El cerebro humano responde a la voz de los chimpancés: un eco evolutivo ancestral del lenguaje
Durante décadas, la neurociencia ha entendido la voz humana como un estímulo biológico privilegiado: el cerebro dedica un volumen notable de recursos a procesarla, interpretarla y asociarla a emociones, identidades y significados.
Sin embargo, el reciente estudio de la Universidad de Ginebra (UNIGE), publicado en la revista eLife, introduce un elemento inesperado: nuestro cerebro no solo reconoce la voz humana, sino que también responde de forma específica a las vocalizaciones de chimpancés. Esta sensibilidad rompe el paradigma que asociaba la voz exclusivamente al contexto humano y sugiere que el procesamiento vocal tiene raíces evolutivas más antiguas.
La investigación se planteó una pregunta fundamental: ¿existen áreas del cerebro humano diseñadas para responder a vocalizaciones no humanas, pero evolutivamente cercanas? Para comprobarlo, el equipo de UNIGE adoptó una estrategia comparativa basada en la evolución de las especies. La idea era observar qué ocurre cuando el cerebro humano escucha sonidos originados de primates que comparten linaje y características acústicas con nosotros, frente a otros más distantes filogenéticamente.
Esta aproximación rompe con la visión antropocéntrica que ha dominado el estudio del lenguaje y permite explorar los mecanismos prelingüísticos que antecedieron al habla articulada.
El equipo presentó a 23 participantes humanos cuatro tipos de vocalizaciones: humanas, utilizadas como referencia o control; chimpancés, con proximidad genética y acústica a los humanos; bonobos, genéticamente cercanos, pero acústicamente divergentes (sus llamadas se asemejan más al canto de aves); y macacos, lejanos tanto filogenética como acústicamente.
Mientras los voluntarios escuchaban estas vocalizaciones, los investigadores registraron la actividad cerebral mediante resonancia magnética funcional (fMRI). Esta técnica permite visualizar en tiempo real qué regiones neuronales se activan ante determinados estímulos acústicos. La hipótesis era clara: si existía un área especializada en procesar vocalizaciones primates, el patrón de activación debería variar dependiendo de la especie escuchada.
El hallazgo central del estudio se localizó en el giro temporal superior, región cerebral asociada al procesamiento de sonidos complejos, emociones, música y lenguaje. Lo notable es que esta región no respondió de la misma manera a todos los sonidos: mostró un patrón único y distintivo cuando los sujetos escucharon vocalizaciones de chimpancés.
Según explica Leonardo Ceravolo, autor principal del trabajo: “cuando los participantes escucharon vocalizaciones de chimpancés, la respuesta fue claramente distinta a la desencadenada por bonobos o macacos.” Esta diferencia no se atribuye a la genética exclusivamente, los bonobos comparten proximidad evolutiva con nosotros, pero su perfil acústico es muy distinto.
La conclusión es reveladora: no basta con el parentesco genético; la similitud acústica también es crucial. El cerebro humano parece detectar una “firma vocal” que combina historia evolutiva y características sonoras compartidas.
Por qué los chimpancés “nos hablan” sin palabras
Para comprender el fenómeno, es útil pensar en la voz como un puente biológico. Tanto humanos como grandes simios emplean patrones vocales complejos para coordinar interacciones sociales —alerta, competencia, alianza o reproducción—. Estas señales no son lenguaje, pero son proto-comunicación: poseen intencionalidad, estructura y contexto.
La activación cerebral observada sugiere que el sistema auditivo humano conserva mecanismos ancestrales de reconocimiento de vocalizaciones. No se trata de “entender” qué dice un chimpancé, sino de identificarlo como un sonido significativo derivado de un agente social próximo.
El estudio reafirma una hipótesis cada vez más aceptada en neurociencia: la evolución no inventó el lenguaje desde cero, sino que aprovechó circuitos preexistentes dedicados a la percepción vocal.
Los autores no sugieren que los humanos comprendan a los chimpancés ni que exista comunicación cruzada. Lo que proponen es más sutil y profundo: el cerebro humano conserva mecanismos neuronales sensibles a la vocalización de especies cuya evolución ha discurrido estrechamente con la nuestra.
Esta idea conecta con un debate clásico: ¿el lenguaje surgió como un salto evolutivo disruptivo o como una mejora gradual de capacidades sociales previas? Los resultados de UNIGE —junto con hallazgos en bebés, primates y aves— favorecen la segunda hipótesis. El lenguaje sería la culminación de una larga trayectoria de refinamiento perceptivo, cognitivo y simbólico. @mundiario





