Trump reestructura la NASA: un éxodo del 20% del personal sacude a la agencia espacial
La NASA atraviesa uno de los momentos de mayor reconfiguración interna de su historia reciente. Cerca del 20% de su fuerza laboral —alrededor de 3.870 empleados— dejará la agencia como parte de un programa federal de renuncias diferidas impulsado por la Administración del presidente estadounidense Donald Trump. Esta salida masiva, que reducirá la plantilla civil de la NASA de aproximadamente 18.000 a 14.000 empleados, se enmarca en una ambiciosa política de recortes gubernamentales orientada a reducir el tamaño del aparato estatal.
El plan, oficialmente conocido como “Programa de Renuncia Diferida” (Deferred Resignation Program), fue diseñado por el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de la Casa Blanca con el objetivo de disminuir costes y hacer más “ágil” el funcionamiento de las agencias federales. La NASA ha sido una de las entidades más impactadas por esta política, al tiempo que se prepara para enfrentar una disminución de casi 6.000 millones de dólares en su presupuesto para el año fiscal 2026.
Según explicó Cheryl Warner, jefa de noticias de la NASA, unos 870 trabajadores solicitaron su salida en la primera ronda del programa, mientras que 3.000 lo hicieron en la segunda, poco antes de la fecha límite. A esta cifra se suman otros 500 empleados que abandonaron la agencia a través de mecanismos regulares de jubilación anticipada o programas de incentivo por separación voluntaria. Si bien las salidas se han producido en condiciones acordadas, el volumen ha generado inquietud tanto dentro como fuera de la organización.
Las señales de alarma no tardaron en aparecer. Más de 360 empleados actuales y antiguos de la agencia firmaron esta semana una carta abierta —denominada Declaración Voyager— en la que advierten que los recortes, la reducción de personal, debilitamiento protocolos de seguridad y una creciente “cultura del silencio organizativo” podrían poner en peligro la seguridad de las misiones.
Los empleados alertan que podrían provocar la repetición de tragedias pasadas, como el desastre del Challenger en 1986, cuando una falla provocó que el transbordador se desintegrara poco después de su lanzamiento, lo que resultó en la muerte de los siete miembros de la tripulación.
En un comunicado oficial, la NASA buscó transmitir calma: “la seguridad sigue siendo una de las principales prioridades de nuestra agencia, mientras equilibramos la necesidad de convertirnos en una organización más ágil y eficiente”. La agencia insiste en que los proyectos clave, como el regreso a la Luna y la futura exploración de Marte, continúan en curso, aunque ajustados a los nuevos recursos disponibles.
Entre las preocupaciones detalladas en la misiva destacan la posible cancelación de misiones en curso, la pérdida de valiosa información científica, el abandono de alianzas internacionales, la interrupción de programas de desarrollo y la reducción de protocolos de seguridad. “Estos recortes no solo comprometen los avances tecnológicos y científicos, sino que pueden costarnos vidas”, señala uno de los fragmentos más contundentes del documento.
La división científica de la NASA, en particular, sufrirá el impacto más severo, con una reducción presupuestaria del 50%. Esto afectaría directamente a investigaciones en curso relacionadas con el clima, el sistema solar y la astrofísica, áreas donde la agencia estadounidense ha liderado a nivel mundial durante décadas. La comunidad científica ha expresado preocupación por la posible pérdida de liderazgo y reputación internacional.
Desde la Casa Blanca, la justificación de estos recortes radica en la necesidad de reorientar recursos hacia otras “prioridades nacionales” y hacer más eficiente el uso de los fondos públicos. Sin embargo, críticos advierten que una agencia como la NASA, cuyo trabajo depende de décadas de continuidad, planificación y experiencia acumulada, difícilmente puede adaptarse a una lógica de corto plazo sin poner en riesgo sus propios fundamentos.
Aunque los proyectos Artemis (para regresar a la Luna) y los planes a largo plazo para Marte siguen figurando como prioridades declaradas, la capacidad de la agencia para ejecutarlos en los plazos establecidos queda ahora en entredicho. La salida de miles de trabajadores —muchos con años de experiencia técnica y científica— plantea desafíos significativos tanto en lo operativo como en lo estratégico.
En un contexto global donde otras potencias espaciales como China, la India y Europa avanzan con ambiciosos programas, la NASA enfrenta el reto de redefinirse con menos personal, menos presupuesto y mayores expectativas. Por ahora, el éxodo de empleados y el ajuste estructural abren una nueva etapa de incertidumbre para la agencia que durante décadas ha simbolizado el liderazgo estadounidense en la conquista del espacio. @mundiario


