Europa pierde terreno: el 60% de su suelo está en proceso de degradación

La pérdida de carbono, la erosión y el desequilibrio nutricional ponen en riesgo la seguridad alimentaria, la biodiversidad y los objetivos climáticos del continente.
Una imagen del cambio climático. / Mundiario
Una imagen del cambio climático. / Mundiario

La salud del suelo en Europa atraviesa una crisis profunda que compromete la seguridad alimentaria y el combate contra el cambio climático, según un nuevo informe del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. El estudio, que examina la situación en los países miembros de la Agencia Europea de Medio Ambiente, los Balcanes, Ucrania y Reino Unido, revela que el 60% del suelo en la Unión Europea (UE) está deteriorado, lo que afecta gravemente su capacidad de sustentar cultivos, conservar la biodiversidad y retener el carbono.

Cada año, Europa pierde mil millones de toneladas de suelo debido a la erosión, un problema acentuado por las lluvias intensas que se prevé aumenten un 25% hacia 2050. Esta pérdida no solo afecta a la productividad agrícola, sino también a la seguridad física y alimentaria de millones de europeos. “La erosión hídrica afecta ya al 24% de los suelos comunitarios, especialmente en tierras de cultivo, y su tendencia es insostenible”, alerta el informe.

Ahora bien, la situación se agrava con la pérdida de carbono orgánico, un elemento esencial para la salud del suelo y la mitigación del cambio climático: entre 2009 y 2018, se perdieron 70 millones de toneladas de carbono orgánico en suelos agrícolas de la UE y Reino Unido.

El informe destaca además el estado crítico de las turberas, que actúan como sumideros de carbono. Actualmente, el 50% de estas áreas están degradadas, y su deterioro contribuye a la emisión de gases de efecto invernadero, con un impacto directo en el calentamiento global. Ante estos datos, la Comisión Europea propuso una Ley de Vigilancia del Suelo para alcanzar suelos sanos en 2050. Sin embargo, la legislación, aunque pionera, ha sido calificada por expertos como una "ley de mínimos" que carece de objetivos vinculantes y de planes nacionales de aplicación obligatoria.

Una fragilidad legislativa

El principal obstáculo, según expertos, no es la falta de legislación, sino su implementación efectiva. La UE ha enfrentado dificultades recientes para aprobar y aplicar normas ambientales clave. La Ley de Deforestación, por ejemplo, fue postergada 12 meses, y la Ley de Restauración de la Naturaleza pasó solo por un estrecho margen. Esta fragilidad legislativa se agrava con el giro a la derecha en la política europea, lo que podría debilitar aún más el marco ambiental en el futuro cercano.

“La falta de acción es evidente y va de la mano con el cambio en el panorama político”, opina Larissa Stiem-Bhatia, del laboratorio de ideas alemán TMG. Stiem-Bhatia alerta de que esta tendencia amenaza los avances en políticas ambientales que Europa necesita no solo por responsabilidad global, sino también para garantizar un futuro sostenible. A esta preocupación se suma Caroline Heinzel, de la Oficina Medioambiental Europea, quien destaca la brecha entre los compromisos en estrategia y la falta de medidas concretas que le siguen: “En vista del papel fundamental del suelo, ¿podemos permitirnos hacer tan poco cuando de él depende nuestra alimentación y nuestra habitabilidad en el planeta?”.

La Comisión Europea, por su parte, se mantiene firme en su compromiso de avanzar hacia los objetivos del Pacto Verde, aunque reconoce la necesidad de ajustar sus medidas a las realidades de implementación. La reciente promesa de destinar más de mil millones de euros a países afectados por desastres naturales sugiere una voluntad de acción, pero el futuro de la salud del suelo y, con él, la estabilidad ecológica y alimentaria de Europa siguen estando en juego. @mundiario

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