El “vecino de Lucy”: nuevos fósiles confirman la identidad del misterioso homínido de Afar

Nuevos fósiles encontrados en Afar no solo esclarecen una incógnita de 15 años, sino que revelan la coexistencia de dos especies de homínidos bípedos en un mismo territorio hace más de tres millones de años.
El pie de Burtele y el contorno del pie de un gorila. / Yohannes Haile-Selassie-SINC
El pie de Burtele y el contorno del pie de un gorila. / Yohannes Haile-Selassie-SINC

La región etíope de Afar vuelve a situarse en el centro de la investigación paleoantropológica. Allí, en 2009, se descubrió un pie fósil de 3.4 millones de años conocido como el pie de Burtele. Pese a su excelente conservación, los científicos no lograron determinar a qué especie pertenecía, un interrogante especialmente relevante en un periodo en el que convivían al menos dos homínidos: Australopithecus afarensis, la especie de la célebre Lucy, y el menos estudiado Australopithecus deyiremeda, descrito en 2015.

El análisis anatómico descartó que el pie perteneciera a A. afarensis debido a características incompatibles, pero la ausencia de fósiles craneales o dentales impedía una atribución inequívoca. Nombrar una especie solo con restos poscraneales es excepcional en paleoantropología. Era necesario encontrar pruebas directas.

Ese vacío se cerró ahora. Yohannes Haile-Selassie, profesor de la Universidad Estatal de Arizona, y un equipo internacional publicaron en Nature el descubrimiento de restos fósiles clave en el yacimiento de Woranso-Mille, también en Afar. Las nuevas piezas —fragmentos de pelvis, un cráneo parcial y una mandíbula con 12 dientes— coinciden estratigráfica y cronológicamente con el pie de Burtele.

La datación, realizada en parte por el geólogo Lluís Gibert de la Universidad de Barcelona, sitúa estos restos entre 3.47 y 3.33 millones de años. La conexión es concluyente: el pie enigmático pertenecía a Australopithecus deyiremeda.

Para los investigadores, el contexto estratigráfico ha sido determinante. “Sin un contexto geológico y una cronología detallada, estos fósiles no tendrían valor científico”, señala Gibert. Esta asociación permite resolver un debate abierto durante más de una década y aporta información crucial sobre la diversidad de homínidos del Plioceno.

Dos especies, un mismo territorio

El hallazgo confirma por primera vez que dos especies de homínidos estrechamente emparentadas coexistieron en un mismo espacio y tiempo. Este factor abre nuevas líneas de investigación sobre la competencia ecológica y la capacidad de adaptación de nuestros antiguos parientes.

La morfología dental y ósea indica que A. deyiremeda era más primitivo que A. afarensis. Su dieta, basada en hojas, frutos y nueces, era menos variada que la de Lucy y sus congéneres. El pie de Burtele, con un dedo gordo oponible que facilitaba trepar a los árboles, contrasta también con el pie alineado de A. afarensis, plenamente adaptado a la marcha bípeda.

Pese a ello, A. deyiremeda caminaba erguido cuando descendía al suelo, aunque probablemente impulsándose con el segundo dedo, una forma de bipedestación distinta de la de los humanos modernos. Este dato amplía la idea de que el bipedismo humano no surgió de un único linaje, sino a partir de varias formas funcionales coexistentes.

Diversidad evolutiva en la bipedestación

El descubrimiento refuerza evidencias previas que apuntan a múltiples experimentos evolutivos de bipedestación durante el Plioceno. Ya con Ardipithecus ramidus, de 4.4 millones de años, sorprendió la presencia de un dedo gordo oponible. Que un millón de años después existiera otra especie con esa característica confirma que la transición hacia la bipedestación moderna fue gradual, compleja y diversa. La coexistencia de A. deyiremeda y A. afarensis permite explorar cómo estas especies pudieron compartir territorio sin extinguirse mutuamente, lo que podría aportar lecciones para entender dinámicas ecológicas actuales.

Para Haile-Selassie, este avance científico va más allá del interés por reconstruir el árbol evolutivo. “Lo que aprendamos de esa época podría ayudarnos a mitigar algunos de los peores efectos del cambio climático actual”, afirma. La región de Afar —entonces sometida a transformaciones climáticas intensas— puede servir como modelo para estudiar cómo los homínidos se adaptaron a entornos cambiantes.

El hallazgo no solo resuelve una incógnita histórica; también subraya la importancia de seguir excavando en Afar. Nuevos fósiles podrían desvelar cómo distintas especies de homínidos desarrollaron formas alternativas de bipedestación, un rasgo que resultaría decisivo para la evolución humana. @mundiario

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