En tiempos de luz menguante, la historia de cuatro generaciones en la RDA

Portada de En tiempos de luz menguante.
Portada de En tiempos de luz menguante.

La novela respira la expectación y el estupor que supuso la caída del muro de Berlín.Ahondando en el proceso creación, espejismo y degeneración de la RDA hasta su disolución.

En tiempos de luz menguante, la historia de cuatro generaciones en la RDA

En el año 2012 el historiador británico Tony Judt, en las postrimerías de su vida y en condiciones realmente difíciles -enfermo de esclerosis lateral amitrófica-, publicó su testamento intelectual, Pensar en el siglo XX. Son conversaciones que mantuvo con su colega y amigo Timothy Snyder centradas en esta centuria. "La historia es un relato moral" apostilla con la severidad y solidez de quien no duda en afirmar que lo verdaderamente esencial fue que "durante gran parte del siglo nos dedicamos a debatir, implícita o explícitamente, sobre el surgimiento del estado (...). Estados democráticos y constitucionales fuertes, con una fiscalidad alta y activamente intervencionistas, que podían abarcar sociedades de masas complejas sin recurrir a la violencia o la represión". El final de la Segunda Guerra Mundial tuvo, entre otras muchas de las consecuencias sobrevenidas, la formación de bloques ideológicos territoriales. Fue la llamada Guerra Fría. Los rescoldos de un periodo de confrontación indirecto que solapó el terrible drama que vivieron los ciudadanos de los países socialistas El estado dejó de ser benefactor para convertirse en la piedra en el zapato de las relaciones humanas. El ideal, en el que tantas expectativas fueron puestas, degeneró en tal grado y manera que reinvirtió los términos y se convirtió en férrea dictaduras.

 

En tiempos de luz menguante -Premio Deutscher Buchpreis 2009. Editorial Anagrama. Traducción de Richard Gross - preciso y hermoso título que resume la poética de la obra, es un compendio humano y político del país socialista que nació de la división de Alemania. Los aliados perpetraron el secuestro de miles de ciudadanos, separados en el caso de Berlín por el infame muro que, como los construidos recientemente en Marruecos e Israel, son símbolos de intransigencia, hostilidad, discriminación, la violencia pasiva erigida sin vuelta atrás. En suma la negación del otro por considerarlo una amenaza. La novela aborda desde la perspectiva de cuatro generaciones de una misma familia, el paulatino deterioro y descreímiento sobre los postulados que cimentaron un espejismo llamado RDA. La serenidad que transmite el texto, en contraposición al periodo convulso que recoge los últimos cincuenta años de Alemania, es uno los aspectos más sobresalientes. Siempre desde la perspectiva personal pero sin olvidar su pertenencia a una misma familia, los hechos acaecidos concentran tantas reflexiones como personas la componen. El autor dulcifica la tensión de la historicidad que nos narra desde el humor, que insufla a muchas de las escenas familiares y partidistas a las que se asoma. A ello contribuye la notable traducción de Richard Gross, que equilibra la precisión descriptiva original, con un marcado carácter en la narración que no renuncia a la sencillez más adusta pero no por ello menos expresiva y acertada.

 

Eugene Ruge, matemático geofísico en la República Democrática Alemana, antes de emigrar al oeste, en la actualidad dramaturgo y guionista, elude los aspectos maniqueos de ese periodo, que podrían desviar la atención sobre lo que estima del máximo interés. El individuo es sometido por los principios del estado al denostar la libertad de pensamiento y crítica, bajo la argumentación de evitar la quiebra de un sistema caracterizado por la vigilancia compulsiva, la purga de los disidentes y el control de cualquier atisbo de oposición. A pesar de tratarse de su primera incursión en este género, su opera prima evidencia el conocimiento preciso y en primera persona de los conflictos íntimos que libran consigo los personajes, ligados a la devoción y comunión ideológica que mantienen. Dos realidades fluctuan, la interna, habitada por el subconsciente liberado de trabas y convencionalismos, y la externa, con el trasunto político en la cotidianidad de cada cual. Existe un deseo expreso del autor que los acontecimientos se hallen en un permanente desequilibrio. El subconsciente de los personajes va trenzando una línea divisoria entre el deseo y la realidad que llega a convertirse en drama. Lo sustancial es que el desapego entre ciertos miembros de la familia, tiene su correspondencia con la paulatina desafección de la sociedad en la que viven.

