La globalización y el declive de la biodiversidad afecta a lo que comemos
La diversidad alimentaria, un pilar fundamental para la salud humana y la sostenibilidad ambiental, está cada vez más amenazada. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), de las más de 6.000 especies de plantas cultivadas para consumo humano, solo un puñado contribuye significativamente a la producción global de alimentos.
Nueve cultivos principales —como el trigo, el maíz y el arroz— representan dos tercios de la producción agrícola mundial. Este modelo basado en unos pocos alimentos está afectando no solo la biodiversidad de los ecosistemas, sino también nuestra salud y nuestra cultura gastronómica.
Dan Saladino, periodista gastronómico y autor de Comer hasta la extinción, advierte que, aunque la globalización permitió una expansión de los cultivos en diferentes partes del mundo, también ha fomentado la homogeneización del sistema alimentario. “Hoy, las mismas semillas, los mismos productos y las mismas marcas se distribuyen globalmente, lo que reduce la diversidad”, explica. Esta falta de variedad está generando una pérdida de alimentos tradicionales, como el queso camembert o el salmón salvaje del Atlántico, que están en peligro debido a prácticas insostenibles y la sobreexplotación de los recursos.
La desaparición de estos alimentos, algunos dependientes de condiciones climáticas específicas o de técnicas agrícolas tradicionales, podría llevar a un empobrecimiento de la oferta alimentaria. El salmón salvaje, por ejemplo, ha visto reducidas sus poblaciones en un 50% debido a la sobrepesca y la contaminación, mientras que el café arábica enfrenta el riesgo de extinción debido a enfermedades fúngicas y el cambio climático.
Repercusiones en la salud
Clara Joaquín Ortiz, coordinadora de Nutrición en la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, alerta que una dieta basada en pocos cultivos puede provocar deficiencias nutricionales. El predominio de alimentos ricos en calorías pero bajos en nutrientes esenciales —como el arroz o el trigo procesado— favorece enfermedades como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
Pero no todo está perdido. La respuesta a este desafío pasa por la preservación de variedades tradicionales y el impulso de prácticas agrícolas sostenibles. Proyectos como Navarra 360º, que apoya a agricultores en la implementación de técnicas de agricultura regenerativa, son un paso en la dirección correcta. La FAO también trabaja para conservar y promover la diversidad genética de los cultivos, y los consumidores tienen un papel clave en este proceso, eligiendo alimentos locales, de temporada y fomentando una dieta más variada.
El futuro de la alimentación depende de la capacidad de los gobiernos, empresas y consumidores para tomar decisiones conscientes y responsables, preservando la biodiversidad y fomentando una mayor variedad en nuestros platos. “Cada elección, desde lo que compramos hasta lo que cocinamos, puede marcar la diferencia”, concluye Begoña Pérez Villarreal, directora de EIT Food para el Sur de Europa. @mundiario


