Traducción de 'La villa abandonada', del escritor Mohamed Zefzaf

El colaborador de MUNIDIARIO Adel Fartakh publica su libro “Cuentos selectos de Mohamed Zefzaf”.
El colaborador de MUNIDIARIO Adel Fartakh publica su libro “Cuentos selectos de Mohamed Zefzaf”.
El autor tiene una serie de cuentos traducidos del árabe al español, que MUNDIARIO publicará en Cultura. Este primer relato de Mohamed Zefzaf no viene en el libro que acaba de editar Fartakh.
Traducción de 'La villa abandonada', del escritor Mohamed Zefzaf

Nadie sabía quiénes eran, pero vivían ahí. Entraban a aquella villa por su puerta ancha donde se colgaban ramos y plantas no apodadas, todos los vecinos se encargaban de apodar sus plantas y celebrar fiestas de noche. Pero aquella villa parece abandonada. Sin embargo, entraban sin que nadie supiera quiénes eran. Una vecina que trabajaba como criada le dijo al guardia:

- No confío en aquellos tres, a veces vienen acompañados con una chica que la llaman Fátima.

- Puede estar entre ellos el jardinero, el cocinero y quien repara la plancha o cualquier otra cosa.

- Me estás tomando el pelo. Durante todos los años que vivía aquí, en este bario nunca vi a personas ricas entrar a la villa abandonada.

- Quizás vinieran de noche.

- ¿Y por qué no apodan sus plantas?

- Tal vez tuvieron otras villas.

La criada le dijo:

- Sospecho de ellos. Sobre todo en aquel leproso que pestañea con sus ojos, y aquella chica con su vestido que parece una ladrona de autobuses, conozco a muchas como ella.

El guardia no creyó todo lo que decía la criada, porque no trabajó con ella más que un año. Además nunca hablaba con los tres. Tampoco ellos lo hacían y solían entrar uno por uno, empujando la puerta y entraban, porque la puerta siempre estaba abierta y a veces se escuchaba un ladrido de un perro dentro de la villa, que nunca la abandonó, quizás estuviera atado, su ladrido parecía al clamoroso de un oso.

El guardia había creído escuchar la croa de una gallina, pero no estaba seguro, porque nuestras orejas nos traicionas a veces, también nuestras lenguas y muchas veces decimos lo que no desearíamos decir. El guardia dijo dirigiéndose a la criada:

- Parece que están ……… gallinas.

- No digas esto, llevo trabajando mucho tiempo aquí y nunca vi ni un coche frente de la villa.

Parece que la criada estaba más interesada que el guardia. Tres hombres y una mujer en una villa abandonada, cosa que provocaba la curiosidad, es un instinto humano mientras veía desde el agujero de una puerta.

El guardia volvió a dirigirse de nuevo a la criada:

- ¡Eres tan curiosa! Déjalos tranquilos.

- Yo no soy curiosa. Pero podrían ser personas sospechosas, y quizás la policía nos llamarían para a testiguar, aunque en la realidad no sabemos nada y ni vimos nada.

Entonces dijo el guardia:

- ¿Y qué vamos a atestiguar? Solamente vimos que entraban y salían y escuchábamos solo ladrillos de un perro.

Le respondió la criada:

- Alguna vez me llevaron a la jefatura y me golpearon porque no vi lo que sucedió en aquella villa. Unos ladrones entraron y robaron algunas cosas, y la policía dijo que los conocía pero yo nunca los vi. ¿Ves las consecuencias de la falta de curiosidad? Mi madre me enseñó ser curiosa desde la infancia.

El guardia quedaba contemplando aquellas plantas y ramos no podados. Y no entendía nada. Pensó que la curiosidad puede llevar a la cárcel. Le ocurrió una vez cuando un comerciante de mercerías se peleaba, y él intervino pero fue golpeado y la policía le llevó con los dos peleantes que fueron condenados a cárcel porque traficaban con cosas robadas, en cuanto a él, le dieron un mes de cárcel, porque es musulmán y quería solo resolverles el problema.

Esto dijo al juez pero éste le dictó:

- El islam no tiene nada que ver con la curiosidad. Tú has intervenido y esto significa que estás implicado.

Juraba que no tenía que ver nada con ellos, lloraba pero esto no le sirvió de nada. Nunca pudo olvidar aquel mes que pasó en la cárcel.

Y la criada dijo:

- ¿En qué piensas? Seguro que conoces a uno de ellos. Te digo que son sospechosos. Él se volvió a ella:

- ¿De quién hablas?

- De aquellos tres.

