El primer whisky gallego
Además de aportar reflexiones sobre cuestiones de actualidad, en el espíritu de esta sección ha estado siempre el dar a conocer y poner en valor propuestas de emprendedores gallegos que por su excelencia o por su singularidad bien merecen ser conocidas.
Es el caso del proyecto del que, como director de Innovación, forma parte Juan Rodríguez Marqués, un viejo amigo, siempre dinámico e inquieto, que ha puesto en marcha una destilería desde la que elabora y comercializa el primer whisky gallego.
Seguro que no faltará quien lo considere una excentricidad, pero conocedor como soy del profundo estudio, la profesionalidad y del mimo con el que se ha realizado todo lo que tiene que ver con el proyecto, les aseguro que nada tiene que ver con el capricho y sí con la búsqueda de la excelencia. Una excelencia, por cierto, que ya ha sido avalada por críticos, expertos y buenos conocedores del mundo del whisky.
Ovalle, que así se denomina, es un whisky que rompe esquemas y que ya está conquistando a los paladares más exigentes y desafiando las normas establecidas del panorama nacional de destilados.
Su creador explica que se trata de una iniciativa pionera que fusiona la rica herencia de Galicia con la destilación experta para producir un whisky excepcional. “Estamos en el umbral de una nueva era para el whisky, donde la calidad del producto se enriquece con la tradición y la innovación”, comenta Rodríguez Marqués.
Para la elaboración de sus destilados Ovalle utiliza cebada malteada y agua pura de manantial gallego. El proceso comienza con una fermentación lenta y una doble destilación en alambiques de cobre, siguiendo el modelo clásico escocés pero con un giro propio. La maduración se realiza en barricas de roble que previamente han contenido vinos gallegos y españoles, lo que otorga a Ovalle un perfil aromático muy singular y, al tiempo, complejo,
Los destilados de Ovalle son un homenaje a la tierra, al clima atlántico y a las tradiciones centenarias de nuestra región. Un homenaje que queda representado en las propias marcas que comercializa. Uno de sus whiskys es Bateeiro, envejecido y afinado en maderas gallegas de roble, castaño y cerezo.
La oferta se completa con las tres variedades de Ovalle Single Malt: Ovalle Gold, afinado en barricas de albariño; Ovalle Ruby, afinado en barricas de tempranillo de Ribera del Duero; y Private, envejecido en barricas privadas seleccionadas por los propios bodegueros.
Otra de las cuestiones que me gustaría alabar de este proyecto es su apuesta integral por la sostenibilidad. Hasta el punto de que solo utilizan corchos de carbón activo, de que todas las botellas que utilizan son recicladas, al igual que reciclado y reciclable es el material con el que se elaboran las etiquetas.
Ovalle es, en definitiva, el reflejo de una Galicia moderna que no olvida sus raíces. Un whisky que no pretende imitar, sino crear, conectar y emocionar. La confirmación de que el espíritu gallego puede viajar mucho más allá de sus fronteras, de que, como muchos de sus emprendedores, tiene vocación universal. @mundiario


