Enseñar a aprender

Alumnos en una escuela. / Nicole Honeywill. / Unsplash
Alumnos en una escuela. / Nicole Honeywill. / Unsplash
Se trata de acercarnos, desde la más temprana edad, a un aprendizaje personalizado que permita pulir y matizar el proceder natural del individuo hasta alcanzar un comportamiento social normalizado a la vez que único.
Enseñar a aprender

En una sociedad donde las actividades docentes en la edad infantil son claves para el desarrollo del comportamiento emocional, estamos asistiendo a una muestra de limitadas opciones sobre el modelo educativo, la actividad de realizar deberes y las actividades extraescolares. El tema, parece ser, es que se está gestionando dicho modelo empezando por el final y no por el principio. Esto es así y de momento, seguirá siendo así.

Conozco a mucha gente que se ha encabezonado en que su hija/o estudie piano, violín o ballet. Así, cuando vienen visitas a casa, pueden decirle a su hijo/a que demuestre su habilidad con la excusa de llevar unos cuantos años dándole a las teclas. Pero en la mayoría de las ocasiones, ahí está el piano… arrinconado... con su tela roja cubriendo las teclas, la tapa cerrada y con un par de figuras de porcelana sobre su caja de resonancia.

Por ello, una vez los padres han acordado y convenido con los niños dichas ocupaciones en tiempo y destrezas, ya solo queda establecer el horario de recogida y la tarifa.

Tendencias emocionales al margen de la educación recibida

Por suerte, sabemos que neurobiológicamente hay niños preparados para acometer tareas y desempeños que para otros serían sobrecargas, viéndose obligados a realizar actividades extra-escolares decididas por los padres, ya que en cierto momento éstos creyeron haber detectado en ellos cierta habilidad, única e irrepetible.

Así, debemos saber que las personas, al margen de la educación recibida, con el tiempo, acaban mostrando sus tendencias emocionales originales.

Por todo esto es noticia el test CoachKid, el cual se basa en la Inteligencia Artificial dotada de la tecnología algorítmica ADNe. A través de 16 preguntas totalmente adaptadas a la edad infantil, nos ofrece información sobre rasgos de personalidad, intensidad en las Inteligencias Múltiples (Howard Gardner), habilidades y tendencias didácticas, orientación docente, afinidades deportivas y artísticas, etc…

Con este método ideado por la empresa Jacobson, Steinberg & Goldman, la selección de actividades extra-escolares tiene en cuenta todos los registros emocionales y sus oscilaciones permitiendo no solo potenciar las fortalezas, sino también marcar el ritmo y ruta de aprendizaje.

Además, con este test también se perciben, en clave predictiva, tendencias sobre trastornos en el comportamiento que evidentemente permitirán una rápida actividad correctiva y preventiva.

Generalizar la educación podría ser perjudicial 

En las pruebas realizadas en diversos países, se ha detectado que los registros dominantes relacionados con la liberación neurotransmisora asociada al comportamiento emocional son fácilmente detectables. De hecho, dicho comportamiento dominante es detectable incluso basándonos en una reiterada observación del individuo. En cambio, el resto de registros emocionales quedan agazapados a la espera de explorar nuevos aprendizajes que gracias a la plasticidad neuronal podrán ser desarrollados hasta el nivel óptimo, o en su defecto quedarse atrincherados en clave de trauma, cuyas repercusiones no se nos antojan positivas.

Lo cierto es que luchar contra estos rasgos genéticos podría resultar perjudicial ya que estaríamos bloqueando procesos emocionales naturales, provocando así marcas o etiquetas neuronales que evolucionarían probablemente en futuras desconexiones sinápticas de diferente magnitud.

Este tipo de actividades forzosas se encauzan a través de modelos ambientales, también llamados epigenéticos, que buscan una moda estadística elevada que apunte a cierto éxito normalizado. Digamos que si el 90% de los alumnos aprenden a leer y a escribir en un periodo concreto, la evolución de dicha lectura y escritura, incluso el recuerdo grato o ingrato, no es lo importante.

En relación a estos perjuicios, y también en ambientes universitarios y profesionales, los investigadores de Jacobson han descrito dos escenarios muy concretos que habitualmente permanecen ocultos. Por un lado, el Aprendizaje Negativo y, por otro, el Aprendizaje Inverso.


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En el primer caso, el individuo aprende de tal manera que niega la asimilación de conceptos teóricamente opuestos, llegando a perder la amplitud en el conocimiento a través de este tipo de aprendizaje selectivo, discriminador y excluyente. Por ejemplo, el caso de una persona que estudiando o practicando un deporte, no muestra un mínimo interés, e incluso llegue a sentir desprecio, por el arte.

En cambio, en el segundo caso se da la paradoja de que el aprendizaje se ejecuta con tanta tenacidad que llega a saturar algunas conexiones sinápticas, reduciendo la capacidad de seguir aprendiendo. Este es el resultado de este tipo de aprendizaje exigente. Por ejemplo, el aprendizaje forzado de solfeo y piano.

Como puede apreciar, se trata de acercarnos, desde la más temprana edad, a un aprendizaje personalizado que permita pulir y matizar el proceder natural del individuo hasta alcanzar un comportamiento social normalizado a la vez que único, respetando así sus características originales. @mundiario 

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