Un estudio asegura que extrañar a un ex es similar a una adicción a las drogas
Investigadores del Colegio de Medicina Albert Einstein concluyeron que las relaciones amorosas generan una reacción química en el cerebro similar a la que produce la cocaína.
El amor es considerado un analgésico poderoso. Mientras más enamorado se está, más dopamina produce el cerebro y por eso mejor se siente la persona. Sin embargo, esta arma puede resultar de doble filo cuando el enamoramiento llega a su fin. Un reciente estudio demostró que la añoranza a la expareja puede llegar a ser tan extrema como cuando un adicto que está en rehabilitación quiere probar una droga.
La investigación, desarrollada por la doctora Lucy Brown, profesora de neurología de la Facultad de Medicina Albert Einstein, en New York City; y frente del proyecto The Anatomy of Love, se apoyó en imágenes de resonancia magnética para registrar la actividad cerebral de adultos que habían experimentado una reciente ruptura sentimental. En el ejercicio, a las personas seleccionadas se les mostraron fotografías de sus exparejas, arrojado como resultado una actividad significativa en las mismas áreas del cerebro que la que ocurre cuando hay una adicción a las drogas.
Este estudio propuesto por Brown, en conjunto con Helen Fisher, investigadora del Departamento de Antropología de la Universidad Rutgers, en New Brunswick, Canadá, explica que estar enamorado produce alteraciones en el funcionamiento químico del cerebro, lugar donde aumenta la dopamina, el químico responsable de la sensación de bienestar.
Cuando se presenta una ruptura, el órgano motor no comprende el final de la relación y el cuerpo sigue demandando la dopamina, lo cual se transforma, aun sin que la persona lo quiera, en una angustia intensa y hasta en malestar físico, similar al que un adicto experimenta cuando se encuentra en rehabilitación y está a punto de una recaída.
El apego emocional luego de una ruptura solo logra frenarse con el tiempo, cuando la reacción química de la dopamina en el cerebro se regula o cuando se alcanza un proceso de comprensión de que el amor ha terminado.