El relato fragmentado de la dana: lo que el jefe de bomberos revela sobre la gestión de la alerta
La comparecencia de José Miguel Basset ante la jueza que investiga la dana que causó 230 muertos en 2024 no cierra el debate sobre la gestión de la emergencia, pero sí aporta un elemento central: la descoordinación. El exjefe del Consorcio Provincial de Bomberos de Valencia afirmó que se enteró “unos días más tarde” de la retirada de efectivos del barranco del Poyo y sostuvo que la alerta masiva ES-Alert se planteó casi tres horas antes de su envío definitivo, con cambios de contenido que rebajaron su tono inicial.
El testimonio, prestado en calidad de testigo —lo que implica obligación de veracidad—, encaja con una investigación judicial que no busca un único error, sino reconstruir un proceso de decisiones marcado por vacíos de información, retrasos y discusiones técnicas en pleno avance de la catástrofe.
Uno de los puntos más sensibles es el barranco del Poyo, cuyo desbordamiento resultó determinante en la magnitud de la tragedia. Los bomberos se retiraron a las 15.00 horas del día de la dana, una hora y media antes de que el caudal se desbordara. Según Basset, esa decisión no pasó por él ni le fue comunicada en el momento. Aseguró que tuvo conocimiento de la retirada días después, cuando desde la Generalitat se pidió una explicación pública.
Este dato es relevante porque contradice la idea de una cadena de mando plenamente informada. Si la retirada no fue comunicada al jefe operativo de la emergencia, el problema deja de ser solo técnico y pasa a ser estructural: quién tenía la responsabilidad de informar y por qué esa información no llegó al órgano de crisis.
El ES-Alert: una alerta pensada antes, enviada después
La segunda clave de la declaración gira en torno al ES-Alert. Basset explicó que, en el seno del Cecopi, ya a las 17.30 horas se planteó enviar un mensaje a la población ante el riesgo de rotura de la presa de Forata. De hecho, a las 18.13 horas existía una propuesta de texto consensuada que pedía a la ciudadanía subir a zonas altas.
Sin embargo, la alerta no llegó a los móviles hasta las 20.11 horas. Entre medias, según el exjefe de bomberos, el contenido se modificó para hacerlo menos “alarmista” y se acortó un mensaje que consideró inicialmente “muy largo”. El resultado final fue una advertencia más genérica, centrada en evitar desplazamientos.
La jueza ha señalado en varios autos que un envío anterior podría haber salvado vidas. Basset no atribuyó el retraso a un enfrentamiento concreto, pero sí subrayó que el debate sobre el contenido existió y que el planteamiento inicial fue suavizado.
Otro elemento destacado es la información que, según el testigo, no llegó a ponerse sobre la mesa del Cecopi. Basset sostuvo que no se informó allí del riesgo específico del barranco del Poyo, pese a las llamadas al 112 desde primera hora de la tarde. También afirmó que el primer fallecimiento se conoció durante la reunión, entre las 18.30 y las 19.00 horas, lo que sitúa el conocimiento de víctimas mortales antes de lo que algunas versiones políticas sostuvieron después.
Este punto es especialmente relevante para la investigación, porque conecta la gestión técnica con la responsabilidad política. La jueza trata ahora de reconstruir el flujo real de información a través de teléfonos móviles, mensajes y testimonios de altos cargos.
Un mosaico de responsabilidades
La declaración de Basset no señala a un único responsable, pero sí refuerza una idea: la emergencia se gestionó con información incompleta, decisiones fragmentadas y una comunicación interna deficiente. El hecho de que el jefe operativo no conociera la retirada de efectivos del Poyo y que una alerta consensuada se retrasara casi tres horas apunta a un sistema que no respondió con la rapidez que exigía la situación.
Desde una perspectiva objetiva, el valor del testimonio no está en exculpar o incriminar, sino en mostrar cómo una sucesión de decisiones —o de ausencias de decisión— puede tener consecuencias dramáticas cuando se trata de una catástrofe natural. La instrucción judicial continúa precisamente para dilucidar si esos fallos fueron inevitables o si derivaron de responsabilidades concretas.
La dana de 2024 sigue siendo, más de un año después, una herida abierta. Y cada comparecencia añade piezas a un puzle incómodo: el de una tragedia donde el tiempo, la información y la coordinación fueron tan decisivos como la propia lluvia. @mundiario