- Yo no conozco a nadie. Yo no soy curioso.

- La policía los llevará. Te lo aseguro.

Y como él no estaba seguro, le contentó con susurro.

Y la criada dijo con voz alta:

- ¿Qué dices? Habla. La policía nos convocará a los dos para testiguar. Seguro que son ladrones o traficantes de drogas.

- No lo sé. Lo único que les puedo decir es que no sé nada, y esto es lo que voy a decir, la gente quiere saber todo sobre los demás y no quiere saber nada sobre ellos.

La criada le contestó:

- Tú no sabes nada de la vida. Es mejor que riegues el jardín y te calles para siempre.

De hecho deseó que no hablara más. Aunque uno no quisiera hablar le empujaran a ello, y muchas veces dice lo que no sabe. Frente de la villa abandonada hay un jardín, lo frecuentaban muchos vagabundos y vagabundas y los viejos que esperaban la jubilación de la muerte, como toda la gente.

En aquel jardín, dormía cada noche una chica del pueblo y otras más. En Marruecos hay muchos jardines y espacios donde los vagabundos duerman, beban y quizás se casen. Pero cuando los municipios destruían aquellos jardines, y construían en su lugar edificios para vender o a alquilar, Muchos dejaban sus hijos en las calles vendiendo cigarrillos al por detalle, en cuanto a sus hijas están vulnerables a la ancha calle aunque dispuestas a abrazarlas Así la destrucción de los jardines engendra niños. ¿Y quién sabe? es posible que aquellos tres fueran también resultado de los jardines destruidos. Todo es posible. Si un árbol se agarra, crece otro en un lugar. Y si un ladrón muere, nace otro. Y si una mujer desaparece sea hija de un jardín o de cualquier basura, el hombre encontrará a otra mujer – sabiendo que la ama de casa es la única mujer honesta_ decimos esto con todo orgullo. Las mujeres de los jardines están en todas partes, pero las honestas están cerca del tendero, del carpintero, del verdulero, y de quien vende especias. Y para no perderse, la criada dijo:

- Cuánto tiempo nos falta para comprender todo?

Y el guardia le respondió:

- Es muy difícil comprender todo, ya lo intenté pero no pude.

- Eres más joven que yo, y no puedes comprender.

- Explícame.

- Vuelva a la cárcel y comprenderás. Ya te dije que aquellos tres son sospechosos y no confío en ellos, ya veremos.

- Sabrás luego que tengo toda razón.

Parece que había otras personas que entraban a escondidas a la villa abandonada por otro lugar. Porque se levantaban muchas voces borrachas en las últimas horas de noche y la cridada las escuchaba cuando intentaba dormir desde la villa donde trabajaba. Voces extrañas decían cosas pícaras.

Voces que hablan de la cárcel y como apuñalar con el cuchillo o con la botella rota, y a veces con un tacón. De todos modos, son voces de hombres y mujeres. Y cuando la criada imaginaba aquellas luchas sangrienta sentía miedo, y tomaba un calmante para dormir pero su sueño le envidia peleas, de chopperes, cuchillos, botellas rotas, bebés envueltos en bolsas de plástico, gorras de policías, y de la máquina de escribir que preparaba un expediente para enviarlo al tribunal por incitar a la corrupción. De verdad son sueños inquietantes, le empujaban a levantarse y tomar otro calmante, se calma y duerme, luego se levanta y trabaja y piensa en el destino de aquellos sospechosos.

Sin embargo, los sueños del guardia eran normales: casi siempre soñaba que tiene una villa, y muchos criados y amigos. También soñaba con un camión que le llevaba a la villa de sus sueños donde había muchas y varias botellas de whisky. Su sueño era muy diferente al de la criada. Pero eran solo sueños. Sin embargo, estaban muy lejos de los cuchillos, de las botellas rotas y de los golpes y de otras cosas.

Una noche de un lunes de marzo de 1980, la criada escuchó el ladrido del perro dentro de la villa abandonada. Su ladrido era anormal. Dejó su cama y se fue para espiar entre las rosas colgadas en la puerta de una villa que se encontraba delante. Vio todo lo que soñaba: cuchillos, gorras, palos y vio sangre corriendo. Pero no estaba segura de ello. Luego escuchó un disparo. Se asustó. Empezó a temblar y a delirar, después corrió a su cama, bebió rápidamente un vaso de agua y dos pastillas, se derrumbó cerca de la cama, y sus sueños eran como siempre: cuchillos, botellas rotas, y gorras de policías.

Traducción de 'La villa abandonada', del escritor Mohamed Zefzaf
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