permanente debate en la creación artística entre la permanencia y la innovación.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>Por su texto desfilan múltiples referencias desde Roland Freart de Chambray, Giovanni Pietro Belloni, Juan Caramuel Lobrowich o A. Kircher y cada uno de ellos merecería un comentario. Vigo Trasancos nos propone una lectura de Andrade como crisol arquitectónico, plenamente consciente de estar dándole forma a la casa del Apóstol, Compostela misma. Y transcribe un texto de Andrade muy oportuno: “cuando vemos una Ciudad sin la magnificencia de la Arquitectura en sus edificios, decimos que no hay nada que alabar, ni que ver en ellas”. Toda una lección de la honda transcendencia de la arquitectura.&nbsp;</p>

<p>Afortunadamente<strong>, J. R. Soraluce Blond</strong>, que se ocupó de analizar las dos obras de Andrade en A Coruña, tiene presente su condición de arquitecto y, desde ella, propone una original interpretación del colegio-residencia e Iglesia de la Compañía de Jesús, relacionándola con la evolución de la ciudad y sus estructuras militares.&nbsp; Leemos: “La historia del colegio coruñés de la Compañía de Jesús está asociada al desarrollo urbano de la ciudad a sus fortificaciones y a las obras de unificación de dos núcleos Ciudad alta Pescadería”.&nbsp;</p>

<p>Aporta un plano inédito de cimentaciones del templo trazado por Andrade, lo que es singularmente importante en el contexto de su escasísima documentación gráfica conservada. El análisis arquitectónico le conduce a relacionar esta iglesia con las de su tiempo, precisando la estrecha similitud que tiene con la Iglesia del Sacramento, en Madrid, obra del ilustre arquitecto de la Villa y Corte Juan Gómez de Mora.&nbsp;</p>

<p>Entra, después, en el análisis de la otra obra de Andrade, el Convento de la Capuchinas para reconsiderar la autoría que durante mucho tiempo vino atribuyéndose a su discípulo Fernando de Casas Novoa, concluyendo que lo ejecutado hasta 1707 es obra de Andrade no siendo hasta 1719 cuando, con la aportación de nuevos planos, Fernando de Casas asuma la responsabilidad de aquellas.</p>

<p><strong>Carlos Valle</strong>, retornando un lugar tan querido para él, el monasterio de Santa María de Sobrado nos recuerda la rica historia arquitectónica de este complejo eclesial desde sus inicios, en los años centrales del siglo XII para concluir, muy argumentadamente, atribuyendo la autoría de las trazas de la capilla del Rosario a Domingo de Andrade, cuyas obras de edificación ejecutaría Pedro de Monteagudo. Más tarde, a la muerte de este en 1700, Andrade, volverá a ocuparse plenamente de las obras de la iglesia hasta 1707. Texto apasionado, y muy razonado, a favor de unas autorías que no siempre han sido plenamente reconocidas dejando encajado el puzle entre autores, colaboradores y fechas.&nbsp;</p>

<p><strong>Yzquierdo Perrin</strong> se hizo cargo de la interpretación de las numerosas obras que, como entallador, realizo nuestro arquitecto. Un minucioso recorrido da cuenta de su evolución y de las importantes aportaciones que propuso, abriendo el camino a sus inmediatos y cualificadísimos discípulos.&nbsp;Comienza describiendo su participación en la envoltura barroca de la Capilla Mayor, el mausoleo del altar mayor del Santo y finalmente en el Tabernáculo catedralicio.&nbsp;</p>

<p>Recorre todos sus retablos posteriores repartidos en la geografía gallega, comenzando por el Retablo relicario de San Paio de Antealtares y continuando por los de Santa María a Nova en Lugo,&nbsp;Capilla de la Virgen del Rosario en Santo Domingo de A Coruña,&nbsp;San Agustín en Santiago,&nbsp;Santo Domingo de Bonaval,&nbsp;San Lorenzo de Trasouto,&nbsp;Iglesia del Convento de Santa Clara, Iglesia de la Compañía.</p>

<p>Es curioso destacar que&nbsp;Domingo de Andrade, a pesar de su intensa y extensa dedicación a la arquitectura y del creciente reconocimiento del que disfruto, nunca abandono su atención al dibujo de retablos, como si encontrase en ellos ocasión para experimentaciones formales que, lógicamente, no exigían la atención técnica de sus otras obras graníticas.</p>

<p><strong>Ana Goy y Marcos Calles Lombao</strong>&nbsp;se adentran en los secretos de la intervención de Andrade en la Catedral de Lugo. Casi al principio hacen una interesante observación “Los responsables de la Fabrica catedralicia de Lugo entendieron que era necesario una actualización del lenguaje artístico y apostaron por un maestro que defendiera una renovación de las formas de acuerdo con el gusto imperante en ese momento en Compostela”. Naturalmente aquella inquietud no surgía de la nada y nos recuerdan las antiguas relaciones que prelados lucenses habían tenido con el primer inspirador de los nuevos aires barrocos José de Vega y Verdugo.</p>

<p>Con precisión describen las tres obras principales que acomete Andrade: La sacristía mayor (1678-1682), La nueva sala capitular y las oficinas del Cabildo (1683-1688) y la reforma de las naves y bóvedas de la Catedral (1695).&nbsp;</p>

<p>Y para quien desee completar su conocimiento de la obra lucense de Andrade, Ana y Marcos, dirigirán sus pasos por la Iglesia de Santiago de Meilán, los conventos de Santa María A Nova y de las Agustinas Recoletas, también por el claustro de las dominicas.</p>

<p>He dejado, conscientemente, para el final el texto de <strong>Daniel Lorenzo Santos,</strong> que es la transcripción de su discurso con ocasión del Día das Artes del año pasado, que apenas pudimos celebrar por las conocidas circunstancias y que tuvo como motivo principal descubrir una placa en el lugar del enterramiento de Andrade en la Capilla de la Concepción, en la girola de la Catedral. Debemos agradecer esta iniciativa de la Academia de Bellas Artes y la decisiva actuación de la Mitra Compostelana y de la Fundación Catedral. A partir de entonces, propios y visitantes pueden conocer donde reposan sus restos. Solo hicieron falta algo más de trescientos años lo que, ciertamente, no nos honra demasiado.</p>

<p>Retomando la biografía del libro, quizá, quepa decir que con esta presentación que hoy hacemos termina el segundo tiempo y comienza el tercero y definitivo.</p>

<p>Es el tiempo de los lectores, a los que sugiero su atención a fin de que cuando visiten las obras de Andrade disfruten plenamente de ellas, gocen transitando entre sus espacios y se detengan con fruición es sus aspectos más valiosos reconociendo sus argumentos, la solidez de sus respuestas, la perfección de su construcción y de como atraviesan el tiempo con vocación de eternidad.</p>

<p>Gracias a todos y tan diversos coautores y permítanme, para finalizar, que entone un ruego o, si quieren, un salmo laico: en estos tiempos de urgente sostenibilidad y de venideras austeridades sigamos gozando del barroco, pero olvidémonos de lo barroco.&nbsp;Será&nbsp;señal, al menos, de buena educación. @mundiario</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
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        <media:title><![CDATA[Sigamos gozando del barroco, pero olvidémonos de lo barroco]]></media:title>
        <media:text><![CDATA[Fragmento de la portada del libro dedicado a Domingo de Andrade. / Mundiario]]></media:text>
        <media:description><![CDATA[Fragmento de la portada del libro dedicado a Domingo de Andrade. / Mundiario]]></media:description>
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