El mes de julio frena los récords de temperaturas, pero no el calentamiento global
Hubo un tiempo —no tan lejano— en que las cifras de temperatura global se sentían como un dato frío, distante, propio de un boletín técnico. Pero en los últimos años, esas cifras se han convertido en el preludio de tragedias climáticas: incendios que devoran bosques enteros, olas de calor que ponen a prueba la resistencia humana y lluvias torrenciales que inundan ciudades enteras. Por eso, que julio de 2025 haya roto la racha de récords encadenados que nos dejaron 2023 y 2024 podría parecer, a primera vista, un alivio. Lo cierto es que no lo es.
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus (C3S), este ha sido el tercer mes de julio más cálido desde que hay registros, con una temperatura media global de 16,68 ºC. Sí, ha sido 0,27 ºC más fresco que julio de 2023 y 0,23 ºC menos cálido que el de 2024, pero sigue situándose 1,25 ºC por encima del periodo preindustrial. Un dato que, traducido a la vida real, significa que el planeta sigue recalentado, aunque el termómetro haya bajado unas décimas.
La tentación de interpretar este descenso como un signo de que “lo peor ha pasado” es comprensible. A todos nos gusta pensar que la amenaza retrocede. Sin embargo, el propio director de C3S, Carlo Buontempo, ha sido tajante: la pausa es momentánea. La inercia del calentamiento global no se mide en meses, ni siquiera en años. Es un fenómeno que arrastra décadas de emisiones, y cada décima de grado cuenta.
Si algo deja claro este julio “menos extremo” es que la normalidad climática ya no existe. Incluso en un mes que rompe la racha récord, el planeta sigue ardiendo en algunos puntos y anegado en otros. Europa vivió su cuarto julio más cálido de la historia, con la península escandinava sufriendo olas de calor históricas, Turquía marcando un récord nacional de 50,5 ºC y el sudeste europeo combatiendo incendios que parecen no tener fin. Fuera de Europa, China y Japón sintieron el golpe del calor, mientras que regiones como la Antártida, parte de África o América tuvieron temperaturas por debajo de lo habitual. Un planeta desequilibrado es un planeta peligroso.
El espejismo de las cifras “menos malas”
Lo más inquietante de este julio es que demuestra lo fácil que es caer en la complacencia. Un mes sin récord absoluto puede dar la ilusión de que las políticas climáticas están funcionando o que la naturaleza está corrigiendo el rumbo. Pero no hay tal milagro. Las emisiones de gases de efecto invernadero siguen en niveles altísimos, los océanos acumulan calor récord y los eventos extremos se intensifican.
El riesgo es claro: acostumbrarse al desastre y celebrar como “buena noticia” que un mes haya sido solo ligeramente menos catastrófico que los anteriores. Este autoengaño es uno de los mayores aliados del cambio climático.
Copernicus advierte que, sin una estabilización rápida de las concentraciones de gases de efecto invernadero, los récords de temperatura no solo volverán, sino que irán acompañados de efectos cada vez más devastadores. Las imágenes de este mismo julio —inundaciones catastróficas, cosechas perdidas, ciudades paralizadas por el calor— son un recordatorio de que la crisis no da tregua.
Julio 2025 no es una victoria sobre el cambio climático. Es, como mucho, un breve alto en una carrera cuesta abajo. Pensar lo contrario sería como creer que una pausa en la lluvia detiene una inundación. La ciencia ya ha hablado: el tiempo para actuar es ahora. @mundiario


