Concluye con éxito la misión Artemis I: la cápsula Orión regresa a la Tierra

La nave espacial ha amerizado en las aguas del océano Pacífico, tras un periplo lunar de 25 días. Finaliza así el primer paso para regresar a la humanidad a la Luna.

Cápsula Orión de la Artemis I amerizando en el océano Pacífico. / NASA
Cápsula Orión de la Artemis I amerizando en el océano Pacífico. / NASA

La misión Artemis I de la NASA ha llegado a su fin. Después de una travesía de 25 días en el espacio exterior, alrededor de la Luna, la cápsula Orión ha amerizado exitosamente en el océano Pacífico este domingo, por lo que el primer paso para regresar a la humanidad a nuestro satélite natural ha culminado. Ahora el objetivo de la agencia espacial estadounidense es establecer una presencia humana permanente en la superficie lunar, que sirva como punta de lanza para emprender un periplo tripulado hasta Marte, a partir del año 2040.

La nave Orión ha caído en aguas cercanas a la isla de Guadalupe, en las costas del estado de Baja California Sur, en México, poco antes de las siete de la tarde (hora peninsular española). Afortunadamente, todo salió como lo planeaba el equipo del proyecto Artemis, aunque estaba programado que la cápsula impactara en las costas de San Diego, en California, pero no ha podido ser después de que funcionarios de la NASA anunciaron el jueves que las condiciones meteorológicas en la costa oeste estadounidense estaban lejos de ser adecuadas para el amerizaje.

La zambullida de la Orión sucedió poco después del despliegue de un sistema de 11 paracaídas, con el objetivo de ejercer como resistencia en su ascenso, y de varias pelotas de goma hinchable para mantener la nave boca arriba pese al oleaje. Antes de eso, el módulo de servicio diseñado por la Agencia Espacial Europea (ESA) se ha desprendido de la nave hasta arder en la gruesa atmósfera terrestre, después de haber suministrado a la cabina de la cápsula de agua, oxígeno, electricidad, propulsión y regulación de la temperatura.

El despliegue de los paracaídas permitió reducir la frenética velocidad de la nave. Al momento de entrar en la atmósfera de la Tierra, la Orión viajaba a unos 40.000 kilómetros por hora, unas 32 veces la velocidad del sonido, aproximadamente a unos 122.000 metros de altura. Con los paracaídas haciendo lo suyo, cuando la nave tocó la superficie del océano estaba a unos 30 kilómetros por hora, un impetuoso descenso que provocó una fuerte fricción y el brutal calentamiento al exterior de la cápsula, calculado en 2.800 grados Celsius (equivalente la mitad de la superficie del Sol) para el que se diseñó un innovador escudo térmico de cinco metros de ancho.

La punta de lanza a la exploración espacial

Unos 10 minutos después de la caída de la nave, los helicópteros enviados desde el buque USS Portland de la marina estadounidense sobrevolaron la cápsula y avisaron a los controladores de la misión su buen estado. Los daños del viaje y el amerizaje serán evaluados por los expertos para dar pie a las futuras misiones sucesoras que forman parte del proyecto Artemis, por lo que el análisis de este éxito es crucial. Los planes de la NASA son remolcar la nave hasta la ciudad californiana de San Diego, y después transportarla hasta el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, Florida, justo en el otro extremo del país.

Precisamente la fecha de este amerizaje no es casualidad, se cumplen exactamente 50 años desde que la humanidad pisó por última vez la Luna. El 11 de diciembre de 1972 la misión del Apolo 17 aterrizó en la superficie lunar con dos astronautas a bordo, el piloto militar Gene Cernan y el geólogo Harrison Schmitt, donde permanecieron durante tres días.

La misión Artemis I ha sido el ensayo clave antes de poner en marcha la gran expedición espacial de la NASA, el principal proyecto de la agencia espacial estadounidense, que es regresar a la humanidad a la Luna. Los principales objetivos de la misión eran comprobar las capacidades del cohete del sistema de lanzamiento espacial (SLS) y de la Orión, así como la utilidad de la trayectoria de navegación usando la órbita retrógrada distante de la Luna y el despliegue de varios pequeños satélites que investigarán temas diversos, como la presencia de plasma cerca de la Luna o la existencia de agua congelada en uno de sus polos.

“Es histórico, iniciamos una nueva etapa en el espacio profundo con una nueva generación de tecnología”, ha dicho el administrador de la NASA, Bill Nelson, acerca de los próximos pasos del proyecto. Se espera que la agencia espacial estadounidense, junto a la agencia europea, pongan en marcha otra circunnavegación lunar con la misión Artemis II, esta vez tripulada en 2024, y un año después llevar otro equipo, incluyendo a la primera mujer y a la primera persona de color, para pisar la superficie lunar, para dar paso a la construcción de una plataforma orbital (Gateway) sobre la Luna, que sirva de puente a la exploración de Marte y más allá. @mundiario

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