Jane Goodall: la primatóloga que redefinió a los chimpancés y a la humanidad
Jane Goodall falleció a los 91 años por causas naturales y dejó tras de sí una huella imborrable en la ciencia, la conservación y en la forma en que los humanos se perciben a sí mismos en relación con la naturaleza. Su vida, que comenzó en un pequeño pueblo costero inglés, se convirtió en un viaje extraordinario que la llevó a la selva de Tanzania y, más tarde, a recorrer el mundo como una de las voces más influyentes en defensa de la vida silvestre.
Goodall llegó a África en 1960, alentada por el antropólogo Louis Leakey, quien intuyó que su paciencia y capacidad de observación revelarían secretos sobre nuestros parientes más cercanos. Tenía solo 26 años y ningún título universitario formal en biología, pero pronto revolucionaría la primatología. Su observación de Greybeard, un chimpancé que utilizaba una rama modificada para extraer termitas, destronó la idea de que el ser humano era el único “fabricante de herramientas”, un concepto central en la antropología de la época.
Sus hallazgos no se limitaron a la documentación del uso de instrumentos. Goodall mostró que los chimpancés no solo cazan y comparten carne, sino que desarrollan lazos sociales, transmiten prácticas culturales y expresan emociones complejas como la empatía, la ambición o la violencia organizada.
Al dar nombres a los individuos y describir sus personalidades, desafió la ortodoxia académica, que insistía en numerarlos y tratar a los animales como sujetos impersonales. Fue duramente criticada en los inicios, pero su metodología acabó siendo pionera y abrió la puerta a una nueva comprensión de la cognición animal.
En paralelo, Goodall se convirtió en figura mediática gracias a su colaboración con National Geographic. A través de documentales y reportajes, acercó a millones de personas al mundo íntimo de los chimpancés, lo que terminó por despertar una inusual fascinación global que impulsó el interés por la conservación. Su trabajo inspiró a otras mujeres, como Dian Fossey y Biruté Galdikas, con quienes formó el célebre grupo de las “Trimates”, pioneras en el estudio de los grandes simios en estado salvaje.
La dimensión de su legado trasciende la investigación científica. A medida que constataba la amenaza que la deforestación, la caza furtiva y la presión humana suponían para los chimpancés, Goodall transformó su carrera en una misión de activismo global. Fundó el Instituto Jane Goodall y lanzó el programa educativo Roots & Shoots, que hoy conecta a jóvenes de todo el mundo con proyectos medioambientales y comunitarios.
Reconocida internacionalmente, recibió el título de Dama del Imperio Británico en 2004, fue Mensajera de la Paz de Naciones Unidas desde 2002 y, en 2025, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad. Sin embargo, nunca abandonó su estilo cercano: seguía recorriendo países, reuniéndose con estudiantes y líderes, y transmitiendo su mensaje de esperanza con un tono sereno pero firme.
Lo que distinguió a Goodall no fue únicamente lo que descubrió sobre los chimpancés, sino cómo esas revelaciones redefinieron lo que significa ser humano. Si los simios construyen herramientas, transmiten culturas y poseen emociones, entonces la línea que separa a Homo sapiens del resto del reino animal era más tenue de lo que la ciencia había sostenido. Su trabajo obligó a repensar conceptos de exclusividad humana y abrió debates éticos sobre nuestra relación con otras especies.
“We need to collaborate, we need to get together, we need countries and individuals to work together to make this a better world so that we can be a little bit proud of what we leave for our children.” — Dr. Jane Goodall, UNESCO, 19 October 2024.
— UNESCO 🏛️ #Education #Sciences #Culture 🇺🇳 (@UNESCO) October 1, 2025
Dr. Jane Goodall delivered these… pic.twitter.com/HRGJImfwEu
Hoy, su nombre se asocia tanto a la ciencia como al activismo. El Instituto Jane Goodall sigue desarrollando programas de conservación en África y proyectos de educación ambiental en más de un centenar de países. Para muchos, su figura simboliza la fusión entre la perseverancia científica y el compromiso social.
El fallecimiento de Jane Goodall no supone solo la pérdida de una investigadora excepcional, sino el cierre de un capítulo en la historia de la ciencia contemporánea. Su legado, sin embargo, perdura en cada joven que sueña con proteger la naturaleza, en cada comunidad que trabaja por la conservación y, sobre todo, en cada chimpancé que aún sobrevive en libertad gracias a las luchas que ella inició hace más de seis décadas en la selva de Gombe. @mundiario


