Murciélagos espectrales: un estudio revela que se saludan con “abrazos” y comparten comida

Una investigación realizada en Costa Rica muestra que estos animales, considerados entre los murciélagos carnívoros más grandes del mundo, tienen una vida social mucho más compleja de lo que se pensaba.
Murciélago espectral (Vampyrum spectrum). / Matt Muir - Wikimedia Commons - iNaturalist
Murciélago espectral (Vampyrum spectrum). / Matt Muir - Wikimedia Commons - iNaturalist

Durante décadas, los murciélagos espectrales (Vampyrum spectrum) han sido descritos como cazadores solitarios, depredadores discretos de selvas tropicales. Sin embargo, un estudio publicado en la revista PLOS One por la investigadora Marisa Tietge, del Museo de Historia Natural de Berlín—Instituto Leibniz para la Evolución y la Biodiversidad, ha revelado un panorama radicalmente distinto: estos animales no solo conviven en grupos familiares estables, sino que se saludan con comportamientos similares a “abrazos” y comparten la comida entre miembros de la colonia.

El hallazgo cambia la forma de entender a esta especie. El estudio mostró que los murciélagos no solo cazan en cooperación ocasional, sino que dentro de sus refugios se involucran en conductas de aseo mutuo, vocalizaciones sociales y saludos que implican envolver al otro con las alas en un gesto semejante a un abrazo.

Los investigadores documentaron que los adultos que regresaban con presas entregaban parte del alimento a ejemplares más jóvenes, un comportamiento que ayuda a la transición de los cachorros desde la leche materna hacia una dieta carnívora. Esto también parece servir como entrenamiento en la manipulación de presas, un paso clave antes de que los juveniles se independicen.

En palabras de Tietge: “Los murciélagos espectrales exhiben un nivel de cooperación y cuidado biparental raramente documentado en murciélagos, lo que abre un área fascinante para futuras investigaciones”.

El trabajo de campo se realizó en Guanacaste, Costa Rica, mediante la instalación de cámaras infrarrojas sensibles al movimiento dentro de un árbol hueco donde se había establecido un pequeño grupo familiar de cuatro murciélagos. Durante tres meses de observación continua se registraron cientos de horas de grabaciones, que permitieron a los científicos categorizar ocho tipos de comportamiento, desde interacciones sociales hasta juegos y provisión de alimento.

Este método resultó crucial: la naturaleza nocturna de los murciélagos había dificultado por mucho tiempo el estudio directo de sus hábitos sociales en condiciones naturales. La tecnología permitió por primera vez observar de manera prolongada y sin interferencias la vida íntima de una colonia en libertad.

Hallazgos clave: cooperación y vínculos duraderos

Los vídeos mostraron además que los murciélagos no siempre salen a cazar solos. En ocasiones partían en parejas y compartían el alimento tras la captura, lo que sugiere una forma de forrajeo cooperativo. Incluso se registró cómo el macho adulto entregaba presas a la hembra lactante, lo que refuerza la idea de que la manutención de la cría es un esfuerzo conjunto de ambos progenitores.

Los investigadores también destacaron la presencia de dos crías de diferentes años en el mismo grupo, lo que sugiere que los jóvenes permanecen en el refugio por periodos prolongados, bajo el cuidado de sus padres. Esto apunta a una estructura social más cercana a la de otros mamíferos con cooperación familiar, algo inusual en murciélagos carnívoros.

Un detalle observado por los científicos fue la manera en que, al dormir, los murciélagos formaban lo que describieron como una “bola de abrazos”, cada uno rodeando con un ala al vecino más cercano, con los hocicos tocándose: una imagen de cohesión social inesperada en depredadores nocturnos.

La investigación también aportó retazos de la interacción entre los animales y los investigadores. Tietge relató que al inicio los murciélagos reaccionaban con llamadas de alarma y movimientos defensivos. Sin embargo, tras semanas de visitas, los animales parecieron reconocer su presencia, mostrándose relajados e incluso manteniendo sus posiciones habituales en el refugio. “Me sorprendió descubrir que parecían reconocerme después de varios meses sin visitarlos”, afirmó.

Este cambio de comportamiento sugiere una capacidad de memoria y reconocimiento individual que refuerza la hipótesis de que los vínculos sociales son fundamentales en su organización. @mundiario

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