 

Partiendo de la actualidad, en el año 2001, coincidente con el atentado de las Torres gemelas en Nueva York, la mirada retrospectiva se centra en el 1 de octubre de 1989, fecha próxima a la caída del muro. La celebración del cumpleaños del compañero de Charlotte, Wilhelm Powileit, y la imposición de una nueva medalla en reconocimiento a los servicios prestados a la patria, es la estancia en la que se integran todos los personajes, excepto uno, Alexander Umnitzer que se ha fugado a Alemania Occidental. La concurrida convocatoria es el entreacto de la muerte del bisabuelo de Markus. A partir de ahí, y a través de dataciones concretas, aunque pivotando entre esas dos fechas, la estructura del libro abunda en la fórmula de la analepsis. Altera la secuencia cronológica y alterna, con cada uno de ellos, el protagonismo de cada una de las cuatro generaciones en voces unipersonales. La familia es una caja de pandora de la que ha escapado la esperanza y que, en cierta manera, ansían sus miembros sin saberlo. Los bisabuelos de convicciones comunistas regresan del exilio mejicano para contribuir al proyecto socialista bautizado como República Democrática Alemana. Charlotte Powileit -divorciada de su anterior matrimonio- hablará a su nieto, AlexanderUmnitzer, del pais que le acogió, como lugar soñado. Al que escapará éste tras serle detectado una enfermedad terminal. Huye dejando a su padre, Kurt Umnitzer, en el abandono y en su propio olvido, ya que sufre demencia senil. Éste tras ser defenestrado y desterrado a perpetuidad en el exilio ruso, donde pierde a su hermano Werner, es restituido por el régimen soviético del que más tarde regresará acompañado de su esposa Irina de nacionalidad rusa. Convirtiéndose en un historiador renombrado y afecto al régimen de la RDA. Ésta, que se consume en el alcohol, no verá a su nieto Markus, hijo de Alexander, durante años. Quien acude a su entierro, pero rotos los lazos familiares es un absoluto desconocido. No tiene raíz con el pasado en una Alemania reunificada. Nadiesda Ivanovna, rusa y madre de Irina, no cura la nostalgia por su localidad natal. Nunca llegó a aprender el idioma alemán. De su evocación recoge la obra el título: "En Slava ahora se recogían las patatas, ya humeaban las primeras hogueras y ardía la hojarasca, y cuando la hojarasca ardía, entonces había llegado, irrevocablemente, el tiempo de la luz menguante"

Gabriel García Márquez se expresaba de esta manera: "el poder absoluto es la realización más alta y más completa del ser humano, y por eso resume a la vez toda su grandeza y toda su miseria". La esperanza de construcción de una sociedad diferente se malogró. La involución del proyecto socialista desmereció a los ciudadanos de los que se distanció para perpetuarse en un poder carcomido. La desintegración de ese poder adquiere connotaciones especiales en el ambito familiar. Pues a la contaminación de los actos vitales por la política, "La verdad del Partido es siempre la verdad", la negación de esa verdad impuesta significaba la traición a unos valores definidos como patrios, o sea del Partido. En su desordenada huida a Méjico, Alexander, tras quemar ciertos recuerdos fotográficos de Irina que conservaba su padre, se dirige al aeropuerto. Allí conocerá la noticia de las cenizas, aún calientes, de otros poderes malgastados, "Todo el mundo parecía leer el mismo periódico. En su portada, un avión empotrándose en un rascacielos. ¿O era un misil de crucero? ¿Un cohete acaso?".

 

 

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