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Zapatos con tacones de aguja o con plataforma, la decadencia de lo que somos

Fotograma de un vídeo-clip del grupo Metronomy.
Fotograma del vídeo clip The Bay, del grupo Metronomy.

Los zapatos con tacones de aguja son la decadencia de una belleza no alcanzada, un territorio devastado por el maquillaje y muchos vasos de tubo cosidos al hígado.

Zapatos con tacones de aguja o con plataforma, la decadencia de lo que somos

Los zapatos con tacones de aguja son la decadencia de una belleza no alcanzada, un territorio devastado por el maquillaje y muchos vasos de tubo cosidos al hígado.

 

Qué se exhibe tras ese insultante exceso de apariencia. Nada. Pero nada en el lenguaje filosófico del existencialismo es algo. Y a mí me parece que, tras esos zapatos increíblemente tuneados de agujas y plataformas, se encuentra la grandeza de lo grotesco y eso puede ser tan maravilloso como apellidarse Agag o Urdangarin. Los zapatos con tacones de aguja y los de plataforma son la decadencia de una belleza no alcanzada, un territorio devastado por el maquillaje y muchos vasos de tubo rotos en más de un párking, la efímera sombra de una actriz porno que viene a menos y necesita del nácar y del esmalte para seguir brillando en ninguna parte.

El tacón de aguja es un símbolo que a Freud hubiese encandilado por su resonancia fálica y autodestructiva. La aguja como falo y filo del acero hace que algunas jóvenes machacas, que quieren ser Olvido Hormigos o la vecina del sexto que sale con el maromo hormonado del gimnasio, no descansen jamás de negarse a sí mismas qué miserable puede llegar a ser la vida cuando te desnudas ante el espejo. Aunque tengas dieciséis años y alguna vez hayas sido reina del baile en las fiestas del pueblo. Aunque hayas pasado por el quirófano tantas veces que solamente tu hígado recuerde la genética de la que procedes.

Esas plataformas en los botines de charol son como herraduras fijas en unos pies leves que caminan entre la depresiva incomprensión de la adolescencia, península maravillosa plagada de minas que tatúan para siempre alguna vida de mierda en el futuro. Lo que tienen estos zapatos es que son la punta del iceberg de mujeres que aspiran a nada, de hombres de nada que aspiran a que su mujer sea una hembra cosida a un reflejo de Barbie sin American Express. Triste mundo el de las agujas y las plataformas, el de las uñas de porcelana y el de los transplantes de pelo. ¿Cuánto tenemos que ocultar para no darnos cuenta de que existimos en la más pura y radiante de las soledades?

Zapatos con tacones de aguja o con plataforma, la decadencia de lo que somos